viernes, 7 de octubre de 2016

EL MARTIRIO DEL COMANDANTE BERNARDO BERMÚDEZ


RAMÓN BADARACCO










EL MARTIRIO DEL COMANDANTE BERNARDO BERMÚDEZ FIGUERA







CUMANA 2012













Autor Tulio Ramón Badaracco Rivero
Que firma Ramón Badaracco
Copyright Ramón Badaracco- 2013
MARTIRIO DE BERNARDO BERMÚDEZ
Primera edición 1997
1500 ejemplares
Hecho el depósito de ley
Derechos reservados.
Diseño de la cubierta R. B.
Ilustración de la cubierta R. B.
Depósito legal
Impreso en Cumaná
tlf. 0416-811-4374 





















INTRODUCCIÓN


Hemos tomado de la Memoria Histórica de las Provincia de Cumaná, algunos detalles referidos a la vida del inmortal libertador de Maturín. el comandante Bernardo Bermúdez Figuera, al cual, por mérito propio, ganado por su heroísmo, por su sacrificio, por haber derramado su sangre de patriota, n las luchas para la libertad de la Patria, y le he titulado “Libertador de Maturín”.

Hijo de Francisco Antonio Bermúdez de Castro y Casanova, y Josefa Antonia Figuera de Cáceres y Sotillo, cumaneses descendientes de una vieja familia de nuestra antigua provincia; sus abuelos paternos fueron Bernardo Bermúdez de Castro y María Manuela Casanova; y, sus abuelos maternos Pedro Figueroa de Cáceres y Alfaro y Agustina Sotillo y Verde.

Nació este héroe, en San José de Areocuar, en 1778; fue bautizado con el nombre de Bernardo José Celestino, y fueron sus padrinos:  Don Bernardo Bermúdez de Castro y Doña Rosalía Figuera.  

 Entró a servir en 1810, como alférez de marina, y deseoso de entrar en acción, se incorporó en 1812, en la expedición organizada en Cumaná, para liberar a la Guayana rebelde, que permanecía en manos de los españoles. La expedición fue ordenada por el General en Jefe Don Vicente de Sucre y García, que la puso bajo la conducción del Capitán de Navío Manuel de Villapol. La expedición fracasó por completo, sin embargo de algunos éxitos iniciales, que vale la pena referir, vino espantoso fracaso, el desastre de “Sorondo”, y la perdida de la primera República, Bernardo no se amilana,  y conjuntamente con su hermano Losé Francisco, y otros patriotas cumaneses, se traslada a la isla de Trinidad, y se incorpora al grupo de los 45, del  General  Santiago Mariño, en Puerto España, con el cual, bajo su mando, hizo la campaña inicial libertadora de la provincia de Cumaná en  1813.

Hagamos u brevísimo repaso de la Campaña de Guayana, ordenada por el General en Jefe, Don Vicente de Sucre y García Urbaneja.

          No podemos olvidar que hablamos de Bernardo Bermúdez, y nos interesa su participación en la preparación y ejecución, de una de las expediciones más importantes y trágicas de la guerra de independencia en su etapa inicial, de la que tenemos pocas noticias: sin embargo, de esta expedición se podrían escribir muchos libros: “La Odisea”.
 En la creación de la provincia de Guayana, estos hechos,  adquieren un tono sublime entre victorias y terribles derrotas, y  las angustias y los trastornos de toda índole, por ser la primera gran expedición guerrera de aquella magnitud; y en la cual perecieron tantos jóvenes de las familias principales de la provincia de Cumaná, que nunca antes habían sufrido dramas como este; y allí estaba Bernardo y José Francisco Bermúdez, y Agustín Armario, Santiago Mariño, etc. Que participaron, por supuesto, en primera línea en la terrible experiencia de la Batalla Naval de Sorondo, que se perdió en parte, bajo el mando del Capitán de Navío Don Manuel de Villapol.

 ¡Sorondo!... Su solo nombre significaba “desastre”. No han logrado los que han tocado este tema, contar lo que significó para Cumaná la derrota de Sorondo.

El General en Jefe Don Vicente Sucre y García, jefe del gobierno revolucionario de la Provincia de Nueva Andalucía o Cumaná, envió una flota con una fuerza de 1.100 hombres al mando del Capitán Manuel de Villapol, a someter la provincia de Guayana, levantada contra la República. La flota remontó el Orinoco con 32 embarcaciones, ante la cual, los guayaneses leales a la Corona se retiraron al puerto de Angostura. tras haber perdido una goleta.

Veamos como lo cuenta el Dr. Bartolomé Tavera Acosta, en su obra Historia de Carúpano: “Al efecto organízanse tres cuerpos expedicionarios que marcharon en combinación, a las órdenes, respectivamente de los coroneles Francisco González Moreno, José Antonio Freites de Guevara, a quien acompañaba su hijo Pedro María, y Manuel Villapol. El primero a operar sobre Moitaco por el Pao y Santa Cruz, el segundo por Soledad sobre Angostura, y el último sobre Barrancas para atacar las fortalezas de Guayana la Vieja, que son los tres únicos puntos que tenían guarnecidos y fortificados los guayaneses. Todos tres llegan a sus destinos a mediados de 1811.

La división de Villapol se compone de seiscientos cumaneses, carupaneros y margariteños. Entre los cumaneses marchan el Comandante de ingenieros José Francisco Azcue, el Comandante de artillería Ignacio Certad, los oficiales Carlos Winet, Miguel Correa, Rafael de Mayz Luis de Vallenilla, que es el primer ayudante de Villapol, Pedro, Vicente y Francisco Sánchez, Quintín Vallenilla, Manuel Coronado, Pedro Guevara, José de Cásares, Domingo Jiménez, no cita a Bernardo Bermúdez, pero él estaba allí y jugando un gran papel como guerrero, lo que fue un gran guerrero destinado a ser guía de la libertad, junto a los otros jóvenes distinguidos entre los de Carúpano: José Nicolás Salazar Navarro, de 63 años, Braulio Guerra, Jacinto y Joaquin Goitia, Benito López, Juan Bautista Peña, Juan del Campo, Nicolás González, Celestino Acosta, Juan Antonio Núñez y algunos más.

Estos patriotas son los más nombrados sin embargo sabemos que la actuación de Bernardo no pasó desapercibida para hombres como Mariño y otros capitanes con los cuales aparece después en Trinidad.

Freites llega a las riberas del Orinoco (Soledad) antes que los otros. Allí le ataca el coronel Lorenzo Fernández de La Hoz. Comandante Militar de Angostura, que lo rechaza el 5 de setiembre. Freites retrocede y se incorpora en el Pao a González Moreno. Villapol, al tener conocimiento del fracaso de la expedición del centro, se retira de Barrancas a Tabasca. El Poder Ejecutivo que funciona en Caracas, para dar unidad a la dirección de la Campaña, nombra, el 7 de octubre, a González Moreno, General en Jefe Supremo expedicionario.          

González Moreno, en el Pao se refuerza con nuevos contingentes de tropas cumanesas, entre esos refuerzos esta nuestro biografiado Bermúdez, que lo trae el coronel Francisco Solá quien había marchado desde el Manzanares a principios de setiembre, y juntos emprenden la invasión del territorio guayanés. Freites de Guevara, enfermó y regresa a Barcelona.

