sábado, 8 de octubre de 2016

MARÍA MANUELA ALCALÁ DE SUCRE


RAMÓN BADARACCO









MARIA MANUELA  ALCALA  DE SUCRE.
MADRE DEL MARISCAL   

















CUMANÁ 2004






Autor: Tulio Ramón Badaracco Rivero
Prólogo:
Copyright T. Ramón Badaracco R.
Primera edición 1997
1500 ejemplares
Hecho el depósito de ley
Título original:  MARÍA MANUELA ALCALÁ DE SUCRE
MADRE DEL MARISCAL
Primera edición
Puede ser reproducido total o parcialmente.
Diseño de la cubierta T. R. B. R.
Ilustración de la cubierta T. R. B. R.
Impreso en Cumaná
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Tlf. 0293-5145-753
Cel. 0416-8114-374















         “Doña María Manuela Alcalá de Sucre, es la madre de Antonio José de Sucre, y es la madre venerada excelsa y piadosa de nuestro pueblo cumanés. Epígono de las madres en Cumaná”. R. B.

         Nació en Cumaná, el 21 de marzo de 1761, y murió en Cumaná, el 12 de julio de 1802.  Fueron sus progenitores, don Pedro de Alcalá y Rendón Sarmiento, y doña Juana Jerónima Sánchez Ramírez de Arellano y Vallenilla, provenientes de familias fundadoras de la ciudad.
 
         “La estirpe de los Alcalá, está entroncada con la de Don Diego Fernández de Serpa (1569), a quien le tocó levantar el Acta definitiva de la Fundación de Cumaná. Cien años después el Capitán Juan de Alcalá, natural de Málaga, se estableció y casó en Cumaná el 13 de febrero de 1669, con Doña Isabel Márquez de Valenzuela, y procrean a Don Pedro de Alcalá y Márquez.  Don Pedro casó en Cumaná con Doña Andrea María Guevara y Soberanís, y procrearon a Don Diego Alcalá y Guevara. Este casó con Doña María Isabel Rendón y Sarmiento, y procrearon a Don Pedro de Alcalá y Rendón. Este casó con Doña Juana Jerónima Sánchez y Vallenilla; y es de este matrimonio que nace Doña María Manuela Alcalá y Sánchez, madre del Mariscal “. Consectario de Antonio Patricio de Alcalá y Pedro Elías Marcano.

         Doña María Manuela casó en Cumaná con el Coronel Vicente Sucre y García Urbaneja, el 18 de diciembre de 1782. El historiador cumanés, Don Pedro Elías Marcano, dice que este matrimonio habitó siempre la casa de la calle la Luneta, que lindaba con las murallas del fuerte de Santa María de La Cabeza y su patio corría hacia el barrio de San Francisco. La ubicación que da coincide con la parcela de terreno que hoy ocupa la casa parroquial de la Iglesia de Santa Inés, y afirma que en esa casa nacieron todos sus doce hijos, incluyendo al Mariscal.

         El acucioso historiador, publicó su crónica sobre la casa donde nació Sucre en el bisemanario Sucre No. 27, de fecha 11 de octubre de 1924, y   nos dejó datos imprescindibles para la ubicación de la dicha casa, dice que:

 “Don Vicente de Sucre contrajo matrimonio con Doña María Manuela Alcalá el 8 de diciembre de 1782 y desde entonces vivieron en la casa que les pertenecía situada al pie de la colina en que se halla el Castillo de San Antonio, que llaman “La Luneta” y en ella nacieron sus hijos José María, Jerónimo, Vicente, Pedro, Antonio José, Francisco, Aguasanta, María Josefa y Magdalena.  Muerta  Doña María Manuela de Alcalá, en esa misma casa, el 12 de julio de 1802, su marido Don Vicente,  deseando  mudar de domicilio, la vendió al licenciado Alonso Bruzual, como lo expresa una nota de 1804, inserta en la Instrucción Pública, periódico de esta capital, número 14, de fecha 16 diciembre de 1898;  y luego, casado en segundas nupcias con Doña Narcisa Marques de Alcalá, en 1803, habitó la de portales que poseía cerca del puente “Urrutia” hoy Guzmán Blanco, de la parroquia Altagracia, la cual daba hacia el río Manzanares…”
         “En medio de la guerra de independencia la casa donde nació Sucre fue destruida por las autoridades españolas, a la par de otras en distintos puntos.  Era de alto; su frente de 29 metros y 36 centímetros,
miraba al Norte; y, por consiguiente, su fondo que tenía 30 metros, se extendía hacia el barrio de San Francisco; a su lado oriental estaba la colina del castillo de San Antonio; y al Oeste la plaza de Armas contigua al castillo de Santa María. En su solar, que es propiedad del señor Ramón Bruzual, no se ha fabricado, como si esperara que la Patria lo trasforme en sitio de venerable recreación, para conservarlo como santuario de gloriosos recuerdos”.

