martes, 4 de octubre de 2016

CUMBRES DE LA POESÍA CASTELLANA



RAMÓN BADARACCO








CUMBRES DE LA POESIA VENEZOLANA






Cumaná, 2014






Autor: Tulio Ramón Badaracco Rivero
Que  firma Ramón Badaracco
Título de la obra: CUMBRES DE LA POESIA VENEZOLANA
Diseño de la cubierta  R. B.
Ilustración de la cubierta  R. B.
Depósito legal
Impreso en Cumaná

cronista40@hotmail .com
academia.sucre@gmail.com
Cel. 0416-8114374
































RAMÓN BADARACCO







EL EXCELSO POETA JOSÉ ANTONIO  RAMOS  SUCRE

“Quinta esencia de símbolos”  (Luis Beltrán Guerrero)
















CUMANA 1996.













Autor: Tulio Ramón Badaracco Rivero
Que firma Ramón Badaracco
Título de la obra:
EL EXCELSO POETA JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE
Diseño de la cubierta  R. B.
Ilustración de la cubierta  R. B.
Depósito legal
Impreso en Cumaná

cronista40@hotmail .com
academia.sucre@gmail.com
Cel. 0416-8114374















A MANERA DE INTRODUCCIÓN:

CARTA DE MARCO TULIO BADARACCO BERMÚDEZ

                         Cumaná, 18 de octubre de 1915

Señor Dn. y Dr.
JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE
Caracas.-

                                                           En este mismo momento acaba de traerme Candelario, el secular repartidor de cartas de la tierruca, tu grata y caprichosa misiva, que he comenzado a contestar con tantos títulos y calificativos merecidos para ti,  pero antes de seguir debo aclarar un asunto viejo y del que hasta la fecha no sé quién sea el autor…Es el caso que hace ya muchos días, meses quizá, recibí un telegrama firmado José Antonio, en el que se me participaba que Miguel había tenido un lance con Simón Núñez García y que había detalles graciosos que se me darían por correspondencia… Recibí después una carta en la que se me refería el cómico lance, sin desgracias que lamentar, y que me sostuvo por unos días, como cuajada, una sonrisa irónica sobre los labios: esta sonrisa llamó la atención  de mis cuasi ergos Machado y Ramón David, quienes tanto inquirieron que al fin tuve que confesar la embuchada… Bueno, esa carta recibida por mí no tenía firma y entonces cometí la indiscreción de escribirte preguntándote si eran cosas tuyas; mas no obtuve contestación y me he quedado a la luna de Valencia. ¿por acaso fuiste el autor de esa rara comunicación?

                                                           Ahora a tu carta presente. Tuve noticias por Ramón David de tus exámenes y hasta tu grado, que así me aseguró él que había sucedido; aunque le discutí acaloradamente que no debía ser cierto. (Tú debes recordar que aquí en Polvópolis se discuten hasta las cosas más triviales con un entetemente terrible, como que de allí dependiera indiscutiblemente nuestro porvenir) y ahora sé que has tenido luchas que has debido esperar siempre, pues tú sabes que en Caracas te hostilizan todos los partidarios del Dr., Guevara y que la mayoría de los abogados verá con malos instintos que se levante un joven abogado que los supere en sabiduría y en criterio; además tendrás también como enemigos a los que escriben disparates que son muchos en la República, porque ven en ti un competidor formidable, con una consistente organización alemana aunada a una concisión británica y una claridad y talentos latinos de marca francesa. Nada debe por consiguiente cogerte de sorpresa y todas las cosas malas y los contratiempos te deben ser familiares porque ellos estarán constantemente sobre tu sendero obstruyéndolo… ¡”Palante y suba el cerro”! arenga fatalista y sapiente del Gral. Juan Concho, el viejo cacique de Cocollar, y que debe ser divisa de la juventud venezolana, que riñe su batalla por la vida en faz con un enemigo poderoso y cobarde que esgrime toda clase de armas…

Machado ha escrito algunas crónicas, bien escritas por supuesto, como casi todo lo que sale de su pluma siempre fresca y humedecida de ironía. Yo escribí una titulada “Alma Latina” que ojalá leyeras, para que me dieras tu opinión, olvidando por descontado que eres de ideas más avanzadas antes de emitir tu severo juicio. El periódico siempre se te manda.

El movimiento intelectual, ya que dejó de ser literario, es casi nulo. Libros viejos, periódicos atrasados, sin revistas, sin canje de ideas, sin luces de ningún punto del horizonte de la ciencia y del arte que cada día se hace menos sensible y se pierde más en el pasado…! Como estoy cerca de la Biblioteca, he leído algo en estos tiempos y al presente estudio una obra regalo de tu familia titulada: Un Siecle, mouvemente du monde de 1800 a 1900; que me ha parecido soberbia. Te estimaría mucho que al escribirme me recomendaras alguna obra de los afamados intelectuales franceses, útil y leíble en la modorra de nuestro solar nativo, para luego encargarla.

Salúdame con toda cordialidad y con afecto a misia Rita, supe lo sucedido a Carmencita y lamentamos todos por casa el terrible accidente, dales mis  cariños a Miguel, le dirás que modere ese tremendo carácter  y que como va la historia, y a Luis, que le dé muchas memorias a Edmé y a misia Adela.  Imagino que Don Mateo sea ya hombre muerto.

Recibe el abrazo de quien bien te quiere.

Salúdame muy cordialmente a Juan Miguel y a los Pensini a quienes no olvido.
                                                           A Juan Miguel siempre lo recordamos aquí en nuestras idas al campo. Vale.





Conmovedora oración del Dr. Badaracco, en el Cementerio de Cumaná, ante el `pueblo y la tumba del excelso poeta Dr. José Antonio Ramos Sucre.  Cumaná, 1930.

Señores

De nuevo, tras larga ausencia, vuelve a nosotros, y esta vez para siempre, el sabio coterráneo y amigo inolvidable que en días ya lejanos se desgarró del solar nativo, en pos de nuevas fuentes que colmaran su sed de ciencias.

Se radicó en Caracas, hogar protector del mérito. Hizo en ella estudios mayores hasta doctorarse de abogado. Pero fue su vocación decidida el estudio de humanidades, y en esta Facultad, a la edad suya puede asegurarse que no tuvo iguales en su País.

Poseía varios idiomas, vivos y muertos, y conocimientos generales de ciencias y artes. Su erudición era sombrosa. Como de un gran polígrafo hispano, podía decirse de él, que era una ¨biblioteca ambulante¨. Retraído y absorbido en el estudio se deslizó su vida sin ruido ni vanidades, lejos del ditirambo enloquecedor y las complacencias mundanas. Fue un solitario, pero no hosco ni sombrío, sino más bien risueño y locuaz.

De esa manera de ser suya tan concentrada y rara, participa su prosa, torturada y fulgente, como joya salida de algún taller de Florencia. Murió joven, cuando las letras patrias tanto esperaban de él, cuando su enorme preparación científica y literaria lo empujaba a escribir la obra que fuera para los postreros, como la consagración definitiva del saber de Ramos Sucre. Se apagaron sus días, distante, de su familia y amigos de la infancia, muchos de ellos presentes en este homenaje a sus grandes méritos.

En todo tiempo recordó a cuantos sentían por él verdadero afecto. Quiso mucho a Cumaná, ¡Oh Mucho! Sus desgracias e infortunios lo conmovieron reciamente; su espíritu siempre varonil se enorgullecía hasta el delirio. Así, al entregar a la tierra los despojos mortales del malogrado compañero, reviviendo tantos recuerdos, pensamos que con él desaparece uno de nuestros más altos valores intelectuales, en estos tiempos tan pobres de ideales, si bien fecundos en actividades fabriles.

Lo ejemplar de su vida, su paciente lucha diaria por abrirse camino a despecho de la adversa fortuna; el método rigurosamente científico que se impuso en sus estudios, para no saber de segunda mano lo que le importaba saber; aquella manera de escribir suya tan honda y fuerte, como sometida siempre a recias disciplinas, bien puede servir de pauta a los que anhelan sobresalir en el conocimiento exacto de alguna ciencia.

Difícilmente podrá ser sustituido Ramos Sucre; el tiempo actual corre con asombrosa rapidez, y fuerzas múltiples solicita al hombre en todas direcciones. Los estudios prácticos se multiplican por la precisión y brevedad de los nuevos métodos. La erudición va cediendo el campo al sentido práctico.             

Es pues mérito muy alto en nuestros días investigar orígenes y causas remotas, que requieren profundo estudio y paciente disposición. Lo comprendía también así nuestro malogrado amigo pero el deseo ingente de leer y estudiar de continuo, apagaba en él, cualquier otro deseo y por eso aparecía entre sus compañeros como un excéntrico. ¡Pobre amigo muerto! Tu desaparición tan lejos de nosotros nos ha conmovido dolorosamente. Los sentidos homenajes que tributan hoy a tu memoria, desde los altos poderes del Estado que presiden dignamente el General Pedro Pablo Montenegro, secundados por compatriotas ilustrados y cultos que supieron valorar tus merecimientos, hasta los pobres hijos del pueblo que en romería piadosa te acompañan a tu ultimo asilo, todos, todos penetrados de intenso dolor, deploran tu trise fin prematuro;  y a la tierra que recogió tu primera lágrima y cuyos recientes infortunios tanto te movieron a compasión,  te reciben hoy en su seno, como siempre lo deseaste,  con el amor de una madre por el mejor de sus hijos.   


DE SU POESÍA.


El excelso poeta José Antonio Ramos Sucre, nació en Cumaná el 9 de junio de 1890; fueron sus ilustres padres don Jerónimo Ramos Martínez y doña Rita Sucre Sucre, descendiente de don Jerónimo Sucre y Alcalá, hermano del Mariscal. Entre sus tíos maternos estaba el presbítero José Antonio Ramos Martínez, que a la vez fue su verdadero maestro, aunque también fue un alumno destacado del colegio Nacional de Cumana, cuyo rector fue el maestro Silverio González Varela, y su maestro de castellano y literatura fue Domingo Badaracco Bermúdez. 

Ya es difícil buscar las huellas cuotidianas del poeta. Aprenderlo desde sus actos se hace cada vez más angustioso, sin embargo los críticos lo renacen desde la palabra y van tejiendo conjeturas míticas que lo devuelven inasible.

 Fernando Paz Castillo lo dice así:

“Su manera de vivir, incomprendida y maniática… Muchos de sus poemas, que no otra cosa resultan sus escritos, son reminiscencias, más que de la lectura, de las láminas que ilustran viejos libros… en un temperamento poético. Sólo que carece del dominio de la rima…”.

Veamos un texto tomado al azar, a ver si tiene sentido esta opinión, del crítico, me refiero a

DUELO DE ARRABAL

En la pobre vivienda de suelo desnudo,
Alumbrada con una lámpara mezquina,
Las mujeres se congregaron a llorar.
Fuertes o extenuados alternativamente
No cesaban los trémulos sollozos
Palabras ahogadas y confusas
Escapaban de los pechos sacudidos,
Gestos de dolor suplicaban a los cielos mudos.

En torno de un pequeño ataúd crecía
el clamor y llegaba al delirio;
contenía el cuerpo de un niño arrebatado
por la muerte a la vida de arrabal.
Hacia un rincón estaban reunidos
En haz los juguetes recién abandonados
Junto a los pobres útiles de industrias femeninas,
Y, en irónica ofrenda a los pies del crucifijo,
las drogas sobre la mesa descubierta.
Nobles sacrificios fracasaron en resguardo de su vida;
El consumo del ahorro miserable,
Los días de zozobra, las noches de vigilia.
Aquel día, cuando la oscuridad prosperaba
Hasta el ocaso tinto de sangrante sol,
Vino la muerte al amparo de las sombras leves
y benignas, con fría palidez sellando su victoria.

Vino a aquella mansión, como a otras muchas;
un mal tremendo como aquel que de orden divina
diezma los primogénitos de Egipto,
apenas dejó casa pobre sin luto
Por su influjo tuvieron de cuna el seno
de la tierra, innumerables niños,
despedidos por coros gemebundos,
Lamentados con llanto breve y clamoroso,
El llanto de quienes en la vida sin paz tienen
Peor enemigo que la muerte.

Veamos cómo debe verse:

En este texto se aprecia el estro del poeta, su inspiración, su dolor ante la terrible circunstancia, que relata crudamente, con grito de impotencia.

Se le puede perdonar a Paz Castillo, su modo de decir del poeta, porque no lo entendió ni lo conoció verdaderamente, es cierto que lo trató y le oyó recitar sus poemas, pero no penetró en él.  En esos tiempos era considerado ¨enigmático¨.

Sólo aquellos que lo trataron desde su más tierna infancia, pueden decir como era y cuanto sabía. Mis padres lo tuvieron ¨tan cerca¨ y nos trasmiten tanto de él, que sería criminal no dar el testimonio que hemos recibido. Por ejemplo, su madre Doña Rita, fue vecina de la mía, que aún conserva en el recuerdo muchas de sus celebradas anécdotas. El Dr. Luis Ramos Sucre, padrino de mi hermana Tulia, visitaba cuotidianamente la casa de mis padres; y cuando éstos iban a Caracas, llegaban a su casa; entonces nadie puede como ellos hablar de la personalidad del poeta.