González Moreno y Solá, atraviesan el Orinoco, invaden en enero de 1812 y llegan hasta las inmediaciones de Angostura. Mientras tanto, Villapol, apoyado por la escuadrilla patriota al mando de sus comandantes, Felipe Esteves y Juan bautista Videau, y por un cuerpo auxiliar venido con el coronel Juan Bautista Arismendi, el capitán Vicente González y el oficial Santiago Mariño, establece de nuevo su Cuartel General en Barrancas. Margarita concurría por segunda vez con sus buques y sus hijos al sometimiento de la provincia guayanesa en acatamiento de las insinuaciones del Ejecutivo de Caracas. 

Los de Angostura se hallan preparados para rechazarlos. El Coronel Matías Farrera se sitúa en Borbón, en espera del ataque del general González Moreno. El Sargento Mayor José de Chastre, baja el Orinoco con una flotilla en auxilio de la guarnición de los Castillos de Guayana la Vieja. El Gobernador Doctor Farrera queda en la plaza con una corta guarnición, pero resuelto a no dejarse quitar la ciudad. Desbaratado como resulto el cuerpo que operó por Soledad, los realistas concentran su atención sobre los que pretenden llegar por el Este, y por el Occidente de la capital Guayanesa.

La escuadrilla patriota sale de Barrancas, aumentada con varios esquifes organizados por Villapol, y se viene sobre los Castillos; pero antes de llegar a ellos ya Chastre había salido a esperarla, situándose en Sorondo. Allí se encuentran El 26 de marzo, La de los patriotas ataca briosamente. La de los realistas se defiende con valor y con pericia y tras rudos choques, sangrientos abordajes y gallardos episodios múltiples, al empezar a declinar el sol, queda vencida, dispersos unos y apresada la florilla republicana, y, centenares de prisioneros en poder del jefe realista el Sargento Mayor Don José de Chastre.  

-Ángel Grisanti dice, al referirse a Don Vicente de Sucre y García Urbaneja, al cual me he dado a la tarea de reconocer y honrar como Padre de la Emancipación de la Provincia de Cumaná o Nueva Andalucía: “A mediados de julio de 1812, quizá el 15, fue nombrado por el Ayuntamiento, General en Jefe del Ejército de Cumaná, destinado a someter al Partido Capitular de Barcelona”-  Pág. 35 de su obra “Sucre”.
En marzo de 1812 Bermúdez migra a Trinidad. y se une a los 45 de Mariño y en 1813, entra en acción en la expedición de la goleta Carlota, Bartolomé Tavera Acosta (Ob.cit) nos lo cuenta:
 “En la tarde del día siguiente, Mariño y sus compañeros salen en la goleta “Carlota”, comandada por Juan Bautista Videau, sobre Cauranta, en las inmediaciones de Güiria; pero el capitán Juan Gavasso, a cuyo conocimiento habían llegado los propósitos de los asilados, los aguarda allí con la mitad de sus cincuenta hombres de guarnición. Mariño ataca pretendiendo tomar tierra. Gavasso lo rechaza. Los expedicionarios se quedan capeando frente a la costa. Gavasso regresa a su cuartel. Al amanecer del 13 se procede en firme al ataque de Güiria. Mariño desembarca y ataca por tierra. Piar y Bermúdez por mar. Ante el ataque combinado Gavasso se sostiene poco tiempo hasta que sale derrotado camino de Irapa. Los patriotas ocupan la plaza. Mariño establece allí su cuartel general y Bermúdez sigue sobre Gavasso, a quien ataca en Irapa el 15 y se apodera a sangre y fuego del pueblo. Derrotado Gavasso, llega a Yaguaraparo y allí se prepara a resistir el empuje de los expedicionarios”.

Los patriotas continúan con Mariño a la cabeza y en una campaña admirable toman la provincia de Cumaná  derrotan a las fuerzas del Imperio en cinco batallas fulminantes y al propio general Domingo Monteverde en la martirizada Maturín.

Bernardo fue protagonista con Mariño, en la gloriosa gesta que se inicia en Chacachacare en 1813.