          De este matrimonio entre don Vicente y doña María, procrearon 12 hijos, según confiesa el mismo don Vicente, en su testamento.  Veamos:

 “Segundo: Declaro que fui casado en primeras nupcias con Da. María Manuela de Alcalá, de quien tuve Doce hijos, los tres murieron en nuestro matrimonio y por su fallecimiento quedaron José María, María Josefa, María Aguasanta, José Gerónimo, José Vicente, Pedro José, ANTONIO JOSÉ, José Francisco y María Magdalena de los cuales solo viven José María, José Gerónimo y Antonio José; que teniendo que pasar a segundas nupcias con Da. Narcisa Márquez,  hice  Inventario  y Avalúo de los bienes que quedaron con citación del procurador de menores con acuerdo del Tribunal,  de sus resultas correspondían a mis hijos  diez y seis  mil pesos, y a razón del uno  mil  setecientos setenta y siete pesos, seis reales y medio,  de los cuales han recibido sus legítimas José María, María Josefa en una esclava y prebendas  cuatrocientos pesos, y en plata y en muebles trecientos pesos;  José Gerónimo  y Antonio José han tomado su a ver por entero; José Vicente, mil pesos; y Pedro José setecientos en plata y trecientos en un negro nombrado Tomás;  José Francisco y Maria Magdalena no tomaron nada; Aguasanta tomó en su haber  materno“. Copiado textualmente.

         Este connubio duró poco menos de 20 años y fue muy provechoso para ambas partes; las dos familias gozaban de envidiable
posición social, tenían propiedades y muy buena renta y habían heredado cuantiosos bienes.

         Como familia principal de la ciudad de Cumaná, capital de la provincia de Nueva Andalucía, también gozaban los Sucre Alcalá, de fueros reales, y eran los anfitriones por excelencia de la sociedad capitalina, pero también eran los que enfrentaban las situaciones dramáticas a las que estaba acostumbrado su pueblo.

         En el caso de Don Vicente, no solo por su grado de Coronel del Ejército Real, sino por su estirpe aristocrática, por su riqueza y por ser nieto del Marqués de Preux, Gobernador y Capitán General de las provincias de Nueva Andalucía, Margarita, Barcelona y Guayana;  y por sus prorrogativas, en aquella sociedad mantuana  de la Cumaná de finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando nos visitan el investigador sueco Pitor Löfling que se hospeda durante 10 años  en la casa de su primo político don José Sánchez Alcalá y lu7ego también llegan a Cumaná el sabio barón Alejandro de Humboldt y Aimé Comprando, que la dan a conocer al mundo las maravillas naturales de la provincia, y en la cual brillaban personalidades muy destacadas; además del gobernador y Capitán General  don Vicente de Emparan y Orbe, que podemos mencionar algunas como al eminente sabio Dr. José María Vargas; el inigualable maestro Fr. Cristóbal de Quesada,  el bondadoso Fr. Antonio Patricio de Alcalá, el ingeniero Isaba Oliver, don Bartolomé Bello, el Dr. Carlos de Pozo Sucre, entre otros; así como  Las familias Sucre, Alcalá, Bermúdez de Castro, Berrizbeitia,  Rojas, Ortiz, Serpa, Vallenilla, Cova, Mayz, Arellano,  Rendón, Ramos, Gual, Graü, Guerra, Martínez Alemán, etc.       Imaginemos a Cumaná gobernando aquel egregio patricio que fue  don Vicente de Emparan y Orbe, la ciudad en  pleno desarrollo económico y social, con un puerto entre los más importantes del continente, y entonces veremos caminar por estas calles a doña María Manuela Alcalá de Sucre, de la mano con la otra María Alcalá de La Guerra, fundando la escuela, el hospital, ayudando a rescatar a Cumaná de las ruinas que dejó el terremoto de 1797, de la peste que se desató en aquellos días de agonía, sembrando bondades entre los niños y parturientas y llevando auxilio a los enfermos.

Pensemos en ese terrible terremoto de 1797, la ciudad desolada, la reconstrucción de los templos y de los barrios, como el de Altagracia y el de Chiclana, como lo describe Humboldt. ¡Cuánto sacrificio y cuanta bondad derramada entonces por aquella mujer!
        
Don Ángel Grisanti nos dice de ella: “Doña María Manuel Alcalá de Sucre, según hemos apuntado ya, se distinguió por su caridad para con los pobres. Tenía señalada predilección por las mujeres en estado de gravidez. ¿Era ese cuidado solicito que les prodigaba a estas infelices faltas de recursos y a sus criaturas por venir, un presentimiento de la orfandad en que iba a dejar a sus propios hijos?

         Lo cierto es que, al saber doña María Manuela que una pobre mujer estaba encinta y carecía de los medios para dar a luz y mantener a sus criaturas, enviaba donde ella a uno de sus hijos, de unos siete años de edad, de índole dulce y apacible, con el recado de que viniese a su propio hogar; y, ya aquí, le prodigaba las más tiernas recomendaciones y la equipaba de cuanto necesitaba para su feliz alumbramiento.