Mi padre decía que José Antonio, tenía una memoria de elefante. Cierta vez llegaron a una pensión en Caracas,  en la cual las habitaciones estaban separadas con tabiques de madera. Al lado, unos estudiantes de medicina, intentaban aprenderse de memoria toda la anatomía y sobre todo los nombres de los huesos del pie. José Antonio, estaba insomne oyéndolos. Al otro día, durante el desayuno, los jóvenes trataron de memorizar las lecturas de la noche, y no atinaban, entonces el poeta se acercó a la mesa de los estudiantes, y les recitó sus lecturas de la noche. Mi padre agregaba: “y además les corregía la acentuación y la puntuación”.

`José Antonio Ramos Sucre no necesitaba describir láminas de viejos libros, sus lecturas impenitentes las tenía grabadas en su privilegiada memoria, lo que pasa es, que los críticos no pueden salvar sus limitaciones, y muchas veces son incapaces de entender la sabiduría. Decir que José Antonio no conocía la rima es desconocer lo que significaba ser el mejor alumno del maestro Silverito y del Dr. Badaracco.

Vamos a ver el extraordinario texto:


El episodio del nostálgico.

“Siento, asomado a la ventana,
la imagen asidua de la patria.
La nieve esmalta la ciudad extranjera.

La luna prende un fanal en el tope de cada torre.
Las aves procelarias descansan del océano,
vestidas de edredón.

Protejo, desde ayer,
a la huérfana del caballero taciturno,
de origen ignorado.
Refiere sobresaltos y peligros,
fugas improvisas sobre caballos asustados
y en barcos náufragos.
Añade observaciones singulares,
indicio de una inteligencia acelerada por la calamidad.

Duda si era su padre el caballero difunto.
Nunca lo vio sonreír.
Sacaba, a veces, un medallón vacío.
Miraba ansiosamente el reloj
de hechura antigua, de campanada puntual.
Nadie consigue entender el mecanismo.

He espantado, de su seno,
las mariposas negras del presagio”. 


                                                           Yo les digo: Hay lectores que dicen que no entienden nada de este poema, en el cual el poeta solo cuenta, en su estilo, con dominio inigualable de nuestra lengua, lo que ve desde una ventana.

                                                           Se me ocurre, en relación con el término maniático, empleado por Paz Castillo para definir la personalidad de José Antonio Ramos Sucre, que este término puede utilizarse en dos sentidos: negativo y positivo; en el primer caso puede tratarse de una persona que tenga por costumbre meterse los dedos en la nariz o en el trasero, etc.; y en el segundo, puede tratarse de una persona maniática de la limpieza, de caminar por la noche estrellada en las callejuelas de la antigua Pastora, leer incansablemente en búsqueda de la sabiduría, y pasar sus cuarenta días en el desierto; y entonces es cierto, José Antonio era un maniático estupendo que tenía la manía de adquirir sabiduría y escribir bien, de trabajar y enseñar.

                                                           Por mi parte creo eso, tenía la manía de escribir bien, de trabajar y enseñar, de aprender idiomas y otras culturas, y sobre todo, tenía la manía de querer ser sabio. Paz Castillo tampoco entiende el ejercicio de querer ser sabio. Paz Castillo tampoco entiende el ejercicio filológico y gramatical, empleado por José Antonio, cuando suprime el “que”, y no sólo el “que”, sino que también elige los pronombres: ¨cual, cuales, cuanto¨, etc.; y el crítico debe colocarse ante estas realidades, tomándolas como retos del mismo enigma. Me imagino la confusión de Paz Castillo, en su época, leyendo “La Venganza del Dios”, “El Canto Anhelante”, y los demás de ese estilo.

Veamos esta maravillosa página, que titula “Ocaso”

“Mi alma se deleita contemplando el cielo a trechos azul o nublado, al arrullo de valse delicioso. Imita la quietud del ave se apresta a descansar durante la noche que avecina. Bendice el avance de la sombra, como el de una virgen tímida a la cita, al recogerse el día y su cohorte de importunos rumores. Crecen silenciosamente sus negros velos, tornándose cada vez más densos, hasta dar por el tinte uniforme y el suave desliz la ilusión de un mar de aguas sedantes y maléficas.

Envuelto en la obscuridad providente, imagino el solaz de yacer olvidado en el seno de un abismo incalculable, emulando la fortuna de aquellos personajes que el desvariado ingenio asiático describe, felizmente cautivos por la fascinación de alguna divinidad marina en el laberinto de fantásticas grutas.

Expiran los sones del valse delicioso cuando el sol difunde sus postreras luces sobre el remanso de la tarde. A favor del ambiente ya callado y obscuro disfrutan mis sentidos su merecida tregua de lebreles
alertos. Y a detener sobre mi frente el perezoso giro de su vuelo, surge del seno de la sombra el vampiro de las melancolías”.

Entonces digo yo: Por supuesto que hay que leerlas muchas veces,  para venerar cada palabra,  para ubicar al poeta; pero él nos da muchas pistas, y en la segunda o tercera vez, lo vemos con toda claridad, inmenso como es en la imaginación y en la palabra,

Pero ahora, estudiosos como mi amigo Ludovico Silva, lo ven como un poeta volcado hacia el Siglo XX, es decir, un hombre que escribió en futuro, desamarrado del lastre medieval o renacentista, proyectado más allá de su tiempo rescatando el don profético como deben hacer los poetas. Y además, dice: “con antecedentes en Baudelaire y Rimbaud”.

Veamos lo que leyó ese gigante que se llamó Ludovico Silva:

EL OLVIDO

“Yo no pisaba las huellas del cazador extravagante. Quería evitar el contagio de su pesadumbre.

Morábamos vecinos en un país de belleza augusta. El azufre y demás fósiles predilectos del fuego se juntaban en la composición de la tierra. El cazador frecuentaba los montes de granito. Su gesto valiente se dibujaba en la zona del éter cándido. Una lumbre fugitiva dirigía sus pasos.

Había domesticado al ser más viejo entre las gamuzas repentinas. Acertaba de espaldas con el objeto de sus tiros.
No lo abordé sino una vez, para dar con el motivo de su desvío.
La manera grave de su discurso no me permitió recoger una vislumbre.
Había fabricado su cabaña a la sombra de un pino glacial.

Yo la visite furtivamente al advertir su ausencia de una semana. El cazador, libre de los efectos deletéreos de la muerte, yacía en un ataúd de piedra, El semblante helado, ajeno al pesar, no inspiraba conjeturas sobre la causa del fallecimiento. Un reguero de carbunclos magnéticos había caído de su diestra.

Un torrente, creado por la lluvia fortuita, arroja sobre la cabaña un sedimento de arena y promete cegarla”.  

Cuando leemos esta maravillosa estampa, comprendemos la grandeza interior y de la palabra del poeta.

Entonces nos acercamos a Ramón Sucre y lo hacemos convencidos absolutamente, que al traducir sus imágenes encontraremos la sabiduría, algo parecido a lo que le sucedía a los iniciados de la escuela esmeraldina, descubrían en los veintidós arcanos del templo de Hermes, la iluminación o lo que es lo mismo, la sabiduría.

Y… ¿Cómo fue ese proceso inductivo?

José Antonio pasó primero por las manos de su madre Doña Rita Sucre, ella lo inició, lo conduce con mano firme y segura, su padre muere en 1902 y en 1903 su tutor y maestro, el Padre José Antonio Ramos Martínez; termina la secundaria bajo la batuta del maestro Silverio González Varela y Domingo Badaracco, a quienes suplía para beneplácito de sus compañeros.

Estos maestros definen su personalidad.

Domingo Badaracco Bermúdez, lo llama “sabio coterráneo y amigo inolvidable”, dice que “fue un solitario pero no hosco ni sombrío, sino más bien risueño y locuaz. De esa manera de ser suya, tan concentrada y rara, participaba su prosa, torturada y fulgente como joya salida de algún taller de Florencia”, y agrega: “Lo ejemplar de su vida; su paciente lucha diaria por abrirse camino, a despecho de la adversa fortuna”.      

En estas sabias observaciones, hay más verdad sobre José Antonio, que en casi todo lo que he leído de los críticos.

Como él sabía lo que se comentaba de su personalidad siempre seria y pensativa, en 1911, en carta a su hermano Lorenzo, le dice: “Maria del Rosario Arias, habló conmigo una sola vez, antes de venirme para Caracas, y me recordaba afectuosamente por este único motivo. Se asombró de mi humildad y amenidad al conocerme”

Cruz María Salmerón Acosta, su condiscípulo, compañero de toda su infancia y juventud, le envía su poema “Cielo y Mar” con una dedicatoria que importa mucho: “A mi hermano”
   
Sus problemas de salud y su suicidio, no tienen nada que ver con sus textos, que son producto de su sabiduría. Desde muy temprana edad sus compañeros lo distinguían por su erudición.  Es condicionante el ambiente de la época, la posición, el cultivo de la poesía en el mundo del arte, la conducta de la sociedad cumanesa ante el fenómeno poético.

No hay que olvidar que esa época de oro de la poesía abonaba el camino del estudio y la praxis. Los editores de Cumaná, como en todo el mundo, publicaban en primera página poesías de los grandes poetas hispanoamericanos y, el pueblo las aprendía de memoria. Luego vinieron los Juegos Florales de Cumaná, había un ánimo de competencia. La poesía era la protagonista imprescindible de aquel momento tan importante de la historia. Nuestros poetas, como caballeros andantes, salieron a ganar galardones en el mundo hispánico, eran eventos olímpicos.

 No se puede aislar a José Antonio de sus coterráneos, de sus maestros, de la disciplina imperante, de la competencia cultural existente: José Antonio no es un producto aislado, como tampoco lo fue el Mariscal, ni Andrés Eloy. Cumaná como muchas otras ciudades de Venezuela y de
América, era una escuela importante, y tanto… Que podemos hacer una supervaloración de ello por sus frutos.

Pero queremos agregar algo que desmiente muchos mitos insultantes sobre José Antonio; él como Andrés Eloy, era el alma de toda tertulia. Mi padre dice que entre 19ll y 14, José Antonio formaba parte de la tertulia que mantenía el General Eliseo Sarmiento, a la sazón Presidente del Estado, formaban una Peña Literaria, con él, el Dr. F. Domínguez Acosta, Secretario General, y “autor de la inimitable leyenda explicativa del blasón de nuestro escudo regional, creado en esa administración”, los poetas Juan Miguel Alarcón, Juan Santaella y los Dr. Antonio Minguet Letteron y Dr. Domingo y Marco Tulio  Badaracco Bermúdez. Todos individuos de amplia cultura. La conversación del poeta entonces los cautivaba.


Que tiene de raro que un alma superior leyendo LAS METAMORFOSIS DE OVIDIO, por ejemplo aquel pasaje:

“De allí pasó Medea por cerca de la isla de Calaurea, consagrada a Latona, famosa por haber sido convertidos en aves su rey y reina. Dejado a su derecha el monte Cileno, en el cual Menefronte  había formado el designio de tener acceso con su madre, a manera de las más crueles fieras, descubrió a lo lejos a Cefisón  llorando la desgracia de su nieto, a quien Apolo habia trasformado  en lobo marino, y el alcázar de Eumelo, donde todos estaban de luto por la princesa,  su hija, que habia sido convertida en ave¨. 

Por escribir así, entonces, Ovidio estaba o era neurótico.

¡No…! era un genio, tampoco lo entendieron en la época que le tocó vivir. Sus familiares y amigos íntimos lo amaban. Cuando José Antonio muere, Cumaná llora inconsolable, testimonio de ello es la oración fúnebre del Dr. Domingo Badaracco Bermúdez, en el acto de inhumación; y eso: ¿Acaso nos acontece cuando muere un maniático?

José Antonio se quita la vida porque no pudo soportar la idea de frustración y la locura; porque se sentía enfermo y no obtuvo la respuesta médica necesaria.  Era una tortura insoportable.  Hay mucho más en sus escritos, sobre su personalidad, su filosofía, su fuerza creadora, de lo que fragmentariamente se ha dicho. Recordamos que él decía:

“Es natural que las enseñanzas de los genios sean enigmas, a nadie extraña que el caudal de agua caído desde muy alto sobre la tierra, la hiera profundamente y se envuelva en nieblas evanescentes”.

No puede ser sino un genio el que le escribió a su prima Dolores Emilia, dos días antes del intento de suicidio el 9 de junio, aniversario de su nacimiento, la carta de fecha 7-06-1930.