45 patriotas bajo el mando de Santiago Mariño, entre los cuales se destacaron mucho: Francisco Azcue, los hermanos Bernardo y José Francisco Bermúdez, José María y Antonio José de Sucre Alcalá, Manuel Carlos Piar, Manuel Valdés y Concepción Mariño.
En la isleta de Chacachacare, al Nor-Oeste de Trinidad, los expedicionarios se reúnen y antes de invadir la Tierra firme, el 11 de enero de 1813, suscriben la memorable Acta, cuyo texto se explica por si mismo, en términos heroicos inconfundibles, veamos:  
“Violada por el jefe español D. Domingo Monteverde la capitulación que celebró con el ilustre general Miranda, el 25 de julio de 1812; y considerando que las garantías que se ofrecen en aquel solemne tratado se ha convertido en cadalsos, cárceles, persecuciones y secuestros. Que el mismo general Miranda ha sido víctima de la perfidia de su adversario;  y en fin, que la sociedad venezolana se halla herida de muerte, cuarenta cinco emigrados nos hemos reunido  en esta hacienda, bajo los auspicios, de su dueña, la magnánima señora  Concepción Mariño,  y congregados en consejo de familia, impulsados por un sentimiento  de profundo patriotismo, resolvemos expedicionar sobre Venezuela, con el objeto de salvar  esa patria querida de la dependencia  española y restituirle la dignidad  de nación que el tirano Monteverde  y su terremoto le arrebataron 
Mutuamente nos empeñamos nuestra palabra de caballeros de vencer o morir en tan gloriosa empresa; y de este compromiso ponemos a Dios y a nuestras espadas por testigos. Nombramos Jefe Supremo con plenitud de facultades, al coronel Santiago Mariño” Chacachacare, 11 de enero de 1813.  Firman. Santiago Mariño, Francisco Azcúe, José Francisco Bermúdez, Manuel Piar, Manuel Valdés.
Chacachacari: El sabio carupanero Bartolomé Tavera Acosta, conocedor como ninguno, de los idiomas que hablaban los Caribes, la pronuncia y escribe “Chacachacari”, pero nosotros para no entrara en confusiones la llamaremos como comúnmente es llamada y pronunciada “Chacachacare”. 
Este sabio historiador al tratar el tema de la campaña de Mariño, nos dice:
“Es de lamentarse que hasta hoy  no se conozcan todos los nombres de esos cuarenta y cinco patriotas  expedicionarios, pues si bien es cierto  que algunos autores  han publicado sendas listas  de ellos,  es necesario observar que con excepción  de Mariño, Manuel Piar, los Bermúdez,  José Francisco Azcúe, Manuel Valdés, Agustín Armario, Juan Bautista Videau,  Pbro. Domingo Bruzual de Beaumont, José Rafael de Guevara, Rafael de Mayz,  José María Otero, Mateo Guerra Olivier,  Juan Bautista Cova, José Leonardo Brito Sánchez, Juan Bautista Darías, Bernardo Martínez,  Fernando Gómez de Saa y uno que otro más,  del resto no hay constancia histórica para poder afirmar  que fueron de los de Chacachacare. En cambio, es de presumirse que si se encontraron allí José María Sucre y Antonio José de Sucre, quienes habían salido de Cumaná para Trinidad trece días antes y aparecen luego en los sucesos de Maturín.   
 En Chacachacare los expedicionarios toman las armas que habia obtenido y ocultado doña Concepción Mariño, para la empresa libertadora que iniciaron el 12 de enero de 1813:
Veamos los sucesos:
  Ese día, Mariño y sus 44 compañeros salen de Chacachacare en una goleta de Carlos Manuel Piar, la “Carlota” comandada por Juan Bautista Videau, rumbo a la hacienda “Cauranta”, donde Concepción tenía hombres dispuestos y también había escondido armas y pertrechos antes de exiliarse.
 El realista Brigadier Juan Gavanzo, en conocimiento del proyecto invasor, en una goleta con 50 hombres, vigila los movimientos de Mariño, pero, o no los detecta o teme enfrentarlos; más bien los evade y se refugia en el puerto de Güiria, donde tiene una guarnición bien dotada, de doscientos hombres; y donde pretende capturarlos. 
Mariño, aconsejado por el comodoro Videau, decide merodear a distancia de la costa y calibrar la situación. Sabe que Gavanzo tiene 50 hombres a bordo, bien armados, pero Mariño no sabe cuántos hombres más, componen la guarnición de Güiria. Por eso decide barloventear o maniobrar por la costa hacia el Oeste, para distraer la atención del enemigo. Maniobra que da frutos, pues Gavasso los consideró evadidos, así mantiene su estrategia por 24 horas, volviendo luego su rumbo hacia el Este, y logra despistarlo; es entonces, amaneciendo el día 13, que desembarca en su hacienda “Cauranta”, al Oeste del poblado, donde tiene cerca de 100 hombres entrenados, engañando de esta manera, al enemigo que lo esperaba en el puerto cerca de Güiria.
Mariño reúne su Estado Mayor y decide atacar aplicando una estrategia muy simple, operación tenaza.
Antonio José de Sucre, joven pero inteligente en el combate, como lo demuestra en toda la campaña bajo el mando de Mariño, como nos lo dice, Laureano Villanueva, uno de sus mejores biógrafos: “Unas veces como primer ayudante del General Mariño y otras como comandante del batallón de zapadores, formado por el mismo’’.
Mariño con Sucre, al frente un batallón de zapadores, formado por él, irá con parte de sus hombres por tierra, para atacar la guarnición por el Oeste, mientras Piar y Bermúdez atacarán por el mar, y desembarcarán en el lado contrario, por el Este. Así lo ejecutan y a las once de la mañana, Mariño ataca la guarnición con más de cien hombres y pocas municiones; los españoles valientemente soportan y rechazan la carga; los patriotas les hacen creer que se retiran desordenadamente hacia el caserío, donde más bien se fortalecen. Esta maniobra se ejecutó dentro del plan de Mariño, que necesitaba sacar a los reales de sus posiciones en el puerto y atraerlos al poblado.  Los realistas, sin perder tiempo ni ánimo, salen de sus trincheras y atacan, esperando triunfar rápidamente. No se percataron de la estrategia, y que Piar y Bermúdez, entrarían en la batalla tomándolos entre dos fuegos y causándoles estragos. Los patriotas se resentían escasos de municiones; pero los reales también estaban escasos, pero observando al avance de Mariño, creyeron que estaban mejor surtidos., y se ven obligados a retirarse apresuradamente del terreno, dejándolo todo en manos de los patriotas, con muertos y heridos en las calles; la mayor parte se retiran, bien protegidos, con rumbo al puerto, pero hábilmente perseguidos por Valdés, Piar y Bermúdez. Por otra parte, muchos patriotas del pueblo, se incorporaron a las filas patriotas, y a la persecución de los realistas, la victoria fue completa y dio muchos frutos.   
Gavanzo, que tenía prevista la retirada, va hacia el puerto con los que quedaron con vida, y pudieron embarcarse, abandonando a los heridos; va con rumbo a Yaguaraparo, en esos tiempos, pueblo habitado por españoles.
Mariño, aprovecha para aumentar su tropa y pertrecharla convenientemente, sirviéndose del arsenal abandonado por Gavanzo, y así da inició, a la Campaña de Oriente con buen pie, aunque tenía que continuar sin descanso, para evitar la reacción realista.
Los hermanos Bernardo y José Francisco Bermúdez, se destacan tanto en estas acciones de guerra, que pasan a ser los jefes expedicionarios del Ejército Libertador de Oriente, bajo el mando d Mariño, que los selecciona y manda al mando de tropas: José Francisco, de un batallón, perseguirá a Gavanzo; y Bernardo, bien apertrechado, irá a libertar a Maturín.
En esta campaña, se produce el segundo encuentro entre las fuerzas antagonistas, el 15 de enero de 1813, en las afueras del pueblo de Irapa; y los patriotas vuelven a derrotar a los reales, con una carga suicida; los reales defienden palmo a palmo sus posiciones causando mucho daño en las fuerzas patriotas. La diferencia fue Bermúdez, que valía por diez hombres, los enemigos temblaban ante él, y todos pelearon bravamente incluyendo a los españoles, bajo el mando de Gavanzo; pero, su contendor es nada menos que el invencible ¨Áyax¨ venezolano. Gavanzo no aguanta la embestida de Bermúdez, enredado en las tácticas de Sucre; derrotado el español, tiene la retirada asegurada y huye en sus naves hacia Yaguaraparo.
 Bermúdez se instala en Irapa, donde se le incorporan muchos patriotas dispuestos a morir por la Patria. El joven Sucre se dedica por entero a prepararlos para combatir, esos hombres eran buenos jinete y mejores cazadores, así es que la tarea fue bastante provechosa.
Las noticias de estas victorias vuelan. En Cumaná, causan revuelo; el desembarco y la toma de las ciudades de Guiria, Soro, Irapa, Tunapuy, y otras, cuyos pueblos se deciden por la causa, y se incorporan al ejército; y a pesar de que las noticias no llegan muy claras, sobre las acciones de Guiria e Irapa; el agresivo coronel Cervériz, que ya habia alcanzado fama de invencible y feroz, se ocupa en persona del suceso, y decide enfrentarlo, según dijo:  ¨antes de que se convierta en una amenaza para la paz y la justicia española”; y de inmediato, organiza una partida para poner fin a la amenaza, y silenciar los rumores: ¨Que hacen más daño político que militar¨, y a los cuales no les daba ninguna importancia; pensó seguramente que unos cuantos fusileros bastarían para dominar la disidencia; sin embargo, mejor informado, discretamente preparó un batallón de 400 jinetes, con los mejores oficiales de que disponía y tropas veteranas.
Cuando estuvo presto para aplastar a los insurgentes, a los dos días, o sea el 17 de enero, sin darse tregua ni darles descanso a sus hombres, vuela sobre Irapa; y, aparece frente al bravo pueblo, al mando de un batallón de caballería de 400 hombres, armados “hasta los dientes”, y sin detenerse ataca de frente a los patriotas. Bermúdez, lo esperaba, tomando posiciones estratégicas. Sucre ayudó con sus zapadores, preparó las defensas, y alineó un pueblo de cazadores, que no necesitaban mucho para saber lo que tenían que hacer.  
Ya lo sabían, los españoles se consideraban invencibles y atacaría de frente, sin parar mientes los destrozarían; entonces los patriotas reciben el ataque, muy bien aleccionados por Bermúdez y Sucre, ante el ataque frontal de Cervériz, que cae en una verdadera emboscada, dentro d un teatro preparado al efecto, con trincheras y obstáculos insalvables; y con una férrea defensa, era la batalla de todo un pueblo.
 Cervériz, intenta denodadamente, una y otra vez, romper la resistencia patriota; pero, una y otra vez es rechazado con pérdidas incontables. Tercamente insiste, y muchas veces sin el menor cuidado, va contra los árboles, contra la oscuridad, como don Quijote contra los Molinos de Viento, sin tener en cuenta la vida de sus hombres, que caen heridos y otras veces arrastrados por sus caballos. La fusilería y la artillería patriota, bien ubicadas, los diezman. Las fuerzas de Cervériz, ya de noche, desmoralizadas se dispersaron en el bosque, que ahora los amparaba, acosadas por Bermúdez, al Áyax, con fuerza hercúlea, agitando su espada ¨Cantadora¨, acompañada de estentórea voz, que paralizaba a los enemigos; incansable, agigantado en aquella memorable e intensa batalla. que da continuidad al triunfo de Guiria.
Cervériz logró escapar con vida, dejó el teatro de la guerra lleno de cadáveres, que Bermúdez ordenó enterrar en la misma noche; los heridos de ambos bandos fueron atendidos debidamente. Libre Irapa, durante varios días de celebración, los lugareños se presentaban voluntariamente para engrosar las filas patriotas. Más tarde Santiago Marino sería recibido por Bermúdez en Irapa, celebrado por su pueblo en triunfo, y establecería allí su cuartel General de guerra.
BERNRDO BERMUDEZ Y LA CAMPAÑA PARA LIBERTAR A MATURÍN.  
 Bernardo, por su edad, estaba más cerca de Mariño; y por ello gozaba del respeto del jefe expedicionario; y ha debido ser un factor muy importante durante la preparación de la campaña, porque de otra manera, no se entendería, que la misión más importante que iba a realizar el jefe de aquella jornada memorable, como era la toma de Maturín, se le hubiese confiado a este experimentado patriota.   