         Doña María Manuela, fue una mujer de temple, de tal palo tal astilla, de ese vientre prodigioso salieron esos 12 hijos guerreros, amantes de su pueblo, cuyo camino no podía ser otro que el de brindar su vida por la libertad y la felicidad de su pueblo.

Anfitriona por excelencia, le correspondía atender en  aquella sociedad, cuya cultura nadie discute: las veladas, el teatro, la música clásica,  y las delicias de la vida social, los baños en las playas y ríos de la Cumaná risueña de aquellos tiempos, la buena mesa, donde se degustaban los maravillosos vinos españoles y franceses, y las chuchearías que venían de contrabando de las islas del Caribe mar, que formaban parte del comercio diario entre nuestros pueblos caribeños; en ese ambiente se desarrollaba la majestad de Doña María Manuela, que, además de ser una esposa ejemplar y enamorada, fue buena ama de casa, cuyas obligaciones nunca abandonó, en su caso muy particular por su salud, conjuntamente con su prima hermana María de Alcalá, atendía al templo de su religión, a los enfermos, a los niños pobres, a
los humildes, al pueblo, y es conocida su largueza en las cosas piadosas, sobre todo en los tiempos del arcediano Antonio Patricio de Alcalá, de los hermanos Quintero, del padre Botino, de Blas de Rivera, a los cuales secundaba en sus altos propósitos, por ser lo mejor que ha dado el clero cumanés, de todos los tiempos.

     Estas dos mujeres, el padre Alcalá y el gobernador Emparan, se dan la mano para fundar y construir el hospital de Caridad y la escuela para los niños pobres; pero no era tan fácil educar en aquella época, lo más difícil era recoger y repartir los niños todos los días, lo cual hacían con infinito amor.

Su corta y estoica vida, transcurrió de parto en parto, pacientemente, dentro de su familia rica pero austera. El Todopoderoso le evitó el calvario de presenciar o vivir el sacrificio y muerte de sus hijos. Dios se la llevó a tiempo.

         Es indudable que Doña María Manuela, recibió una esmerada educación, sobre todo para ser esposa y madre ejemplar, y ella, dotada de extraordinaria sensibilidad, dedicó su amor a su familia y a su pueblo, amó y respetó a su esposo, al cual entregó su vida y su último aliento; amó tiernamente  a sus hijos, los educó bajo la tutoría de los mejores maestros de la Cumaná de entonces, que se distinguía por su cultura, como lo atestiguan Humboldt, Depons y el Consejero Lisboa,  entre otros: ella misma desde la preparación de los bautizos hasta su escolaridad, los llenó con su amor infinito, los llevaba a la escuela episcopal de la Iglesia del Carmen, contigua a su casa, y después a la escuela episcopal del Convento de los Franciscanos, donde todos estudiaron gramática y latín;  y como ella misma había recibido una educción esmerada, también colaboraba intensamente en su casa en las tareas de aprendizaje; al principio enseñándoles las oraciones, después en la preparación de los bautizos y las comuniones, tarea esta, que la señalaba por su dedicación, que no solo prestaba a sus hijos sino que colaboraba con las demás damas de la ciudad y del pueblo, que tenía en ella una colaboradora infatigable; aunque no pudo completar esa tarea como hubiera querido,  por su temprana muerte, que lloró todo el pueblo de Cumaná como nunca lo había hecho.

Es, pues  evidente que llamó en su auxilio a los mejores preceptores para la educación de sus hijos, y, también se sabe que los mandó a la escuela graduada, y a la escuela Superior de Matemáticas de don José Joaquín Pineda,   y ya sabemos, que en ese tiempo, en la ciudad se impartían las clases de gramática, aritmética, latín, filosofía y teología superior, del padre Blas de Rivera,  y por supuesto, María Manuela, no perdería esa oportunidad para la superior educación de sus hijos; y nosotros, no dudamos de que la aprovechó, y entre los alumnos de esa institución creada y autorizada por Real Cédula, estuvieron sus hijos.

No es difícil, pues, señalar que los hijos de María Manuela Alcalá de Sucre, asistieron a la escuela regular y cursaron bajo su tutela, algunos de ellos con éxito, toda la primaria y la secundaria, pues los resultados así lo demuestran.

María Manuela Alcalá de Sucre, debe ser coronada como la madre ejemplar de la ciudad de Cumaná, “MADRE DE CUMANA” y así debería ser representada en bronce, para que todas las generaciones por venir, la veneren y le rindan tributo, el día de su natalicio, 21 de marzo, todos los años.




2 comentarios:

  1. mucho q aprender de esta abnegad madre y excepcional mujer... muchas gracias por esa valiosa informacion

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  2. Buenas tardes, tiene fotos de esta insigne dama.

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