“Ayer recibí tu última carta y tu retrato en compañía de la dulce Leonor. Besé infinitas veces tu retrato. No te impacientes conmigo. Aún no he podido visitar Paris. Los trabajos de la Sociedad de las Naciones y la presencia de diplomáticos venezolanos en Ginebra me han impedido ausentarme. Yo te prometo dejarte satisfecha. 

Te advierto que mis dolores siguen tan crueles como cuando me consolabas en Caracas. Yo no me resigno a pasar el resto de mi vida, ¡quién sabe cuántos años!, en la decadencia mental. Toda la máquina se ha desorganizado. Temo muchísimo perder la voluntad para el trabajo. Todavía me afeito diariamente. Apenas leo. Descubro en mí un cambio
radical en el carácter. Pasado mañana cumplo cuarenta años y hace dos que no escribo una línea. Apenas puedo consolarme buscando la vida de enfermos ilustres a quienes la fatalidad apagó en plena juventud. Te ruego que no permitas la leyenda de que soy antropófago y salvaje y enemigo de la humanidad y de la mujer. Esa leyenda es obra de mis enemigos. Tu sabes que, al contrario, soy muy accesible, muy indulgente y jamás he lastimado a una mujer. 

Los médicos de Europa no han descubierto que es lo qué me derriba. Yo supongo que son pesares acumulados. Tú sabes que mi cadena fue siempre muy corta y muy pesada. Nací en el casa donde todo estaba prohibido.

Yo te suplico que disculpes estas confidencias. Beso las manos de las distinguidas primas y me despido así mismo de ti. Escríbeme’’. 

Para mí el crítico que más se ha acercado a la poesía de José Antonio, es Cristian Álvarez, sin embargo creo que intentar una explicación de sus poemas es tarea imposible, es como tratar de explicar los cuadros de Picazo.

La poesía de José Antonio tiene mucho de abstracción, sin embargo, nos deja rastros, pistas, ideas, su poesía parece nacer en el subconsciente, es una visión a veces dolorosa, un espejismo que Cristian Álvarez ubica en la edad media. Él dice:
                                                          
“encuentro imágenes de apariencia móvil y mutable que proceden de esa edad. Imágenes que en su mayoría refieren lecturas de temas de la literatura medieval, asumiendo formas, que aquél mundo de emociones originales y fantásticos sucesos memorables nuevamente retornan a la vida”.

Algo en que creo, acierta Cristian Álvarez, para intentar acercarse a José Antonio, y lo dice como alegato de profunda convicción, es que Ramos Sucre como Borges, es poeta lector, y como tal deja traslucir en sus poemas las apasionadas páginas de muchas horas de desvelo.  

CAPITULO II

RAMOS SUCRE EN INTERNET

Se trata de uno de los intelectuales más precoces y completos del siglo XX venezolano. La altura de su obra se explica al conocer su apasionamiento por los idiomas, y especialmente por el latín, que aprendió desde joven. Eugenio Montejo afirmó acerca de la poesía de Ramos Sucre que “el rechazo de la estrofa tradicional, del verso medido, con o sin rima, es otra derivación de su pesquisa idiomática”.

Aparte del latín, también estudió italiano, francés, inglés, alemán, sueco, holandés y griego, adquiriendo así un importante activo cultural que complementaba su formación en filosofía, derecho y literatura. Fue doctor en Ciencias Políticas. Ejerció como docente de idiomas y literatura e igualmente como abogado, llegando a ser juez civil. Los severos problemas nerviosos de Ramos Sucre le otorgaron un carácter oscuro a su obra. Por eso, hizo referencias de manera constante al dolor, al sufrimiento y a la paz de la muerte.

Un nuevo abordaje de la poesía

El maestro de las letras Gustavo Pereira fue merecedor, en 1997, del premio que otorga la Bienal de Literatura José Antonio Ramos Sucre, entonces en su duodécima edición. Él nos explica que la obra de Ramos Sucre es un caso excepcional en la poesía venezolana. “La suya es una escritura de rigurosa exactitud, tallada en erudición y perfeccionismo, pero al mismo tiempo en desdoblamiento y evasión imaginativa. En ella se expresa otro ser, un ser alterno escapado de un presente que tuvo por sombrío. Para sustraerse del mismo recreó mundos ilusorios, ajenos a toda contingencia del aquí y ahora, aunque un ejercicio de extrapolación puede depararnos sorpresas”.

Afirma Pereira que su importancia va más allá de ello: “En Ramos Sucre resalta ante todo el desafiante misterio de una poética que, apelando a antiguas simbologías envueltas en la niebla de escenarios y personajes lejanos e inciertos, es capaz de despertar un nuevo abordaje de la poesía”. En efecto, su poesía era tan novedosa que muchos no lograron reconocer el precoz planteamiento.

Pereira sigue explicando al poeta cumanés y redondea que era poseedor de: “una estética del desencanto y del misterio, manifestada en una prosa que en su tiempo confundió tanto a sus contemporáneos que solo unos pocos la consideraron poesía”. También cree Pereira que su generación se vio muy influida por Ramos Sucre. Considera que los jóvenes poetas de los años 60 que aprendieron “ante todo su rigor con el lenguaje, la importancia del estudio y los prodigios de la imaginación, gran encubridora de los sentimientos”.

Entre otros textos de Ramos Sucre, Pereira señala que memorizaban aquel Preludio que comenzaba: “Yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos”. Es por esto que para él “su poesía fue tan original que resulta difícil hallarle discípulos, aunque sí desventurados imitadores”. El texto citado por Pereira es una de esas claves que explican su decisión final.



Mi reino por un sueño

El director Costa Pelámides dirigió “Mi reino por un sueño”, una pieza teatral de José Antonio Barrios a la que integró fragmentos de 50 poemas del gran escritor y la convirtió en una cantata escénica. Para ello usó cantos tradicionales del oriente venezolano y música original de Pantelis Pelámides, su hermano. “Creo que el aporte fundamental de Ramos Sucre es haber conseguido fundir, en una singular creación, la poesía con la narrativa, con un fuerte arraigo en el mito y su simbología. La presencia del yo es otro valor indiscutible con una carga personal que se adelanta al existencialismo como movimiento literario y en eso nuestro poeta se emparenta nada más y nada menos que con el gran poeta griego Constantino Kavafis y con el portugués Fernando Pessoa”, dice Costa Pelámides. Con respecto al universo sentimental del autor, a través de su extensa obra, destaca la atemporalidad: “uno siente en él un mundo propio, que si bien es profundamente oscuro, deslumbra con su imaginario. Su sombra adquiere una importancia sin límites en el conjunto de la poesía venezolana, más allá de los siglos y de las antologías. No sólo posee un misticismo medieval sino también un esplendor bizantino que parece hacer necesaria su integración a nuestras artes escénicas”.

Sus obras

La Torre de Timón
La Torre de Timón es un libro de poemas en prosa y ensayos de carácter histórico escritos por el venezolano José Antonio Ramos Sucre (Cumaná9 de junio de 1890 - GinebraSuiza,13 de junio de 1930). Este libro lo publicó el poeta en 1925 1 e incluye sus dos obras previas - una versión modificada de Trizas de papel y Sobre las huellas de Humboldt - así como 52 textos inéditos.

Temática

En cuanto a su temática, se evidencia que en los escritos de La Torre de Timón, Ramos Sucre recurre a referencias históricas, literarias, mitológicas y, en especial, a la alabanza de héroes venezolanos de la Guerra de Independencia como Simón BolívarSantiago Mariño o José Francisco Bermúdez2 ; también y en muestra de su vasta formación humanista, hace referencia al artista renacentista Miguel Ángel, al explorador Alejandro de Humblodt; al historiador Tito Livio; a los poetas HomeroFriedrich Schiller y Percy Bysshe Shelley; a los gobernantes Felipe SegundoGeorge Washington y Oliver Cromwell, y al teólogo y filósofo católico Santo Tomás de Aquino.
Mención especial merece el poema «Al pie de un cipo» que como homenaje póstumo Ramos Sucre escribió sobre el poeta cumanés José María de la Roca Díaz (1885 – 1911) 3 .
En su libro Las Piedras Mágicas (1945), Carlos Augusto León analiza los textos de La Torre de Timón y concluye que en el caso específico del poema "El familiar" Ramos Sucre "se acerca al mundo extraterrenal de los muertos, la obsesión paralela de saltar fuera del espacio se hace presente cada vez más". 4 Esa referencia a la muerte en los textos de Ramos Sucre será observada también por otros críticos y admiradores en la temática que desarrolló en sus obras posteriores.
Otro tema presente en la obra es el filosófico-político. Considerando la pertenencia de José Antonio Ramos Sucre a la élite intelectual y burocrática del Gomecismo, nada sorprende que en su escrito «Tiempos Heroicos» haga una referencia a su ideólogo y apologista, el positivista venezolano Laureano Vallenilla Lanz. 5
Recepción

Por los artículos de prensa publicados en la época, se evidencia que a pesar de su difícil comprensión y lectura La Torre de Timón fue recibida con grandes elogios por parte de la crítica literaria 6 y representantes de la Generación de 1918Fernando Paz Castillo reconoció la dificultad de su lectura al sentenciar que no se escribió para ponerse en contacto con el público, “sino para aislarse más". 7 Por otra parte, Pedro Sotillo reconocía en los escritos de Ramos Sucre 3 causas de oscuridad: su sensibilidad excepcional; extensa cultura y manejo de una técnica retórica que le permite "personalizar la expresión". 8 . El escritor Enrique Bernardo Núñez calificó el libro como la reunión de las "sabias divagaciones" del poeta que "No eran tan perfectas como las que vinieron después". Asimismo reconoció que a pesar de la severidad de sus páginas las cuales "requieren un esfuerzo para advertir la gracia de sus contornos, vuelan tímidas palomas sensuales". 9

Notas y referencias

Volver arriba↑ ese mismo año se titula Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.
Volver arriba↑ Ver «Ramos Sucre: La violencia como sustancia poética» de Cósimo Mandrillo en Ramos Sucre ante la crítica, pp 129 y ss.
Volver arriba↑ José María Milá de la Roca Díaz padeció y murió por lepra que Ramos Sucre definió como“...la enfermedad que comparte con la locura el carácter de sagrada”; ver José Antonio Ramos Sucre, Obra Completa, de la Biblioteca Ayacucho, p 27. La lepra también afectó al poeta Cruz María Salmerón Acosta (1892-1929), amigo y condiscípulo de Ramos Sucre.
Volver arriba↑ Ver Las Piedras Mágicas en Ramos Sucre ante la crítica, pp 39 y ss.
Volver arriba↑ Ver José Antonio Ramos Sucre, Obra Completa, de la Biblioteca Ayacucho, pp 12-13
Volver arriba↑ Ver Ramos Sucre ante la crítica de Jesús Sanoja Hernández
Volver arriba↑ Ver «El solitario de la Torre de Timón» en Ramos Sucre ante la crítica, pp 17 y ss.
Volver arriba↑ Ver «Sobre el cumanes José A. Ramos Sucre» en Ramos Sucre ante la crítica, pp 24 y ss.
Volver arriba↑ Ver J. A. Ramos Sucre en Ramos Sucre ante la crítica, pp 36 y ss.
Bibliografía utilizada

Ramos Sucre, José Antonio (1989, primera reimpresión). Obra Poética, Colección Letras de Venezuela 66, Serie Poesía. Caracas: Ediciones Dirección de la Cultura U.C.V. ISBN 980-00-0366-5.
Ramos Sucre, José Antonio (1988). Las Formas del Fuego. Madrid: Siruela (colección "El ojo sin parpado"). OCLC 19047132. 8485876849 9788485876846.
Vera, Elena (1981). "José Antonio Ramos Sucre" en 25 Clásicos Venezolanos, coordinado e introducido por Guillermo Morón. Caracas: Escuela Técnica "Don Bosco"/MENEVEN.OCLC 10659695.
Ramos Sucre, José Antonio (1980). Obra Completa. Caracas: Biblioteca Ayacucho, Vol. LXXIII. ISBN 84-660-0045-3.
Sanoja Hernández, Jesús (1980). Ramos Sucre ante la crítica. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana. OCLC 432754661.
Pérez Perdomo, Francisco (recopilador) (1969). Antología de José Antonio Ramos Sucre. Caracas: Monte Ávila Editores. OCLC 3754467.
Ministerio de Educación, Biblioteca Popular Venezolana (1956). José Antonio Ramos Sucre, Obras. Prólogo por Félix Armando Núñez. Caracas. OCLC 20924581.
Ramos Sucre, José Antonio (1925). La Torre de Timón. Caracas: Litografía y Tipografía Vargas. OCLC 16814041.
Ramos Sucre, José Antonio (1923). "Sobre las huellas de Humboldt". Caracas: Tipografía Mercantil.
Ramos Sucre, José Antonio (1921). Trizas de Papel. Caracas: Imprenta Bolívar.
Traducciones[editar]

1. José Antonio Ramos Sucre: Selected Works, translated by Guillermo Parra (New Orleans, LA: University of New Orleans Press, 2012). ISBN 978-1-60801-090-5
2. O mensageiro/ El mensajero, Floriano Martins (trad.), (n.t.) Revista Literaria em Tradução, nº 1 (set/2010), Fpolis/ Brasil, ISSN 2177-5141





DE LA MUERTE DEL POETA.