El Comandante Bernardo Bermúdez, secundado por Antonio José de Sucre, como Jefe de su Estado Mayor, y jefe de su escuadrón de zapadores, formado y adiestrado por él; el dos de febrero de 1813, derrota al comandante Vicente González, y toma la ciudad de Maturín, para las banderas de Santiago Mariño.

Con esta victoria el ejército invasor de Mariño se asegura la mejor despensa de la Provincia de Nueva Andalucía o Cumaná; y surge la personalidad guerrera del futuro Mariscal, libertador de naciones, brazo ejecutor del ideal bolivariano, como héroe de Maturín.   

El heroico pueblo de Maturín, que estuvo siempre del lado de los patriotas, y que nunca se rindió al vasallaje del claudicante Vicente González, prestó apoyo solidario al ejército de Mariño, sin el cual, nunca hubiese sido completo el triunfo, y cuando el comándate Bermúdez entró victorioso al pueblo, lo aclamaron como su Libertador. Entonces todo el pueblo de Maturín se lanzó a las calles para aclamarlo, y así deben conservarlo para el recuerdo de la historia de ese bravo pueblo. Los indios caribes de Guanaguanay y Taguaza, y las amazonas de Juana la Avanzadora, derramaron su sangre en esta acción portentosa.

Bernardo fue asesinado traicionera y cruelmente, cuando estado herido en su lecho, atendido de las heridas recibidas en Maturín, según versión de don Andrés Level de Goda.

Hay otras versiones que dicen que fue ajusticiado bajo un famoso totumo, por orden del coronel Cervériz.

 Hay mucho que contar de este héroe apenas nombrado.  Veamos cómo lo cuento yo, en mi novela ¨Águila Blanca¨:

Mariño después de la victoria de Bermúdez en Irapa, decide encargar a Bernardo Bermúdez de la liberación de Maturín. Llama a Sucre y le dice:
  Ahora destacaré al comandante Bernardo Bermúdez, al frente de un batallón de caballería de 200 hombres, para rendir la ciudad de Maturín. Tenemos que aprovechar el tiempo, los españoles son lentos para reaccionar.  Esta empresa es de gran importancia. Será nuestra despensa.  Espero que los acompañes.
Si usted lo ordena, dijo Sucre, no le quepa la menor duda.
Mariño excitado, continuó:
Ustedes harán un gran trabajo. Será una campaña inolvidable. Lamento no poder acompañarlos….
Con el alba, en esa fría mañana de enero, partieron rumbo a la boca del misterioso ¨Guarapiche; desde el puerto de Guiria, aquel golfo, como siempre, turbulento y oscuro. ¨Ya en la goleta, Sucre le dice a Bernardo.
Tengo una sorpresa para ti… Era un secreto hasta este momento.
Bernardo haciéndose el sorprendido, exclamó
! ¡Ah sí…!  y… ¿Cuál es la sorpresa? ¿Cuál secreto…?
Sucre sonrió y sacó del bolsillo interior de la chaqueta, un rollito de papel, en el cual había pintado, con detalles y datos, el plano del lugar donde se encontraban enterradas las armas de Villapol; y lo extendió ante los ojos del imperturbable comandante, que lo miraba inquieto, creyendo que era una broma.
Sucre, señalando con el dedo… Mira este plano…  Aquí están las armas con las que vamos a derrotar a los españoles… Son las armas del General Villapol…
Bernardo, cogiendo el papel… viéndolo con ansiedad y mucha atención, preguntó: ¿Cómo es que tienes esto? ¿Cuéntame…como obtuviste ese plano…? Piensas que… ¿Vamos a buscarlas...?
Te lo contaré después… Sucre guardando el plano, y moviendo la cabeza afirmativamente dijo- Claro que iremos… vamos a buscarlas…por supuesto… Eso lo haremos antes de entrar a Maturín… y tendremos un arsenal a nuestra disposición...
 ¡Esto es obra de Dios…! Exclamó Bermúdez. ¡No puede ser de otra manera! ¿ya sabes donde esta ese sitio que marcas con una “X”?
Águila Blanca viendo el efecto que producía en Bernardo, aquella confidencia milagrosa, le informa en detalle. Pero…
La verdad… No tengo idea…  tengo a la persona que si lo sabe. Tendremos que entrar por Caño Colorado, es un río y un pueblito de pocas casas, cerca de la misión de San Antonio de Maturín. Tendremos que subir por el río Colorado hasta ese punto. Lo demás lo sabremos siguiendo las indicaciones del plano.
La expedición salió del puerto de Guiria, como fue ordenado, rumbo al Sur, por el Golfo de Paria hacia la boca del grande y generoso río San Juan. Luego subieron siguiendo la marea por el gran río, hasta la desembocadura del río Guarapiche, y navegaron hasta un sitio que llaman Los Araguaneyes, donde esperaban las avanzadas que envió Mariño: caballos, bastimentos y otros elementos de guerra, además de un grupo de voluntarios; y una sorpresa mayúscula, el comandante Manuel Carlos Piar, al frente de esas reservas. Águila Blanca se adelantó a saludarlo, porque Bermúdez no acababa de bajar de la Goleta.
! ¡Comandante Piar…! ¡Qué sorpresa tan agradable…!
¿Cómo está usted comandante Sucre? - ¿Qué le parece?   Le dije a Mariño, que me gustaría colaborar con el comandante Bernardo Bermúdez, si es que no le hacía mucha falta en Guiria. Mariño me replicó que los arrieros que iban a llevar los caballos necesitaban un hombre de respeto que los   condujera.
 Yo creo -le dije- que el mejor para eso era yo-   y ya ve el resultado, aquí no falta ni un botón.
Sucre, sonriente, respondió: Bueno… Comandante… Tenemos 230 hombres, veremos cómo se reparten los batallones.
Yo no vine para crear problemas sino para aportar mis conocimientos y mi experiencia. Ya verás lo útil que soy.
Sé mucho de usted comandante. Todo lo que ha hecho a favor de la Patria. Me siento orgulloso de pelear a su lado. Téngalo usted en cuenta… Pero allí viene el comandante Bermúdez, lo dejo para que lo salude.
Bernardo al ver a Piar apresuró el paso para saludarlo, no tenía un buen recuerdo del general Piar, algo de familia, pero estaban en guerra y esos sentimientos se guardan bajo llave. Tendió su mano franca, de gentil hombre, y le dijo:
Comandante Piar, me complace verlo… ¿Se quedará con nosotros?
Vine a eso, a ver en qué puedo colaborar.
En todo comandante… en todo.
Bernardo rascándose la cabeza, agregó:
Ahora viene lo bueno… Vamos a reunirnos con los oficiales y entonces planificaremos las acciones inmediatas. En estos llanos tenemos unos cuantos hombres de experiencia que vienen a unirse con nosotros.
¿Y se puede saber quiénes son…?
Varios centenares, pero allí en ese grupo están: los hermanos Monagas: José Gregorio, José Tadeo, Domingo Montes, José Ribero, Villarroel, Peñalosa, Parejo, Zaraza, Andrés Rojas, Pérez de Aguilera, los Barreto, los Torres, Infante, Mago, Medina, Grisel, Carmona, Mina, Carrasquel, Sifontes, Goitia, Mota, Villanueva Betancourt, Lucas Carvajal, Juan Sotillo, Gavino Palacios, Peralta, y pare usted de contar.  Ya los verás pelear, son invencibles… Furias implacables.
No tenía la menor idea de la existencia de toda esa gente que mencionas por sus nombres…
A la mayor parte los conozco desde niño.
Con razón te nombraron comandante sin haber peleado nunca.
Bueno eso nos es verdad, yo estuve con Villapol hasta Sorondo…
No sabía nada de eso.   
Ya los conocerás… Apenas llegué me dieron la noticia y la alegría de que estarán conmigo en esta lucha. Esos hombres nunca se rindieron…  Y no andan solos… todos tienen su compañía. Es decir, tienen sus compañías…
Pienso que usted comandante, tendrá a su cargo un batallón de 200 hombres... hombres de verdad… Patriotas… Prepárese, para que se los lleve. Puede establecerse en Aragua de Maturín, donde lo recibirán muy bien… Estoy seguro.
         Bernardo Bermúdez, tenía un modo de hablar muy peculiar, entre irónico y alegre. Es difícil definirlo, evidentemente a Piar no le gustó mucho, y salió dispuesto a cumplir la orden de partir de inmediato.
Aquel sitio a orillas del Guarapiche, “Los Araguaneyes”, donde se abría la sabana de largos horizontes, impredecible, rumbo incierto, antes poblada por millones de aborígenes del reino de los “Tiaos”, y de la hermosa cacica Yasoaraita, reina de todos los caciques Arecunas, que huyeron por el Orinoco después de la muerte del cacique Maturín, hacía muchos años, en los primeros tiempos de la conquista; y se perdieron en las selvas de la ignota Guayana, hacia las infinitas regiones misteriosas de los Tepuyes, en las cabeceras del Cuyuni.
Bermúdez, hombre inteligente y valiente, fuerte como un roble, pero nunca había dirigido una batalla, ni sabía nada de lo que era un combate contra un enemigo entrenado en el arte de la guerra, como los españoles, por eso le dijo a Sucre:
Ya era tiempo, se acercaba el día de preparar la jornada, finales de enero en los Araguaneyes, todo estaba preparando para la campaña sobre Maturín. Cada hombre escogió su caballo, lo enamoró, lo montó, le habló según las instrucciones de Piar, el más veterano. Él les decía: “Hombre y caballo una sola persona”. “Amístense¨.
Al amanecer partieron con rumbo a Caño Colorado, muchas leguas hacia el Oeste, cerca de las misiones de San Antonio de Capayacuar, donde arribaron dos días después, al atardecer. El pueblo estaba de fiesta porque había llegado un alto prelado. Terminada la procesión las iglesias estaban llenas de feligreses; los indígenas vestidos con galas salieron a las calles y fueron amigables.
San Antonio era un pueblo organizado, rodeado de cafetales y sembradíos de café y de todas clases de frutos y hortalizas; con dos alcaldes, uno español y otro criollo; y una numerosa milicia indígena. Los recibieron con alegría, y al entrar al pueblo nuestro ejército, vinieron las autoridades civiles, religiosas y militares, protocolarmente, y los agasajaron. Bermúdez se ganó la simpatía y la confianza de las autoridades y de la población,  porque expulsó de la ciudad al prefecto y su secretario, un portugués llamado Manuel Dos Santos, y  el sargento mayor, Joselillo  Tarragona; que habían cometido cuantos delitos se pueden cometer en tan breve tiempo, ya que sustituyeron a las autoridades legítimas, después de la Capitulación de Miranda;  incluyendo la violación de una adolecente indígena, hecho que merecía la pena de muerte; pero como hubo disparidad de testimonios, se optó por otro castigo; entonces Bermúdez, interviniendo como como jefe en campaña,  ordenó darle, públicamente, cincuenta latigazos, y mantenerlo en prisión.
En confianza, les comunicaron que el General Valentín González, ahora flamante jefe realista, fue ratificado en su cargo por haber ¨saltado la talanquera¨, quedando como Jefe Militar de Maturín, nombrado por la Junta de Gobierno de Cumaná; y ratificado por el pacificador don Domingo de Monteverde, premiando al disidente por haber jurado fidelidad al Rey.
De allí venía su ascenso, como Comandante General y Militar de esta parte de la provincia. Ahora estaba en San Antonio, en la fastuosa iglesia construida por el misionero Juan de Argües en 1794, muy viejo pero vivo aun, que le participó el avance de Bermúdez, hacia Maturín.
Don Juan era el párroco, por cierto, muy aficionado a los patriotas, del mismo grupo de Botino y Andrés Callejón. Éste después de la marcha del Valentín, le confió a Bermúdez algunas novedades entre las cuales: que el coronel, cuando supo el avance del comandante Bernardo Bermúdez, se retiró con sus fuerzas hacia Maturín, con un buen batallón de más de 400 hombres, para esperarlos y derrotarlos en las afueras de la ciudad, porque no quería que el pueblo sufriera las consecuencias de la batalla.
Nobleza obliga, dijo Bermúdez.
Además, que estaba esperando un ejército de mil hombres, que viene de Barcelona, a cuyo frente está, nada menos, que el coronel Lorenzo Fernández de La Hoz, jefe militar de la provincia de Cumanagotos.  Dijo algo así como… “Ya veréis…”
 Bermúdez escuchó complacido al noble sacerdote, y aprovecho para pedirle asilo para él y sus hombres.
El buen misionero le respondió, Usted dirá comandante, sepa que soy amigo de sus padres, yo estuve en Cariaco en su casa, donde pasé varios días. Estoy a sus órdenes, y todo lo que tengo a su disposición.
Bernardo porfiaba, necesitaba un sitio amplio para contento de sus tropas. Después de mucho conversar, el buen cura le cedió a Bermúdez una finca medio abandonada, de los misioneros capuchinos aragoneses, de su mismo orden, en la cual funcionaba una especie de hospicio, por cierto, atendido por curanderos conocedores de las hierbas, a quienes llamaban yerbateros, pero muchos misioneros los llamaban ancianos sabios, y en ese lugar podía albergarlos a todos, si no cómodamente, por lo menos pasable. Desde allí podían escuchar los cantos de los trovadores del pueblo: 
Antonio Maria Espíndola, que era una especie de cronista del pueblo, contaba alegremente en la plaza:
El pueblo se encargó
de llevarles petates, chinchorros,
catres y mantas para que durmieran.
También prepararon dos terneras
y las asaron a la manera que
hacen los llaneros de mi tierra
y con los restos y el cerro de vituallas,
hicieron un hervido de carne y huesos
en una inmensa paila papelonera.
Ese caldo estaba pa´chupase los dedos.
Esa gente comió y repitió no juegue...