NOTICIAS DEL SEPELIO

CUMANÁ, BISEMANARIO SUCRE. No.546 del 9 de julio de 1930.

Noticia recibida ayer nos impone de que el cadáver del doctor José Antonio Ramos Sucre   será embarcado hoy en el vapor francés ¨Guadalupe¨ con rumbo a Venezuela.

Uno de los últimos deseos de inolvidable extinto, fue ser sepultado en Cumaná, su tierra nativa, donde su prematura desaparición ha sido unánimemente deplorada.

Los numerosos amigos y apreciadores del Dr. Ramos Sucre, unidos en un común sentimiento de afecto hacia su memoria, se aprestan a tributarle un postrer homenaje expresivo del sincero dolor que causó en todos la infausta nueva de su muerte

Por el anterior suelto de ¨La Esfera¨ de Caracas, de fecha 3 de julio calculamos que ya está próximo a su tierra el féretro de Ramos Sucre, y debemos estar preparados para el homenaje que habremos e rendirle.

 El pueblo cumanés sabrá tributarle al ilustrado coterráneo extinto la manifestación de duelo y aprecio que él merece.







ANDRÉS ELOY BLANCO


PROEMIO

Tránsito admirable de vida, noble, buena, valerosa, ejemplar, cumplida en medio de dolorosos tiempos, en medio también de la esperanza irrenunciable de la patria, fue la de Angelina (Lilina) Iturbe de Blanco, la eterna "Giraluna" de nuestro Andrés Eloy.

Su nombre forma parte esencial de la literatura venezolana, aquella forjada en la belleza y en el arte y, después, en el dolor y el sacrificio, en la justicia y en el bien, de quien supo detentar como pocos el don del talento poético y la templanza ciudadana: Andrés Eloy Blanco, quien cantó por igual a la esposa, a los hijos, a la patria y al pueblo, por el que sufrió persecuciones, cárceles, destierros al enfrentar a la barbarie, y junto al hombre y al poeta en su arriesgada lucha, la dulzura, la lealtad y la virtud de Lilina, novia, esposa y madre finalmente, la mujer sin igual que compartió con él las amarguras e infortunios que justificaron aún más su vida singular.

Nació doña Lilina en Carúpano el 12 de agosto de 1913, y con razón el poeta evocaba ante ella a: "nuestro mar...", "¡Qué bien está decir que el mar es tuyo/ que el mar es mío y que en el mar te arrullo/ con arrullo del mar de nuestra infancia!", mar apasionado y libre, al ofrecerle aquel amor oceánico:"azul para sembrarle quillas" y otros diferentes, pero en definitiva: "Un mar para tu amor, un mar sin olas,/ un mar que hicimos de silencios verdes", para permanecer con ella y sosegar las contrariedades de la vida.

Del recuerdo entrañable que comparte generoso su hijo Luis Felipe: "el sabio taciturno", surgen importantes detalles sobre doña Lilina: su padre don Eneas Iturbe, ingeniero de puertos, que participó en la construcción del que se hizo en el pueblo donde ella nació. Igualmente, su tío, el general Aquiles Iturbe, ingeniero y político, hombre de progresista iniciativa, presidente en varios estados, quien resolvió unirse a la conspiración de Pimentel en contra de Gómez, por lo cual fue confinado a la Rotunda desde 1919 a 1926. Otro de sus tíos, el doctor Juan Iturbe, fue un médico notable, académico, rector de la Universidad Central de Venezuela, parlamentario y laureado científico.

Durante una boda en Valencia, en el año de 1927, conoció Andrés Eloy a una hermosa niña: "en dos trenzas los cabellos", y el deslumbramiento al encontrarla quedó testimoniado en el magnífico poema: "Aparición de Giraluna", en el que expresa al contemplar: "Sus ojos, sus grandes ojos/ del color de las castañas,/ sus trenzas, sus largas trenzas/ del largo de su mirada...", su amor y su deseo de tener menos años, de que ella tuviese algunos más, y le inventó el sobrenombre de sus ilusiones con el que se le conocería para siempre, afirmando por fin: "...Encontré la giraluna,/la novia del girasol...".

Lilina esperó por su novio Andrés Eloy preso durante varios años próxima a su amor y a su familia, al mismo tiempo consecuente con la patria que reclamaba otro destino.

Lilina y Andrés Eloy se casaron en la Iglesia de San Juan en Caracas, el 17 de junio de 1944, matrimonio al que concurrieron amigos de distintas tendencias en torno a la convocatoria de amistad que inspiraban fraternos el poeta y su amada esposa.

Lilina, valiente y decidida, tuvo que afrontar junto al poeta momentos muy difíciles: los sucesos de 1945, la tarea ecuménica de Andrés Eloy en la Asamblea, su admirable y complejo ejercicio como canciller, las terribles consecuencias de la caída de Gallegos y el proceso de la dictadura, lo que como lo testimonia Luis Felipe: "hizo que no tuviéramos un domicilio  permanente, aventados  a la hospitalidad de nuestros tíos y abuelos que nos conminaban a no permanecer en la casa que apenas acababa de comprar...", y además señalaba: "recuerdo vívidamente las salidas de madrugada embojotado en cobijas y en el asiento trasero de un carro grande y negro de la Cancillería rumbo a la casa de algún primo, mientras mi madre se acogía a la de una hermana porque los murmullos eran incesantes...".

Salir de París...; una primera etapa del exilio en La Habana...; buscar sola y con riesgo a Andrés Eloy, hijo, en Venezuela...; partir y no poder volver a la hora dolorosa de su padre muerto...; otro país..., ahora era México solidario...; vivir con modestos recursos porque la honradez no permitió al poeta corromper los principios y beneficiarse del poder. No obstante, fueron esos los años entrañables en el hogar del dulce bien y la conciencia en paz, en la casa de:"Villa Lilina" donde: "Giraluna" fue escrita en su homenaje, hasta que el poeta murió el 21 de mayo de 1955, y ella se encargó de formar a los hijos y honrar aquel ejemplo.

Falleció doña Lilina un 25 de noviembre de 1983. Nos queda su recuerdo e inspirado por ella el legado que ofrece "Giraluna", tesoro inigualable del poeta: "La patria como es buena...", "sin cortarles el día...", "sin contarle la estrella...", "sin cortarles la tierra...", "sin dolor de palabra...", "sin mojar sus ojeras...", la patria verdadera de todos.



ANDRÉS ELOY BLANCO. EL POETA DE VENEZUELA.


Tenemos que rescatar al poeta Andrés Eloy Blanco para el proceso revolucionario. Es nuestro poeta, como Cristo, como Bolívar, Sucre, San Martín, Fidel, el Che Guevara, y el Titán Chávez, el poeta es nuestro, también es nuestro líder, nuestro Andrés Eloy, nuestro poeta, el poeta de Venezuela, hijo del notable y sabio médico cumanés, doctor Luis Felipe Blanco y su amada de toda la vida, doña Dolores Meaño.  El nació y vivió para la revolución, escribió con grillos en sus pies, nunca negoció sus talentos.  Nació en Cumaná el 6 de agosto de 1896 y murió perseguido, en el exilio, un grito de dolor recorrió el alma de los pueblos del mundo. Él lo había profetizado:


Y la que algo tiene y nadie sabe donde
Si en la leche, en la sangre o la placenta
Que el hijo vil se le eterniza dentro
Y el hijo grande se le muere afuera...


Estudió sus primeras letras con el maestro Alarcón, y la primaria en el Colegio Nacional bajo la rectoría de Don Silverio González Varela, maestro y guía de aquella generación, que se conjugaba con Domingo Badaracco, su maestro de gramática; estudió también parte de la primaria en la Asunción, en Margarita.

Pero sus mejores maestros fueron sus padres y su talento excepcional, que  se desarrolla y crece dentro del movimiento cultural, más allá del modernismo, que el mismo anima; lo que hemos dado en llamar la escuela de Cumaná, que produce “la generación de oro de Cumaná”.

Estudia bachillerato en Caracas, en el liceo “Andrés Bello”, bajo la tutoría de Don Rómulo Gallegos, que indudablemente fue su mentor y guía espiritual.

Se gradúa de abogado en la Universidad Central de Venezuela; y, vamos a recordar con don Mario Torrealba Lossi, que Andrés Eloy, inició su ejercicio profesional de abogado en San Fernando de Apure, y prestó servicios profesionales a Doña Bárbara, personaje que inmortalizó el maestro Gallegos, y que en la vida real se llamaba Pancha Vásquez, una mujer poderosa y salvaje de nuestro llano infinito. De ello da fe el propio Andrés Eloy, que dice:

“Fui el abogado de la bruta mujer, fea y oscura, como el puñado de tierra antes de que la mano creadora realizara la milagrosa transformación del barro en carne, de materia en verbo. Fui abogado del carbón antes del diamante. Fui abogado del barro antes del soplo”.

Hablar de Andrés Eloy es hablar de la poesía en grado superlativo, y a la sola mención de esa palabra, evocamos un mundo de ilusiones y fantasías, nos figuramos al poeta esclavo de sus sueños y de cuanto excita la voluntad de crear, lo que constituye su máximo anhelo. 

Andrés Eloy fue un revolucionario, un patriota que le tocó vivir la fea dictadura de Juan Vicente Gómez, fue un patriota a la manera de Martí, de Chávez, del Che Guevara, del mismo Cristo, de amor desbordado por su pueblo, pero como estamos hablando de poesía oigámoslo en su égloga a los hijos:



Lo que hay que ser es ser mejor
Y no decir que se es bueno
Ni que se es malo,
Lo que hay que hacer es amar
Lo libre en el ser humano,
Lo que hay que hacer es saber,
Alumbrarse ojos y manos
Y corazón y cabeza
Y después, ir alumbrando.
\
Lo que hay que dar es un modo
Sin decir lo que se ha dado,
Lo que hay que dar es modo
De no tener demasiado
Y un modo de que otros tengan
su modo de tener algo,
trabajo es lo que hay que dar
y su valor al trabajo
y al que trabaja en la fábrica
y al que trabaja en el campo
y al que trabaja en la mina
y al que trabaja en el barco,
lo que hay que darles es todo
luz y sangre, voz y manos,
y la paz y la alegría
que han de tener aquí abajo,
que para los de allá arriba
no hay porque apurarse tanto,
si ha de ser disposición
de Dios para el hombre honrado
darle tierra al darlo a luz
darle luz al enterrarlo
Por eso quiero hijo mío
Que te des a tus hermanos
Para que su bien pelees
Y nunca te este aislado
Bruto y amado del mundo
Te prefiero más que solo y sabio
A Dios que me de tormentos
a Dios que me dé quebrantos
Pero que no me dé un hijo
De corazón solitario


Tuve el privilegio de conocerlo el año 1945, en mi casa de San Francisco, cuando vino a develar el busto de Domingo Badaracco, fue su maestre de gramática.

Mi padre, en un discurso dedicado a la poesía de Andrés Eloy, decía:

 “La poesía es la máxima construcción de la palabra, en ella adquiere su armonía y resonancia. David, el lírico por excelencia, se dirige en salmos al Creador; el Corán que es la palabra revelada por Dios a Mahoma, se escribió en versos, y como decía el profeta del Islam: “Yo no soy poeta, el Corán no es obra mía, son las palabras de Alá, que resuenan por mi boca”...

La poesía es amor desbordado en la voz de Andrés Eloy. Escuchémoslo en tres tercetos y un cuarteto: del poema a su madre “A un año de tu luz”


De tu voz, de tu mano y de tu huella
Retorna a la niñez, donde palpita
Sangre de luz tu corazón de estrella

Eras cuidar el vaso y dar el vino,
Como el remanso, cuando da el lucero,
Pero se queda con lo cristalino.

Tenemos tu sonrisa iluminada;
Tu voz de trisagio y de tu misa
Le grita a mi dolor: ¡No ha muerto nada!

Con bosque y mar, con huracán y brisa,
Con esa misma muerte que te encierra,
De la gracia inmortal de tu sonrisa
Llenos están los cielos y la tierra.


“Salomón el hijo de David, dueño de la sabiduría infinita, también fue un inspirado divino, y el Cantar de los Cantares, el idilio sagrado, con la inextinguible fragancia de sus versos, traspasa el tiempo y nos entrega, la perfección de la palabra que en San Juan de La Cruz, es la imagen y encarnación de Dios”.

La inspiración de Andrés es su pueblo, su pobreza, su dolor, su desgarradura, están en su palabra.  Oigámoslo en el soneto “La Rima Pobre”:

Me das tu pan en tu mano amasado
Me das tu pan en tu fogón cocido
Me das tu pan en tu piedra molido
Me das tu pan en tu pilón pilado.