Muchos fueron los guerreros que salieron y se confundieron con el pueblo que festejaba y las muchachas casaderas los sacaban a bailar. Pronto se formó un coro y se armó la parranda. Aparte, un grupo conversaba animadamente con el Comandante Bernardo Bermúdez y éste le dijo a Águila Blanca.
Nos quedaremos en el pueblo por el día de hoy y parte de mañana. Quiero que mis hombres descansen, mañana los fatigaré hasta el agotamiento, buscaremos las armas. Necesito 20 hombres para cargar armas, pólvora, pertrechos y municiones, partiremos por la madrugada.
Águila Blanca, alegre a toda prueba, dijo: Esas palabras son dulces a mis oídos, muéstrame el camino como si fuésemos al cielo.
Bernardo no pudo contener la risa.
Águila Blanca se cuadró, se despidió y salió en busca del sargento Policarpo. Lo abordó como de costumbre, y le trasmitió la orden del comandante: le ordenó que buscara 20 voluntarios para cargar armas, pertrechos y municiones; que fuera al pueblo de San Antonio, a ver si conseguía cuatro carretas de mula o más, si fuera posible, y por si acaso es mucho el arsenal que vamos a buscar, y por favor, le das el parte al Comandante Bermúdez, que está impaciente.
 Después de una hora, o tal vez un poco más, regresó Policarpo acompañado con un indígena, con una sonrisa de oreja a oreja, se presentó con el respeto debido al comandante Bermúdez, que encontraba en compañía de Águila Blanca, y cuadrándose dijo:
Permiso para hablar…
Habla Policarpo déjate de pendejadas…
Perdone que los interrumpa comandantes, pero aquí les traigo una sorpresa mayúscula… al propio cacique Guanaguanay… Un patriota, el mismo que condujo al coronel Villapol con las armas, a esconderlas en su casa de la montaña, y va con nosotros a buscarlas. Bastó que mencionara sus nombres…
Bermúdez y Sucre se quedaron atónitos. Todo estaba saliendo como si la Providencian Divina viera delante de ellos.
Bermúdez levantando la voz y poniendo la mano sobre el hombro de Águila Blanca, declamó algo de Virgilio: Llegará el día andando tantos lustros en que la casa de Asáraca subyugará a Tifias y Micenas y dominara a la vencida Argos… y una sonrisa ritual iluminó su rostro, entonces dijo: Tráeme a ese hombre inmediatamente, que le voy a dar un abrazo. 
Entró el cacique Guanaguanay acompañado por el cacique Taguaya.  Un hombre de mediana estatura, pero fuerte como un toro de lidia. De paso lento pero firme, llegó hasta donde estaba Bermúdez, y se lo quedó mirando desde los pies hasta la cabeza, en toda la enorme estatura del Comandante.
Venga acá hombre que le voy a dar un abrazo.
El cacique se acercó con cierto temor, y Bermúdez lo abrazo efusivamente y dijo:  Alabado sea Dios grande y misericordioso, benditos sean los ángeles protectores de la Patria.  Los que han violado a nuestro pueblo y mancillado la libertad que habíamos obtenido como premio a nuestro patriotismo, ahora sabrán pagar su miseria y obstinación. Usted es un patriota y sabe respetar un pacto con honor. Como debe ser entre caballeros.
Guanaguanay, perturbado por el abrazo de aquel gigante, habló entre desconfiado y alerta. Yo sí, ser patriota servidor del General Manuel de Villapol. El decirme que guardar ese tesoro de libertad… para cuando ser necesario. Hoy lo entrego a usted. Mañana ir a buscar con usted. Yo tener gente para hacer trabajo y para guerreros. No tiene que molestar nadie más. Nadie debe saber este armamento. Yo pelear a su lado con mi gente. Decir cuándo y qué hora. Yo estaré en primera fila con mis guerreros. Tenemos castigar gente mala y ladrona. Yo ir primera fila con usted. Yo morir por mi pueblo.
Lo estimo en alto grado -acotó Bermúdez, y agregó- juntos iremos a la batalla. Mañana a primera hora saldremos a buscar las armas y de inmediato atacaremos a Maturín, donde nos espera el peligroso general Valentín González; es de mala educación hacer esperar a la gente.
Yo entender y cumpliré mi parte. Lo esperaré en la puerta de su habitación. Veré pasar los astros por las sendas del cielo y oraré en el altar de los Sarrase, ángeles del bosque protegerme.
No se vayan… Guanaguanay ni sus amigos, quédense para que coman y brinden conmigo y con mis oficiales…El brindis será para ustedes. Y conocerán a todos los oficiales que nos acompañan.
Tal como lo dijo Guanaguanay y sus compañeros, durmieron con un ojo cerrado y otro abierto, fuera de la tienda de Bernardo. 
Águila Blanca entre tanto, como siempre hacía, salió a recorrer por sí mismo aquellos sitios para saber los inconvenientes que pudieran encontrar en su marcha, y así llevar a sus compañeros noticias de sus secretos. 
Con las primeras luces del amanecer del 2 de febrero de 1813, bajo una lluvia pertinaz, salieron Bermúdez, Águila Blanca, Policarpo, con Guanaguanay y sus caribes, para Caño Colorado. Tomaron un sendero que solo transitaban los indígenas. Era una ruta fácil, se puede decir, amplia pero totalmente camuflada por el bosque, cuyas ramas caían como cortinas, ocultando el amplio camino. Unas partidas de indígenas iban delante levantando palmas y ramas al paso de las carretas y los caballos que pasaban; y luego todo el monte volvían a caer y tapaba el camino; pero era la propia naturaleza que se mimetizaba. Además, los indígenas de Guanaguanay y tal vez de sus antepasados, hicieron creer a los pobladores españoles, que ese monte estaba lleno de serpientes venenosas, de las que llaman Cuaimas, y otras que llaman Lora, que pican en la garganta, y aderezaban esta creencia con anécdotas de los ataques que decían conocer. Con esas consejas nadie se atrevía a pasar por esa ruta.  Al medio día llegaron a la casa de Guanaguanay, y bajo un techo de palmas y de un falso, en el piso del rancho, sacaron el arsenal. El general don Manuel Villapol se esmeró al guardar aquel tesoro de la emancipación. Había dos mil fusiles ingleses y municiones en cantidad inaudita.  Tomaron todo lo que necesitaban; y Guanaguanay fue autorizado para armar su tropa, pero el cacique sólo tomó lo necesario para los que sabían disparar, porque dijo que los que no sabían manejar un fusil lo perdían porque lo dejaban en cualquier parte. Sus hombres preferían el machete y las lanzas. Lo demás se quedó allí guardado para cuando fuera necesario. 
Tres horas después estaban frente a Maturín. El coronel Vicente González estaba apostado con sus 400 hombres en posición de batalla en varias filas horizontales, todos los hombres con sus fusiles prestos a disparar a la descubierta. Sucre como acostumbraba, colocó el cañón que llevaba y le dijo a Bermúdez
Comandante, déjeme asustarlos y desorganizarlos. Les voy a hacer tres disparos y usted arremete con la caballería. Ordene al comandante Andrés Rojas, que está al frente de la caballería, que le dé un pase por la derecha que se ve menos protegida. Y entre los disparos y la carga de caballería ordene otra carga con los caribes de Guanaguanay por la izquierda. Usted y yo les entraremos por el frente y los derrotaremos irremediablemente.
Si. Me parece que eso bastará. Se acercó al batallón y dijo en alta voz: ¡Comandante Andrés Rojas! Espere tres disparos que hará Sucre, y, usted con sus jinetes cargue por la derecha, pase rasante y regrese por la misma derecha para desbandarlos.
Águila Blanca, luego llamó al comandante Andrés Rojas y le dio las siguientes instrucciones.  Escoja 20 jinetes de los mejores, Ud. los conoce bien; espere que yo haga los tres disparos con el cañón de doce, entonces a toda marcha atacará las fuerzas desprevenidas de González, por la banda derecha, como dice el Comandante, porque parece la más débil. Él no esperará un ataque de esta naturaleza y mucho menos espera el daño que le vamos a causar. Después del ataque, hace Ud. como que huyes, gritas ¡Vámonos! y llevas a tus jinetes al llano abierto. González seguramente ordenará que te persigan, y un pelotón te perseguirá. Tú sigues huyendo, vas a la cabeza; pero entonces te detienes y ordenas a tus jinetes que paren y se devuelvan contra tus perseguidores.  Terminas la faena y vuelves para dar otra batida igual si no se han rendido; porque Bermúdez entrará de inmediato en combate.
Águila Blanca, siempre con Inés a su lado, desplegaba una vigorosa actividad, siempre pendiente de los soldados bisoños, de los heridos y de los que no entraban en combate. Ella en todo caso estaba frente a las mujeres que seguían a los soldados, que organizaban hospitales, atendían a los heridos, se ocupaban de la logística, cargaban los fusiles de pistón y en muchas oportunidades participaban en combate. Junto a ella se distinguían mujeres como Rosalía Ramírez,   
Águila. Blanca hizo los tres disparos de cañón convenidos con gran suceso, y la infantería de González sufrió muchas bajas entre heridos y muertos, lo cual creó un gran desordenó y quebró la moral del batallón que no esperaba tal ataque. Sobre la marcha Rojas con los hermanos Monagas, Domingo Montes, Zaraza, y 20 jinetes más, con habilidad impresionante, atacó bajando desde el Guarapiche, por la derecha del enemigo, ubicado estratégicamente en el alto de Maturín, camino de Aragua, donde recibió el impacto y luego bajo fuego nutrido, y el ataque del intrépido Andrés Rojas, crecido entre el grupo de corceles que  con  desprecio de la vida, castigó severamente a las fuerzas de González, que resistieron  valerosamente el ataque; y observaban a Rojas que siguió como quién huye hacia al llano abierto;  González sin perder tiempo,  ordenó su persecución. Rojas se alejó con la velocidad del viento: pero de repente contraatacó tomando desprevenidos a sus perseguidores causándoles pavor y muerte. Los que pudieron se dieron a la fuga o se dispersaron en el llano.  
         Bermúdez ordenó a Guanaguanay y a sus oficiales: Pérez de Aguilera, Lucas Carvajal, Juan Sotillo, Gavino Palacios y Peralta, rematar la batalla. 300 hombres, los mejores de las llanuras de Maturín, atacaron por el centro y en menos de 30 minutos González y sus hombres se dispersaron. González nunca pudo reorganizarse para el tipo de batalla tradicional que indicaba su manual.
A ese i
dio valiente le correspondió la persecución y el castigo en el Alto de Los Godos, de las fuerzas del disidente coronel Vicente González, que se retiraban ordenadamente por ese paraje, y el mismo le puso ese nombre, después de someterlos y ejecutar a los que cayeron prisioneros.
 Después de un receso en el que atendieron a algunos nativos rendidos, Bermúdez ordenó a Guanaguanay perseguir a los españoles que se reagruparon y escapaban por la vía de Aragua de Maturín.
Poco después Guanaguanay regresó, no pudo alanzar a los reales, porque en alguna parte desaparecieron. Se presentó ante el comandante para rendir cuentas; estaba contrariado. Estrechando la mano que le tendió Bermúdez, le dijo:
Yo querer pelear siempre con ustedes. Indio no tener miedo. Morir por libertad. Yo pelear contra tiranos que robarme todo.
El heroico pueblo de Maturín, que estuvo siempre del lado de los patriotas, y que nunca se rindió al vasallaje del claudicante don Vicente González, prestó apoyo solidario al ejército de Mariño, sin el cual nunca hubiese sido completo el triunfo, y cuando el comándate Bermúdez entró victorioso, lo aclamaron como su Libertador. Todo el pueblo de Maturín se lanzó a las calles para aclamar a sus libertadores.
Los caciques Guanaguanay, Taguaya y Taguaza, con más de 1000 caribes, lucharon a su lado y le pidieron reunir un consejo de guerra. Bermúdez aceptó, y se reunieron para escuchar a los caciques.
Guanaguanay, habló y dijo: No hemos vencido aun, tenemos que liberar los pueblos de Aragua, Punceres y los Magueyes. Aragua es un punto estratégico, nos permitirá dominar el Guarapiche y destruir cualquier avanzada que venga de Punceres. Ese sitio nos importa mucho porque allí está el único hospital de toda esta zona. Aragua es lo que se dice la retaguardia del ejército.
Bermúdez agradeció a los caciques su participación y sus sabios consejos; y dijo: Tomaré de inmediato las previsiones que amerita su planteamiento. Avanzaremos hoy mismo sobre Aragua.   
Bermúdez se encargó del gobierno militar de Maturín juramentado por el Cabildo en pleno; con la complacencia del pueblo. Y ese mismo día 2 de febrero de 1813, dictó sus primeras previsiones que fueron: dar a las víctimas en la batalla cristiana sepultura. A tal efecto, se ofició una misa de campaña en el cementerio de Maturín, oficiada por el sacerdote patriota Manuel Gregorio Pérez de Aguilera. 
Águila Blanca se encargó de instalar en algunas carpas, un hospital militar, bajo la responsabilidad de Guanaguanay, porque no había médicos ni enfermeras; a esos efectos trajo a un sabio anciano piacha Kaima Caribe, que aplicó con éxito a los heridos la medicina indígena, sobre todo demostró las propiedades cicatrizantes de la sábila que aliviaba de inmediato.
Bermúdez se encargó personalmente del entrenamiento de los reclutas, para los cuales ordenó que se les enseñara el uso del fusil de guerra. Este ejército reunió una extraordinaria oficialidad, de la cual ya hemos mencionado algunos nombres de las principales figuras.
Bermúdez también le envió a Mariño un cargamento de armas y municiones del arsenal de Manuel de Villapol; y le informó con detalle sobre el triunfo de las armas libertadoras, que abre las puertas de la mejor despensa de oriente, y la mejor ganadería de la provincia.
Es inimaginable, 8000 soldados españoles no sabían que estaba sucediendo, Guiria se había convertido en un hervidero de patriotas, venían de las Antillas, Margarita, Carúpano, Cumaná, de la misma Guiria, Irapa y sus alrededores, a prestar servicio bajo las banderas de Mariño.
Bermúdez resultó herido de un lanzazo en el hombro izquierdo en la primera batalla de Maturín, y por su carácter descuidó la herida con desprecio de su vida; y a los pocos días le dio fiebre y se le notaba muy mal. Entonces llamó a Piar, y le dijo:
No puedo seguir al frente de este destacamento, y Usted es el Jefe de mayor experiencia. Por lo tanto, lo dejo en el mando y marcharé a Irapa, a recuperar mis fuerzas.
Piar le respondió. Usted es un comandante victorioso. Me siento bien bajo sus banderas; pero sé cumplir las órdenes de mis superiores. Por mi patria y por mi pueblo, juro que cumpliré con honor.  
A finales de febrero Bermúdez atravesaba el Golfo de Paria con rumbo a Irapa
Los escarceos de los dos bandos, patriotas y realistas son de diario acontecer en el golfo, pero en esa ocasión Bernardo Bermúdez que venía preparado para vencer atacó y destrozó una de las flecheras de Gavanzo. 
Informado Cervériz, ordena; la persecución de Bermúdez, logran rodearlo, lo rinden y apresan. 
El médico Dr. Alonso Ruiz Moreno, que tenía su casa y hacienda en Yaguaraparo, atiende los presos de Cervériz; es gran amigo de los Bermúdez y de doña Soledad Arismendi.  Cervériz quiere fusilar a Bernardo Bermúdez, al pie de un centenario Totumo, en la Plaza Principal. El Dr. Alfonso Ruiz Moreno se opone. Cervériz respetaba a Ruiz Moreno, pues fue médico del ejército español y Prior Director del Hospital de Cumaná fundado por Vicente Emparan, cuando fue gobernador de Cumaná. Cervériz accedió y lo dejó preso bajo su cuidado.
Cervériz, aprovechó un descuido del Dr. Ruiz Moreno, entro en la enfermería donde dormía Bermúdez y lo asesinó cobardemente.  
Al saber lo ocurrido el Dr. Ruiz Moreno acudió al sitio y recrimina a Cervériz su cobardía y crueldad, y tomando el cuerpo inerte de Bernardo que era su amigo, y se lo llevó a su casa en la hacienda denominada el “Otro Lado” (del río Cumaná, de Yaguaraparo) donde fue velado; y envió una comisión a Irapa en busca de doña Soledad Arismendi. 
Cervériz, después del crimen salió con una partida hacia Carúpano. El sepelio de Bernardo Bermúdez se efectuó el día siguiente, pero no se tiene certeza sobre el lugar del entierro, en cuál de los lados del río y poblaciones fue sepultado, si en el mausoleo de Doña Soledad Arismendi en Irapa, o en la población de Yaguaraparo, en el cementerio que fue demolido en 1910.
No hubo tal impase entre Piar y Bernardo Bermúdez, como dicen muchos historiadores y cronistas; es difícil creer que Piar pudiese desplazar a Bermúdez por la fuerza, ni por las razones que fuesen, y mucho menos porque sus tropas prefiriesen el mando de Piar. Fue un hecho que la intriga convirtió en suceso; según cuentan algunos porque Piar tenía un grado militar superior, y otros, por desacuerdos en el comando de las tropas, o por la estrategia a seguir, cuando aún no se había presentado ninguna contingencia; otros dicen que entre Piar y Bermúdez, se produjo un altercado por cuestiones raciales, por favor. Que Bernardo Bermúdez se separó del mando y partió hacia Irapa para incorporarse al ejército de Mariño, esto es imposible porque estaba herido y su salud se resentía con la fiebre. Es impensable que Piar pudiese faltarle el respeto a Bernardo Bermúdez. La única verdad es que Bermúdez fue herido de un lanzazo en el encuentro con González, batiéndose como un león en defensa de su Patria, como tenía que ser.
Al tener conocimiento en Irapa,  el comandante José Francisco Bermúdez, que su hermano  Bernardo Bermúdez, estaba herido y hospitalizado en  Yaguaraparo, ataca esta posición; por lo cual Gavasso abandona la plaza con su escuadrilla y deja en el mando al Coronel Cervériz, el cual, en un acto de cobardía inexplicable,  ordena  la ejecución sumaria  del comandante Bernardo  Bermúdez, en el famoso Totumo;  hecho desgraciado que va a traer funestas consecuencias para los colonos españoles de la zona, a los cuales José Francisco Bermúdez les declara una guerra implacable.