Me das tu rancho en tu palma arropado,
Me das tu lecho en tu rincón sumido,
Me das tu sorbo, a tu sed exprimido
Me das tu traje, en tu sudor sudado.

Me das, oh Juan, tú dame de mendigo,
Me das, oh Juan, tú toma de pobrero,
Tú clara fe, tu oscuro desabrigo,

Y yo te doy, por lo que dando espero,
El oscuro esperar con que te sigo
Y el claro corazón con que te quiero.


“Podemos pues, asegurar, que la poesía es el lenguaje de los dioses. Ningún metal es tan indestructible como ella, para resistir el embate de los siglos. Las efigies de los faraones, las pirámides mayas, las murallas incaicas, se han desfigurado, y por contraste, el Gilgamesh, los hupanishad, la Ilíada, la Odisea, la Divina Comedia, son para nosotros, la misma y fresca palabra del hombre trasmutado en mensajero de los dioses”.


Como por ejemplo “Angelitos Negros”

A mundo
La negra Juana
La mano que le pasó
Se me murió mi negrito
Si señó

Hay compadrito del alma
Tan sano que estaba el negro
Como yo me enflaquecía
lo media con mi cuerpo.
Yo no le miraba el pliegue
Yo no le acataba el hueso
Se me murió mi negrito
Dios lo tendría dispuesto
Ya lo tendrá colocao
como angelito del cielo…

Desengáñese comadre
Que no hay angelitos negros.

Si queda un pintor de santos
Si quedas un pintor de cielos
Que haga el cielo de mi tierra
con los tonos de mi pueblo
con su ángel de perla fina
con su ángel de medio pelo
con sus ángeles catires
con sus ángeles morenos
con sus angelitos blancos
con sus angelitos indios
con sus angelitos negros
que vayan comiendo mangos
por las barriadas del cielo

Si al cielo voy algún día
Tengo que hallarte en el cielo
angelitico del diablo
Serafín cucucero


Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintas angelitos
acuérdate de tu pueblo
y al lado del ángel rubio
y junto a un ángel trigueño
aunque la virgen sea blanca
píntame angelitos negros

Si sabes pintar tu tierra
Si has de [pintar tui cielo
Con su sol que tuesta blancos
Con su sol que suda negros
Porque para eso lo tienes
Calentito y de los buenos
Aunque la Virgen sea Blanca
Píntame angelitos negros.
.

“El poeta tiene el don de la creación de la palabra. Francisco de Quevedo y Villegas, el magno de Castilla, en su vastísima obra,  dio vida a una infinidad de palabras que duermen archivadas en los diccionarios, lo hizo no por rebuscamiento innecesario, sino por encontrar la voz  precisa, como por un imperioso deseo  de encerrar su pensamiento en un vocablo más exacto. Uno de sus críticos admira esa originalidad, y dice: “Quevedo deja la impresión de ir creando el lenguaje a medida que escribe”... y en cierta forma es cierto y así lo hacen los poetas. Lo mismo pasa con Andrés Eloy, él también va creando palabras con la misma propiedad de los dioses”.

Veámoslo en el soneto para Jacinto Fombona Pachano




Divino don para el servicio humano,
Humana entrega para el don divino,
Fuerza y bondad, viviente alejandrino,
Jacinto puro, mí querido hermano.

Vino sin par en la perfecta mano,
Vaso cabal para el perfecto vino,
De patria el ala y de linaje el trino,
Fombona el verso, el corazón pachano.

Y ahora estás, como tu vida entera,
Y así tan honda, así tan compañera,
Así tan natural como la muerte,

Y así ha de ser tu claridad sin mancha
Pues para merecerse y merecerte,
El tiempo es largo y Venezuela es ancha.



  Amigos, el poeta es un ser privilegiado, pues tiene la facultad de soñar y escribir sus sueños, verter en estrofas el pensamiento, que es lo mismo que construir, crear, crearlo todo en siete días, y darnos el aliento para vivir con algo en el corazón, con algo que nos deje ver la inmensidad del universo en la sencillez de un crucifijo.


Oigámoslo cuando canta a los hijos:

Por mi, ni un odio, hijo mío,
Ni un solo rencor por mí,
No derramar ni la sangre
Que cabe en un colibrí,

Ni andar cobrándole al hijo
La cuenta del padre ruin
Y no olvidar que las hijas
Del que me hiciera
Sufrir
Para ti han de ser
Sagradas
Como las hijas del Cid

“El poeta se encarga de la voz, de su acento y de su ritmo, es su misión; que no es dable a todos los que hablamos, ni habilidad usual de cuantos vivimos.   Darle sonoridad a la palabra y endulzar el oído y el alma, y que el tema irradie armonía y se fije en la memoria como hierro candente, en la medida de su perfección. Como el diamante, la poesía lleva en si, sus propios kilates, y en la virtud de sus fulgores lleva su precio”.

“La Poesía exalta la tradición, ilumina la leyenda, eleva la historia, aureola la geografía y la naturaleza; cuando la musa se inspira en el azul mentiroso de la montaña distante, o en la blanca espuma de la ola que rumorea sobre el añil del mar, o en la onda peregrina del río que se desliza musical, en su eterno viajar hacia el océano. La naturaleza va pasando en esa forma por el crisol de su imaginación; y así mismo pasa con los sucesos y los hombres y los símbolos”.

Rudolf Kesner, dijo, refiriéndose a Reiner María Rilke, que era poeta aunque no hiciera otra cosa que lavarse las manos, Lo mismo puede decirse de Andrés Eloy,   también era así, poeta a tiempo completo. En él era poesía todo acto, todo gesto. Sus manos, su cuerpo, se movían con la gracia de su voz.

Veámoslo en su Canto a España. .

Yo me hundí hasta los hombros en el mar de occidente,
Yo me hundí\ hasta las hombros en el mar de Colón,
Frente al Sol las pupilas, contra el viento la frente,
Y en la arena sin mancha sepultado el talón

Trajo hasta mí la brisa su cascabel de plata
Me acribilló los nervios la descarga solar
Mis pulmones cobraron un aliento pirata
Y corrió por mis venas toda el agua del mar.

Alcé los brazos húmedos a la celeste flama,
y cuando cayó en ellos el tropical fulgor
cada brazo creció como una rama
y cada mano se abrió como una flor. 


El poeta Rodolfo Moleiro, dice que:”Andrés Eloy era el intérprete admirable del sentimiento del pueblo, no se limitó en coplas y romances al simple suceder de las cosas, a la mera narración, sino que las voces del alma colectiva surgen en él rescatadas del prosaísmo, fuertemente penetradas por lo lírico”.  Y el sobrio crítico Mariano Picón Salas, define su personalidad poética, cuando dice: “Toda la variedad de un rico temperamento que va de lo concreto a lo abstracto, de lo popular a lo conceptista, en singular riqueza y gallardía verbal”.


Como no lo van a decir del poeta, que se hace amar en sus versos sencillos como   este: “Dedicación de la Mañana a Jesús de Galilea”:

Jesús, mi comandante,
Suprema fórmula de hombría,
Flor de Varón en la perfección última,
As de los Ases:
A la hora de salir el sol,
Yo te ofrezco el levante de mis ojos despiertos
Y la semilla hinchada de mi primera idea.



Andrés Eloy fue un exaltado declamador de su propia poesía; dramaturgo, orador elocuente, agradable charlista, creador, periodista agudo, humorista, escritor de personalísimo estilo, erudito y galano. En su extensa obra probó todos los ritmos y los múltiples metros del verso; su inspiración se desbordaba, fluía ligera y fácil, hay momentos en que parece salirse de la medida, como si al galope de su imaginación fecunda, una rima se adelantara a otra, disonando:

“Los cuatro que aquí estamos
Nacimos en la pura tierra de Venezuela
La del signo del éxodo, la madre de Bolívar
Y de Sucre y de Bello y de Urdaneta
Y de Gual y de Vargas y de un millón de grandes.
Más poblada en la gloria que en la tierra,
Y la que algo tiene y nadie sabe donde
Si en la leche, en la sangre o la placenta
Que el hijo vil se le eterniza dentro
Y el hijo grande se le muere afuera...



El inspirado poeta José Ramón Medina, hombre juicioso y buen crítico, en el prólogo de la obra poética de nuestro bardo, afirma que: “No se puede evocar la figura de Andrés Eloy Blanco sin dejar de imaginarlo en el seno de la generación literaria a la que perteneció. Esta generación es la del 18. Es una generación que rompe con el pasado.

Sin negar estas consideraciones, a beneficio de inventario, agregaremos: Que en su poesía integra su alma telúrica con inteligente y sentida interpretación  de su amor profundo por  la humanidad, por su terruño, su familia y especialmente por su madre a la que amó con ternura infinita y a la cual dedica sus más apasionadas églogas.

En las “Uvas del Tiempo” trasmite su infancia en la casona de Cumaná, y traslada a España, toda la dulzura que encerraba en su corazón y en el recuerdo de su casa y su familia, bajo la sombra en sus jardines. Esta casa, que es escuela, y que en su verbo ilumina y la cuenta y nos dice:

“Mi casona oriental, aquella casa
Con claustros coloniales, portón y enredaderas
El molino de viento y los granados
Los grandes libros de la biblioteca
Mis libros preferidos: tres tomos con imágenes
Que hablan de los reinos de la naturaleza
Al lado el gran corral, donde parece
Que hay dinero enterrado desde la independencia
El corral con guayabos y almendrones
Y el corral con peonías y cerezas
Y el gran parral que daba todo el año
Uvas más dulces que la miel de abejas”



Y en soneto a Diego Córdoba, su amor por este suelo amado se manifiesta en giros dulcísimos, que nos calan muy dentro del espíritu, y elevan a un plan de íntima comunicación con el poeta. Es parte de su obra sublime la cual podríamos titulares caprichosamente, como dibujos rítmicos, porque son pinturas de motivos y cada una encierra una perspectiva, un momento de emoción o de la propia vida del autor. Escuchémoslo en el soneto:

Desde que al corazón le dolió un ala
La usó en volar a la ciudad porteña
La de la luna con que el sueño sueña
La del río de amor con que resbala.

Del mar al pan de miel que la desala
Desde el golfo a la chara ribereña,
Cruzó sin pasaporte o contraseña
La Ciudad Marinera y Mariscala.

Tu ciudad mi ciudad, la ciudad nuestra
Donde busco al varón en cuya diestra
La espada es flor y la bondad capullo;

Y allí con él, digo tu nombre, Diego,
Y al corazón del Mariscal entrego
Tu corazón tan bueno como el suyo.



Andrés Eloy se ubica en esa generación poética venezolana formada por Fernando Paz Castillo, Luis Enrique Mármol, Rodolfo Moleiro, Alberto Arvelo Larriva, Arreaza Calatrava, Rufino Blanco Fombona y Eduardo Arroyo Lameda, generación ésta que en la pluma de Luis Beltrán Guerrero, era una generación de estetas que perseguían la belleza y la moral, que rendían por igual culto a la inteligencia y la virtud, y esto es verdad, pero Andrés Eloy definitivamente, pertenece a la escuela poética de Cumaná, que fue la más alta de su época no solo por sus maestros sino por su génesis, por su entrañable culto a su terruño y a sus cosas, y porque recibió ese don divino de su raza y de su entorno.  

Recordemos su poema SILENCIO

Cuando tú te quedes muda
Cuando yo me quede ciego,
Nos quedarán las manos y el silencio

Cuando tú te pongas vieja,
Cuando yo me ponga viejo,
Nos quedarán los labios y el silencio

Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto
Tendrán que enterrarnos juntos y en silencio

Y cuando tú resucites,
Cuando yo viva de nuevo
Nos volveremos a amar en silencio

Y cuando todo se acabe
Por siempre en el universo,
Será un silencio de amor el silencio


Es un poeta Cumanés, su escritura es nuestra, pertenece a nuestra escuela poética, igual que José Antonio Ramos Sucre y Humberto Guevara, tres estilos distintos de una misma escuela y de una misma época, con los que se forma la cumbre de la poética venezolana.
                  
         Andrés Eloy es un producto acabado de toda una generación y de un tiempo determinado, de toda una cultura que se inicio desde el nacimiento de Cumaná, porque Cumana nació como una escuela, y Andrés es la cumbre de esa cultura que se formó en este pueblo, y los poetas salieron a ganar laureles como caballeros andantes. Los Críticos no podrán nunca explicar el fenómeno Andrés Eloy como tampoco el de Ramos Sucre, sin penetrar en esa realidad. Cumaná era la Meca de la poesía, aquí se realizaban los Juego Florales más importantes de Venezuela, la poesía era la reina de las artes y corría por nuestras calles, como manantial inagotable. Es por ello que los críticos deberán interiorizar en el marco cultural de la época de oro de la poesía cumanesa.