La venganza de José Francisco por la muerte de su hermano Bernardo en 1813, no ha sido bien contada, pero se sabe que fue terrible, porque José Francisco se convirtió en una fiera insaciable de sangre. El respondió con guerra a muerte a los españoles, antes de que el Libertador la decretara.

En una carta a sus sobrinos, escribe don Andrés Level de Goda, algunos extremos interesantes que ustedes, mis lectores, podrán meditar y sacar conclusiones.

Dice don Andrés, que él le contó el crimen cometido por el capitán Cervériz, al Rey Fernando VII, en los siguientes términos, copio:

“Sabido que fue por Cervériz en Yaguaraparo, nuestra retirada, evacuó el punto haciendo ejecutar a vuestro tío Bernardo, pero de un modo tan bárbaro que me abstengo de referíroslo, porque se me estremece la memoria y no puedo hacerlo. Con mucha dificultad y obligado lo referí a Fernando VII, en 1814, y se estremeció. Bernardo fue apresado con dos negros, una hembra propia suya, que vendió Cervériz en la isla de Barbados, y un varón de vuestro tío José Francisco Pueblo, General, que se adjudicó el mismo Cerveriz, para criado de mano y llevó a Madrid.

El negro allí se presentó al Rey, contándole con su mala explicación y peor idioma, no ser esclavo de Cerveriz sino mío, porque a su amo lo habían matado, y su otro amo estaba muy lejos. Con este motivo fui llamado a la presencia del Rey, quien me exigió completa explicación y se la di de todo el acontecimiento y de la verdadera propiedad del negro. El Rey le mandó dar la libertad.
 
         El terrible Ayax jura la guerra a muerte en venganza de su hermano y comienza a cumplirla implacablemente. En su entrada a Cumaná con Mariño ese año de 1813, su espada vengadora también se tiñó de sangre con los prisioneros.


En Maturín a Bernardo Bermúdez, deberían levantar un monumento a su patriotismo. Debería reconocérsele como el primer libertador de Maturín. 

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