         Andrés Eloy, después de su triunfo en Santander, se convierte en poeta mágico, su garganta se llena de voces y recorre todo el País, y luego se vuelca sobre todas América. Su Canto a España, lo universaliza; El Río de las Siete Estrellas, lo da a conocer como nativista nato; Angelitos Negros, lo populariza; sus poemas románticos como El Dulce Mal, lo descubren como poeta de sentimientos impredecibles; El Limonero del Señor y La Hija de Jairo, lo muestran como poeta de sentimientos cristianos, y Gira Luna, como el gran maestro como fue de la poesía universal.  Don Mario Torrealba Lossi dice: “Ese lauro, el de los Juegos Florales de Santander, auspiciado por la Real Academia de la Lengua Española, habría de significar un triunfo, no solo para su generación, sino para la lírica venezolana e hispanoamericana de todos los tiempos. Antes ni Bello, ni Pérez Bonalde, ni Darío, ni Lugones, tuvieron la suerte de recibir un premio, como ese, que hubiese deseado en la Grecia Antigua el propio Píndaro.

         La obra literaria de Andrés Eloy, va caminando con el amor de su pueblo,  desde su primer libro: “Tierras que me Oyeron”, su voz se mezcla con el alma del colectivo, después vendrán:  Poda, Barco de Piedra,  Baedeker 2000, Vargas Albacea de la Angustia, y tantos otros en sus diferentes facetas, y después Giraluna y el Mar,  A Un Año de Tu Luz, y, Canto a los Hijos, con los cuales demuestra ante el mundo sus kilates como poeta, pero siempre sin arriar banderas, porque en ellos vibra en su tierra y sus  querencias.

Y canten por la España ultramarina,
que dirá a los siglos con su voz colombina,
que el imperio español ni tiene fin,
¡Porque aquí, Madre mía, son barro de tu barro,
lobeznos de Bolívar, cachorros de Pizarro,
nietos de Moctezuma, hijos de San Martín!

Y que una voz refleje la exaltación suprema,
por el prodigio vasco sintetice el poema;
¡por el prodigio vasco! Tierra de Rentería,
donde el primer Bolívar, mirando al mar un día
pudo decir: También Vizcaya es ancha!
¡Por ti, cántabra piedra, que me diste la gloria
de \Aquel que va gritando por la Historia,
caballero al galope de un rocin de la Mancha!



Cumaná ha sido pródiga en hijos dotados del estro poético, para terminar vamos a mencionar algunos  nombres que están en el parnaso venezolano, junto con los sobresalientes Jacinto Gutiérrez Coll, Miguel Sánchez Pesquera, Marco Antonio Saluzzo, Cruz Salmerón Acosta, Juan Miguel Alarcón, Manuel Norberto Vetancourt, José María Milá  de la Roca Díaz, Diego Córdova, José Agustín  Fernández,  J. M. Rondón Sotillo y Julio Serpa; y pasan inadvertidos otros cuyos nombres vibraron en otros tiempos, como Jerónimo Ramos, Juan Manuel y Silverio González, Pedro Antonio Lara, Rafael Bruzual López, Juan Arcia, Dionisio López Orihuela,  Juan Freites, José Fernando Núñez, Ramón David León,  Ramón Suárez, Agustín Silva Díaz, y mi propio padre Marco Tulio Badaracco. Y tantos otros poetas que podríamos nombrar, y que están inmortalizados en la antología de poetas cumaneses recopilada por mi padre Marco Tulio Badaracco Bermúdez.



EL POETA
HUMBERTO GUEVARA, 


         El poeta Ramón Ordaz, estudió a este enjundioso poeta y misterioso personaje de la Cumaná de antier, desarrollado dentro de sus circunstancias, como diría Ortega y Gasset, y como lo ubica Ramón Ordaz en la introducción de su obra VOCES DE PRIMAVERA,  donde analiza la época de su vivencia, y dice: “

“La segunda mitad del siglo XIX en Cumaná estuvo signada por hechos como el haber sido escenario de inesperados desastres naturales, el sismo de 1853, siniestro que devastó a la población y redujo a polvo la mayor parte de sus edificaciones; y por acontecimientos como los que tuvieron lugar al proclamarse la guerra federal –frustrada por la hora fatídica del terremoto- acaudillada por el sabio tribuno, columna de honra y gloria del Gran Partido Liberal, doctor Estanislao Rendón”; hechos que, al iniciarse en serio la Guerra Federal en 1859, empezaría a borrar la estela de gloria de la Cumaná de entones. La diáspora de sus mejores talentos fue la consecuencia más inmediata. Los Gutiérrez – el General Jacinto Gutiérrez Martínez Alemán y su familia, entre ellos el poeta Jacinto Gutiérrez Coll y el músico Pedro Elías Gutiérrez Hart-  Los Llamozas –el inspirado músico Salvador Llamozas-, los Level de Goda–Don Andrés Level de Goda y sus Hijos-, los hermanos Arcia, los Sánchez Pesquera, los Saluzzo, los Beauperthuy, y muchas otras familias emprendieron el camino de la emigración y la ciudad, desolada, contemplaba su infausta suerte entre las ruinas y el languidecer  del espíritu que la encumbraba…

         “Como compensación y respuesta al fatum de adversidad, las últimas tres décadas del siglo concentran en Cumaná un nuevo centro de luz, luz germinal, que se materializara con el advenimiento de una sólida y castiza generación, la que, entrando el siglo XX daría pruebas encomiásticas de un renacimiento cultural. Los nombres siguientes son un índice revelador: Juan Arcia (1872), José María Milá de la Roca Díaz (1872) Pedro Elías Aristeguieta Rojas (1888) Juan Miguel Alarcón (1887) Andrés Eloy de La Rosa (1888), Ramón David León (1888) José Antonio Ramos Sucre (1890) Rosa Alarcón (1890), Diego Córdova (1892), Humberto Guevara (1892) Juan José Acuña (1888) Marco Tulio Badaracco (1883), Dionisio López Orihuela (1893), Ramón Suarez (1894), José Agustín Fernández (1895), Andrés Eloy Blanco (1896). Esta pléyade, -así titularon Marco Tulio Badaracco y Juan Miguel Alarcón una revista literaria en 1908, hizo posible el Ave Fénix de la ciudad; benefactores, la mayoría, de los conocimientos que se impartían en el Colegio nacional de Cumaná, hoy Liceo Antonio José de Sucre”.

         Nota nuestra.- Yo agregaría a los maestros de esa generación a:  Silverio González Varela y Domingo Badaracco Bermúdez.

         “Con ellos se reponía la tradición intelectual, la que ahora se proyectaba con claras ambiciones hacia la conquista espiritual de un siglo XX incierto, turbulento, con ímpetus incestuosos en la ficticia demarcación realidad/irrealidad alrededor de las ascuas de un eterno conflicto. 


Nota nuestra: Indudablemente Ramón Ordaz se refiere a la obra de Luis Level de Goda: Historia Contemporánea de Venezuela –Política y Militar -1858-1886- que es una historia testimonial a la cual se la han tributado comentario favorables en todos los tiempos. El General en Jefe Luis Level de Goda, fue  Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia,  Presidente del Congreso Nacional, Ministro Plenipotenciario en Francia, Jefe Revolucionario de la Federación  de la cual participó activamente al lado de Zamora y Falcón. Su relato del asesinato de Zamora y la batalla de Santa Inés son insuperables. Fin de la nota.

         Cuando ocurre su muerte el 9 de diciembre de 1920, días más tarde el Periódico “Prometeo” reseña con términos elogiosos la vida política y militar del General Guevara:

“Era un narrador ameno y verídico, pero con criterio independiente, ajeno de prejuicios, con miras analíticas que más lo acercan a nuestros días que a aquellos otros en que se conceptuaba irrespetuoso poner de manifiesto los desaciertos militares y políticos de nuestros padres libertadores” 

         Este guerrero de excepción, que desempeñó altos cargos representativos en la administración pública, conversador ameno, hombre cordial que estimulaba, asimismo, a los jóvenes escritores de entonces, no nos cabe la menor duda de que puso extremos cuidados y atenciones en la formación y educación de sus hijos Arturo y Humberto son la evidencia de lo que afirmamos  El Dr., Arturo Guevara publicó un voluminoso estudio siquiátrico social sobre don Simón Rodríguez titulado Espejo de Justicia  y dejo inédito un estudio psico-patológico sobre El Libertador.
  
Nota nuestra: Viene muy a cuento, lo que contaba mi padre Marco Tulio Badaracco Bermúdez, del matrimonio de general Guevara: decía mi padre que el General conoció a la señora Coraspe en los cañamelares de Cumanacoa, silvestre y bella cual sus espigas doradas por el sol; y cual pasó en la obra “Pigmalión” de George Bernard Shaw, que la tomó de Publio Ovidio (43 a.c.), pero con un final más feliz; se dedicó a enseñarla  hasta convertirla en una verdadera protagonista de la sociedad cumanesa, donde solía dar conciertos de piano, sobre todo interpretando del repertorio infinito de Mozart, el preferido de aquella época de oro de la cultura de nuestro pueblo.     Por supuesto que el General tiene también mucho que ver con la educación exquisita de sus hijos Humberto y Arturo.  El primero, superior poeta, único en su estilo. El segundo, impecable médico, individuo de Número de la Academia Nacional de la Lengua, su discurso de incorporación es un modelo ineludible, para el estudio de nuestra lengua; y su obra sobre Simón Rodríguez, es fuente permanente para una mejor comprensión del gran maestro del Libertador.   Fin de la glosa.

“Compartió Humberto con quienes forjaron la última gloria intelectual de Cumaná.  Sobresalir ente las figuras estelares de las primeras décadas del siglo merece la distinción: iniciaba su periplo la leyenda de Azul de Manicuare. Andrés Eloy Transitaba laureado por el Olimpo español. Ramos Sucre publicaba sus “rarezas” poéticas en Ritmo e Ideas, Pléyades, El Universal, Élite, Billiken, las que alcanzarían renombre y aceptación definitiva en nuestros días. Pedro Elías Aristeguieta después de su “Tromba” y algunos corridos, trocaría la pluma por las armas, Juan José Acuña, cumplido su noviciado periodístico en El Iris, que auspiciaba la Sociedad de la Santa Cruz de la Unión, invitaría a los intelectuales de Cumaná a su Renacimiento. Su coetáneo y parigual en la empresa periodística, Marco Tulio Badaracco, es digno de mejor reconocimiento. Para el gremio de periodistas locales no existe, y nos lo explicamos porque la ignorancia en Tales –no de Mileto- es supina. Las escusas, como siempre, para esa excepción que no supera los dígitos de la cuenta regresiva. Pléyades, El Disco, Sucre, Ramón Ordaz continúa: “Fuego de Blanca Luz, primer intento antológico de la poesía sucrense se lo debemos a él.

Nota nuestra: Así es, pero también debo decir que mi padre fue toda su vida el periodista de Cumaná, se inició en  1898, a los 15 años, en el semanario de oposición “El Látigo”,  con los estudiantes: Pedro Arcia, Fortunato Serra Rodríguez, Pedro Guerra, Pedro Golindano y Manuel de Jesús Álvarez. Este periódico se editaba en una imprenta que tenían oculta en la cisterna del castillo de San Antonio, que en aquella época estaba abandonado y en ruinas. En 1902 se une con el poeta Rafael Bautista Bruzual López, y editan “El Porvenir”; en 1903, como el mismo, fue fundador y redactor de “Broches de Flores” donde se dieron cita los intelectuales cumaneses para competir con “El Cojo Ilustrado”; en 1907, fundó la revista “Pléyades” con el poeta Juan Miguel Alarcón; en 1909, se une con Joaquín Silva Díaz y el poeta Andrés Eloy de la Rosa, y editan “La Voz de Sucre”, y “Triquitraque”;  en este mismo año edita “El Heraldo Oriental” con Ramón David León y el Dr. Domingo Badaracco; en 1911, con José Antonio Moreno Cova, edita la revista “Ritmo e Ideas”; en 1921, con José Vicente Rodríguez Valdivieso, edita el bisemanario “El Disco” (el  periódico más importante  de Cumaná, que abre  sus páginas  a la publicidad comercial), y en 1924, con el mismo socio edita “El Sucre”, periódico moderno que produjo buenos dividendos y se mantuvo hasta después de 1937, y fue acogido con simpatía  en casi todo el oriente venezolano. En todos estos periódicos brilló el genio de Humberto Guevara, que siempre estuvo al lado de mi padre. Los dos hicieron entrevistas geniales, que publicaré por separado. Fin de la Nota.  

“En 1920 muere el lírico mayor de la poesía cumanesa del siglo XIX Miguel Sánchez Pesquera, y nueva savia emerge del relevo. Un maestro, un guía de generaciones, el Dr. Domingo Badaracco Bermúdez, registra, pulsa la estética de su tiempo. Palabras suyas despidieron en el cementerio de Cumaná al solitario de la Torre de Timón. Juan Freites escrkbe su sonado  soneto a Lucia. Joaquín Silva Díaz triunfa en Europa por su ejecución al piano y sus composiciones musicales. Alguien lo compara con Albéniz. Olvidados quedaban sus exvotos líricos, un tibio asomo por el soneto. José Agustín, su hermano daba a conocer con más empeño en Billiken, Cultura y Progreso, otras publicaciones, sus poemas. El poeta Ramón Suárez, bohemio, descuidado, imprecante mestizo, con la casta conciencia del olvido, cantó los arpegios del piano de Teresa, cual incipiente Espronceda. Juan Miguel Alarcón, festejado por Jacinto Fombona Pachano y Marco Tulio Badaracco, permanece fiel, imperturbable en el castillo dieciochesco de donde recicló su poesía. Juan Arcia, bíblico y profano, recrea a su manera el libro de los libros y ensaya una experiencia minimalista con el soneto. Un alto representante de las letras nacionales, Manuel Díaz Rodríguez, llega a ocupar la Presidencia del Estado. Un hermano de Angel Miguel Queremel, escritor también, Pedro Miguel Queremel, desempeñará la Secretaría General de Gobierno. Un sismo y la invasión de El Falque tiñen trágicamente la década del 20. Algo reverbera en la oscuridad. Un nauta aventado desde Caracas por la revuelta estudiantil de 1928, regresa a su tierra natal. El escritor José Salazar Domínguez arribará con su navío y con nuevos bríos para la ruptura literaria. Abordaron esta navegación Domingo Antón y Mario Gómez, poetas menores.   Aquiles Certad, Diego Córdova y Andrés Eloy de La Rosa emprendían el camino del exilio interior y exterior. Certad viviría una experiencia con los cófrades de viernes. La editorial Losada de Buenos Aires publicará sus  TERRITORIOS DEL SUEÑO. Córdva en la orilla opuesta al Gomesismo junto con Andrés Eloy Blanco, sin soslayar su entorno provinciano y nacional, hará labor de patria en el extranjero. Uruguay lo vinculará a la poesía de Juana de Ibarbourou .México coronará su gesta diplomática. José Agustín Fernández, epígono de un modernismo tardío, deshojará el árbol de la poesía con inocultable pasión por la que llamó Ciudad Luminosa Un sacerdote ejemplar de origen catalán, vendrá a Cumaná tras las huellas catequísticas de Monseñor Sixto Sosa: José María Pibernat, clérigo que dejaría una huella inolvidable, una enseñanza y una obra que no pocos encontronazos tuvo con el Satán del poeta Guevara. De lo citado, no podemos soslayar   que algunos poetas  cayeron en el pecado venial del servilismo al régimen de turno, circunstancia lamentable, nos pesa decirlo, a la que no escapó la industria de Humberto Guevara. Decir que Humberto Guevara derrochó su talento en Cumaná y que, tal vez, pagó el precio del “quedado”, es muy probable que de lugar  a vaguedades o necedades. Afincarse en su tierra, hilar historias con el color local, remontar y transcribir la trama del pasado inmediato, tejer el poema al ritmo de las circunstancias joosas del diario acontecer, amar lo cotidiano como amar a una mujer llamada Olimpia, musa de la rosa, espejismo de lo eterno y de lo efímero son muestras más que suficientes para excusar altibajos, siempre que detrás no haya página arrancable que haga peso e incline la balanza hacia lo indeseable.

         Humberto apenas alcanzó el bachillerato, lo que fue suficiente para su formación intelectual y su conocimiento posterior de los clásicos de la literatura. Quienes compartieron con él destacan su refinamiento:  “Como la mayoría de los poetas –Señala Julio Zerpa- fue un desposeído; pero sabía ser rico con sus pequeños estipendios. Su mesa era de gourmet. Sabía hablar y comer en francés. En su casa todo habla de buen gusto” (4).  Un cronista de la época al reseñar su muerte daba muestras de su cercanía y admiración: “Solía a veces tocar el piano, pues le gustaba la música y su maestro predilecto fue Mosart” (5). Si incurrió en una que otra cursilería –que poeta no ha flaqueado ante ella diría el venerado Rubén – es debilidad excusable. El hecho de nombrar a Marcos Pérez Jiménez en un poema que admiramos, la “Salutación “al celebérrimo Simón Rodríguez, no consigue nuestro acuerdo, pero entendemos esa fidelidad del poeta a la fecha patriótica cuando Pérez Jiménez repatrió los restos de Samuel Robinson , con motivo del centenario de su deceso en Amotape. Este gesto llenaba de orgullo     a quienes jamás proscribieron su enseñanza. Recordemos también que Arturo, su hermano, había escrito un ejundioso libro sobre Simón Rodríguez, lo que dice cuanto era el respeto y admiración que se le guardaba al maestro en la familia Guevara-Coraspe. Es bueno precisar, además,  que en 1954 ourre la muerte inesperada de Humberto, año en que se apreia una mayor producción y publicación de su obra en periódicos, revistas y hojas sueltas que editaba en la Editorial Renacimiento. Para entonces desempeñaba el humilde cargo de Inspector del Trabajo en los estados Sucre y Nueva Esparta. Sus Contemporáneos hablaban de la incógnita, pero en los sabios lectores estaba presente la figura imponente, enigmática y tórrida de Humberto, esa singular espeie de hombre que en una Cumaná todavía recoleta paseaba de un extremo a otro la flor del verso en el ojal. Al ritmo de su paso de gigante exhalaba el perfume del poema con un conservadurismo y un apego a las formas clásicas, sin caer en obsolescencia o anacronismo en los temas que trataba. La incógnita que rodeaba su figura estaba signada por el hecho de que muy excepcionalmente publicó con la rúbrica que lo identificaba como ciudadano del orbe. Por el contrario, popularizó los seudónimos Héctor Galán, El Barón de Escarpia, y Satán, sin que en ningún caso podamos hablar de heteronimia, entendida ésta por la modernidad como la creación de personalidades poéticas, en virtud de la multiplicidad síquica, o mejor, de la división del sujeto que caracteriza al hombre contemporáneo, Si bien conservó el nombre de Héctor Galán para los temas netamente líricos, para la anécdota amorosa; el Barón de Scarpia  -personaje de la Tosca, de Vitoriano Sardou, pieza teatral representada con éxito por una compañía española a comienzos  de siglo en Cumaná- clava el aguijón en la estampa histórica y  la tradición; mientras que Satán hilvana un discurso humorístico, cáustico, despues de explorar on sutileza en las costumbres y hechos anecdóticos del acontecer de su época; para ello, tal como precisa José Agustín Fernández:

Pulsa el estro con orgullo, ardor y entusiasmo, lo mismo en la estrofa lírica, épica, romántica y descriptiva, que en el verso caballeresco, galante, digno de aristocráticos salones, en el festivo, satírico y humorístico o en la copla cordial, oportuna y picaresca.

         Como forma clásica, Humberto Guevara privilegió el soneto bajo la patente del hidalgo nombre de Héctor Galán, y las estrofas largas de libre extensión, para los poemas que firmaba El Barón de Escarpia y Satán. Con inteligencia recurrió muchas veces a la parodia, a la ironía, a la sátira; en fin, a un acendrado humorismo y al canto épico que conseguimos, incluso, en Héctor Galán. Valiéndose de una versatilidad que pone en juego con el verso, acompañado de un decoroso y prístino castellano, Humberto Guevara narra, echa cuentos, plasma la crónica lírica de un tiempo nostálgico y nos entrega una obra excelsa y digna al lado de quienes fueron sus contemporáneos.

         A propósito de lo que calificaríamos como su oficio mayor, la veta humorística que lo distingue del resto de sus contemporáneos, tendríamos que señalar algunos aspectos fundamentales para la mejor comprensión de su obra. En las palabras que le dedica en su última morada, el poeta Julio Zerpa destaca que se le tenía por retraído e insensible, y añade: “… la ojeriza que le tienen algunos porque ignoran que hay afabilidad y ternura bajo los fuertes rasgos de su rostro y bajo su piel de nuez seca, tostada por el sol del trópico” (7). Convenimos en esto, como salimos en defensa de otros testimonios que lo muestran afable, cordial, mordaz. Esa dualidad es comprensible y justa en un poeta de su estirpe. Caracterización que cuadra con la que estimaba una verdad como un templo Francisco Pimentel, cuando citaba en su “Manual del perfecto humorista” la frase de Frank Brown: “Una producción humorística es tanto mejor cuando más se acerca a la seriedad”. A Humberto le cupo compartir la época de oro del humorismo venezolano. No cabe desestimar que Humberto, como Aquiles Nazoa  (Lancero), rindiera tributo de admiración al Jobo Pimentel y siguiera al pie de la letra los conceptos que sobre el humorismo ofreciera en su “Manual…”, los que, por su extensión , no nos privaremos de citar para conocimiento de los lectores.    


Humberto en la anécdota.
Cumaná es una ciudad de hermosos ritos. Unos han sido olvidados, otros existen y otros se van creando con el devenir. Uno de estos ritos extinguidos, lo constituía la ronda en la Plaza Bolívar. Todas las tardes, y especialmente los domingos, durante la retreta, los caballeros y las damas iban a dar vueltas a la Plaza Bolívar. En un hermoso ritual, las damas daban vuelas a la izquierda y los caballeros a la derecha. Allí se producía, bajo la int
 ensidad de las miradas, la discreción de los gestos, la velocidad de los pasos,  toda la trama de la amistad y el amor. La Plaza Bolívar era el lugar de cita de los conocidos y enamorados. Se lucían entonces, las mejores galas, se escuchaban los más dulces y audaces piropos; se observaba el candor de las niñas, la coquetería de la mujer, la galantería del caballero; el rubor y la sonrisa conquistadora, la señal invisible para la cita; el beso disimulado pero apasionado, el beso imposible del enamorado desconocido o burlado; el adiós del que no tiene esperanza y la alegría del triunfador.  Nuestra Plaza Bolívar  era algo más que un santuario  patriota, era el corazón abierto de la ciudad. 
      Durante el día servía de tribuna para la charla filosófica, para el encuentro de los intelectuales, para las transacciones mercantiles,  para la discusión política y tantas otras cosas importantes  en la vida de nuestro pueblo. Precisamente en este marco viene el recuerdo del poeta Humberto Guevara. Este extraordinario cumanés, escritor de fina ironía, que firmaba con famosos seudónimos, como “Barón de Escarpia, Satán, Héctor Galán”, tema siempre de acaloradas discusiones,  escribió páginas hermosas de elevado numen en el periodismo de nuestra ciudad, por lo cual saboreó el almíbar y los  laureles de la gloria.
      Este intelectual de basta cultura, agudo ingenio, de pluma penetrante como  estilete, de repentismos oportunos, de métrica intachable, se encontró, cierto día,  con sus amigos Marcel Patrolín, francés que adoptó nuestra nacionalidad e idiosincrasia, Humberto Dáscoli, malogrado hermano del ilustre senador cumanés Dr. Carlos Dáscoli; don Arturo Torres, don Luis Salvador Bruzual y don Francisco Pérez,  que charlaban con el Dr. Pierre Bougrat, famoso escapista de la colonia penitenciaria francesa, el temible penal de “Cayena”.  Bougrat venía precedido de fama mundial, era un sabio médico, cuyo caso  ha sido comparado con el del Capitán Dreyfus. Cumaná lo acogió con simpatía y casó en Margarita con una cumanesa de nuestra parentela.
      Humberto se acercó a los contertulios; fue recibido alegremente, y después de los saludos de rigor, lo presentaron con el eminente galeno.  Como era costumbre continuaron la misma conversación que mantenían; Humberto, informado debidamente, se integró al grupo. Hablaban de París. Del París de Bougrat, que muy bien conocían Marcel Patrolín y Humberto Dáscoli. El poeta los escuchaba embelesado, y de repente comenzó a hablar de París en perfecto francés. De la antigua Lutecia, de su historia, de los poetas, pintores, políticos; de las callejas: Montparnasse, el barrio latino, Montmartre, los Campos Elíseos, el Gran Boulevard, los bosques de Bolonia, El Sena, La Isla de San Luis,  el Louvre,  los ventorrillos del Sagrado Corazón, el Lido, el Molino Rojo; también habló de Víctor Hugo, Dumas, Zolá, Balzac, Baudelaire, Valery, Ezrra Paund, Monet, Renoir, Cezanne, Dominique Ingres, Francois Boucher, Delacroix, Corot, etc. y decía: “En la calle del Pavo Real,  había un café con una trastienda  a la cual no se permitía  el paso  sino a los personajes más importantes  de la Revolución, y cuando la Revolución estaba amenazada  por todas partes, se produjo una reunión  entre Dantón, Robespierre,  y Marat. Al parecer alguien escuchó tras la puerta, parte de la acalorada discusión. Robespierre decía  que los enemigos de la Revolución  se encontraban dentro de Francia, y argumentaba, elocuentemente, con nombres y señales; Dantón, aprovechó un paréntesis  para recriminarlo  y argumentar, que los enemigos de la Revolución  estaban en el exterior, que en ese instante se organizaban una coalición contra Francia, apadrinada por Inglaterra y Prusia. Y, entonces Marat, se levantó colérico, y dijo: Los enemigos de la Revolución  se encuentran en los cafés de Paris. En el café Choiseul, se reúnen los jacobinos; en el café Pantín se reúnen los realistas, en el Rende Vouz, se complota contra la Guardia; en el Teatro se defiende a Voltaire y en la Rotonda están contra todos. Allí sé esta minando la Revolución.
         Horas después se despidió Humberto Guevara, se alejó con su paso imperial, su flor roja en el ojal, su sombrero diplomático,  y su inigualable sonrisa.
     
Entonces,  Bougrat se dirigió a Marcel, y le preguntó:
¿Cuánto tiempo vivió ese señor en Paris?
Nunca –fue la lacónica respuesta.
Ese hombre conoce a Paris mejor que yo- observó Bougrat.




CRUZ MARIA SALMERON ACOSTA.



Hoy recordamos al poeta mártir, que nace en el pueblo de Manicuare, el tres de enero de 1892 en la península de Araya, del Estado Sucre.

Todo el pueblo venezolano ama a Cruz María, sus poemas son declamados y cantados con devoción por nuestro pueblo. Su tragedia, su vida sigue siendo un dolor anclado en el corazón de todos los que lo conocieron y los que se acercan a su canto.

Compañero y camarada de todos los días, del también formidable poeta José Antonio Ramos Sucre; fue ídolo de la generación de oro de Cumaná, alumno destacado del maestro Silverio González Varela y sobre todo en castellano y literatura, de Domingo Badaracco Bermúdez.

Fue el   poeta de un pueblo que lo amo con ternura.  Cruz María el hijo de los pescadores de Manicuare, don Antonio Salmerón y doña Ana Rosa Acosta, un espíritu superior  que vivirá por siempre en su poesía.

 Su poesía es un canto de amor a su Cordera, Conchita Bruzual; podemos a[preciarlo en su soneto “Azul” que es perfecto, y está considerada una joya del idioma castellano.



Azul de aquella cumbre tan lejana
Hacia la cual mi pensamiento vuela
Bajo la paz azul de la mañana
color que tantas cosas me revela
Azul que del azul del cielo emana
Y azul de este gran mar que me consuela
Siempre que miro en él la visión vana
De la ilusión del ala de una vela.
Azul de los paisajes abrileños
Triste azul de mis líricos ensueños
Que me cura pesares y hastíos
Solo me angustias cuando sufro antojos
De besar el azul de aquellos ojos
Que nunca más contemplaran los míos

Por eso Dionisio López Orihuela dice, que fue un enamorado de la forma, influenciado por Darío, quiso desde el primer momento escribir versos perfectos.  En su época brillaban en Cumana los poetas. La poesía reinaba en los corazones de aquella juventud de la cual podemos mencionar a José Antonio Ramos Sucre, Andrés Eloy Blanco, Rondón Sotillo, Humberto Guevara, Tin Fernández, Andrés Eloy de La Rosa, José Fernando Núñez, Juan Miguel Alarcón Domingo y Marco Tulio Badaracco, Rafael Bruzual López, Pedro Elías Aristeguieta, José María Milá, Pedro de La Cruz Milá González, José Santana Bruzual, Diego Córdova, Joaquín y Agustín Silva Díaz, Silverio González Varela: 

Su poesía, su inspiración es auténticamente cumanesa, sin embargo López Orihuela, dice: Cruz María en ese corto periodo de su vida seguirá la corriente modernista. Por lo pronto, Darío es su maestro. Luego se apasiona por Martí, cuyos discursos y pequeños poemas recitará de memoria. Martí será para él, después de Bolívar, el más grande ciudadano de América. Leerá con deleite a Valle Inclán. Sentirá admiración por los grandes estilistas: Rodó, Díaz Rodríguez,  D’Annunzio. Admira a Alfredo Arvelo Larriva a quién le dedica un poema. Pero ya he dicho que esto no tiene importancia. Repito que Salmerón Acosta está más allá de la Estética. Intentemos encontrarlo y veremos que solo el intento descubre la verdad de nuestro aserto.

Él dice: Entre tus ojos de esmeraldas vivas
Te miro el alma, de ilusiones llena,
Como entre dos cisternas pensativas
Se ve del cielo la extensión serena.
El colibrí de tu mirada riela
Sobre el agua enturbiada de mis ojos,
Y de tus célicas mejillas vuela
Un crepúsculo rosa de sonrojos.
Hilo por hilo la ilusión devana
Y urde sueños en fina filigrana
La araña de mi vaga fantasía,
Porque cuando me miras y te miro
Sale volando tu alma en un suspiro
Y embriagada de amor cae en la mía
La vida de Cruz María no fue siempre la vía dolorosa el fue bohemio y  artista en el más amplio sentido de la palabra. Fue un joven gallardo, valiente y arriesgado, pero sereno y noble.
Dice Dionisio López Orihuela al recordar a su amigo:
“Y, además, artista: mesurado y musical el decir; fino el andar y el gesto. En sus labios, por la emoción y el acento de su voz, se transformaban las palabras. Todas parecían melodiosas y bellas, llenas de un significado extraño, nuevo. Las escogía, además: las combinaba maravillosamente, con sobrado deleite. Añádase una hermosura varonil, una arrogancia sin afectación que inspiraba respeto y también adhesión y cariño”.

Es fácil observar estas singularidades en este soneto: 

ROSAS Y LAURELES.

Yo era muy feliz con mi vehemente anhelo
De ceñir un laurel, en mis quereres,
Y me sentó poeta viendo al cielo
Tornarse triste en los atardeceres.
Un día sufrí un vago desconsuelo,
Y busqué la alegría en los placeres;
Más no lograron disipar mi duelo
Ni el vino, ni el azar, ni las mujeres.
Hoy, hasta la esperanza la he perdido;
Suspiro más por amoroso nido,
Que por la gloria vana y el renombre,
Pues muy bien sé que de las penas crueles
Alivian más el corazón del hombre
Las rosas de amor, que los laureles.

Murió, a los 37 años en Manicuare, el 30 de julio   Veamos como  su amigo de la infancia, Pepe Alemán, ve la muerte del poeta.
 “ ¡Bendita seas muerte que has abierto tus brazos para estrechar en ellas a Cruz Salmerón Acosta! Tardaste demasiado; para aquel hombre de maldito destino, hasta tú fuiste cruel, obligándole a una antesala  de largos lustros…   
¡Cruz! Dura cruz fue su vida. Lo evoco apenas adolecente, mi camarada de la infancia. Amplio espíritu y gran corazón. Desde mozo pudo traducir en rimas puras sus emociones optimistas; todo supo sonreírle, todo, hasta el amor. En los ojos azules de la novia. Salmerón Acosta tenía aprisionada toda la pureza límpida del cielo cumanés que nos vio nacer.
Cuando emigramos de la provincia Caracas fue acogedora para ambos. El seguía su camino on firmeza de ambición. Luego en un amanecer trágico vio su carne señalada por la lepra maldita. Volvió al pueblo. Celebró, estoico, su propio enterramiento a plena juventud.
Aislado en un rincón de aquella tierra oriental. Salmerón Aosta vio en largos años como, cadenado al potro de su tormento, su juventud fue transfigurándose en un guiñapo miserable. En sus últimos días según me han dicho, ya lo horridos muñones se negaban a sostenerle el lápiz  para llevar al papel el alma alada de sus poesías.    A tales extremos se le negó la vida!
Por una lógica asociación de recuerdo, cuando yo lo evocaba venía también a mi memoria otro amigo entrañable, maldecido por el mismo mal, poeta también y de la misma tierra: José María Milá de La Roca Díaz. Nunca visité a Cruz en su refugio pero evocando al otro camarada me parecía verle a él también asomado a la vida exterior por el boquete sórdido de una claraboya…
Salmerón Acosta tuvo dos testigos permanentes de su dolor: mar y cielo! Las dos inmensidades engañosas pero fraternas, enmarcando su espíritu.
“En este panorama que diseño
Para tormento de mis horas malas;
El cielo dice de ilusión y galas
El mar discurre de esperanza y sueños.

Tormento de las horas malas, pero también única ficción de las horas buenas.  Salmerón Acosta lo perdió todo, todo! Cada desgarramiento de su carne  fue otro desgarramiento de su alma. Y ahora ante la noticia de lo que no es su muerte  -porque muerto estab desde hace muhos años- sino de suliberación , quisiera hyo comprender a que extremos de heroísmo es capaz de llegasr el alma humana: ¿omo pudo ser que Salmerón Acosta ante el dolor de vivir muerto pudo liberarse de pensar en el suicidio? ¿Qué formidable fuerza moral tuvo su esperanza?
“Mi ilusión esta sobre un abismo
Y cerca de otro abismo mi esperanza”

Generoso optimismo dentro de su propia raíz amarga! Estarcerda de un abismo no es caer en él  ¡Esperanza! ¿De qué? Conoció su enfermedad en todo su horror; huyó de la ciencia; día tras día fue espectador impasible de su propia ruina. Acuño en su espíritu un sentimiento de lucida conformidad:




Mientras se va mi juventud querida
En el duro aislamiento de mi vida
Mi pobre alma que la suerte azota
Va destilado en lágrimas su pena
Pero, ay! ese dolor que mi alma llena
Es como un manantial que no se agota.


Su sostén fue un recuerdo. En el tope de su cruz hizo un nido; hasta este nido desendió  en vuelo espiritual la paloma eucarística de su único amor; la añoranza de la novia puso eternamente en el tope de su cruz, un trémulo batir de alas, de alas extendidas como una bendición sobre el escombro de su juventud.
Solo el milagro del amor podía explicarnos su conformidad; solo el recuerdo de una mujer pudo alejar de sus labios la maldición y hasta la blasfemia. En su larga noche vio siempre encendida la lucecita evocadora de aquel cariño; el cielo y el mar sus únicos panoramas le mantuvieron viva en las desoladas pupilas, la visión acariciadora de unos ojos azules y mansos, visión que encerró en este poema cuyos catorce versos son también catorce lágrimas.   
 Pocos muertos han merecido como tú la paz  Salmerón Acosta!  Posiblemente te han escondido bajo tierra  como tú mismo te sepultaste sobre ella: oyendo la eterna canción del mar. Y el mar sabrá devolverte todas las estrofas que echaste a volar sobre sus ondas”. 
Todo el pueblo venezolano ama a Cruz María. Su dolor sigue siendo un dolor anclado en el corazón de todos los que lo conocieron y los que se acercan a su poesía. Compañero de estudios de Ramos Sucre, alumno del maestro Silverito González Varela, compañero y
amigo de su pueblo que lo amo con ternura. El hijo de pescadores de Manicuare, don Antonio Salmerón y doña Ana Rosa Acosta, sigue vivo en espíritu en su casa de Manicuare donde su poesía ocupa su eternidad..

Arturo Luis Torres Rivero, le dedicó muchos años a recopilar los versos de Cruz María, la familia de su Cordera, los Bruzual, colaboraron  con él, sino hubiese sido así, no se logra nunca reunir sus poemas. Arturo se los dio a Dionisio López Orihuela, su amigo, que dice de él:

“En él se realiza el tipo humano de excepcional pureza y fuerza y además genuinamente nuestro. El posee física y espiritualmente, en alto grado y en forma armoniosa, las virtudes que van a hacer posible en los últimos años de su vida,  aquella gloriosa transfiguración que hizo de él  no un mártir, sino un héroe y un santo: valor personal, sereno y noble, como condición primaria  indispensable; orgullo e hidalguía, unidos dentro de un sentimiento de humanidad casi mítico, de fraternal alianza; concepto de la dignidad exaltada de ideal caballeresco; amor al bien y a la justicia; rebeldía entre todo lo que represente la falsedad y bajeza.
 
Cruz María estudia primaria en Manicuare y en Toporo, un barrio de Cumaná en su tiempo. Graduado de bachiller en el Colegio Federal de Cumaná, en 1910. Funda, con Ramos Sucre, la revista literaria Broche de Oro. Viaja a Caracas a estudiar Derecho, pero apenas por dos años, a causa del cierre de la Universidad en 1912. Escribe sus primeros versos en 1911. Repentinamente, su vida da un vuelco, al contraer la lepra probablemente en la cárcel de Cumaná. Milita en la Asociación General de Estudiantes, y en 1913 regresa a Cumaná. Escoge a Manicuare como su lugar de aislamiento, y allí transcurre el resto de su vida, en medio de la soledad. En 1952 se publica la primera recopilación de sus versos, ¨Fuente de amargura¨. Como dije, el Dr.

Arturo Luis Torres Rivero y Dionisio López Orihuela, se unen en esta tarea. Toda su producción está teñida del dolor que sufrió, de la impotencia y la soledad que lo sepultó en vida. “Azul” es su poema más recordado, uno de los sonetos más perfectos de la lengua castellana;  pero muy acertados son también “Piedad”, “Cielo y mar”, y “La Nueva Andalucía”.

El sentimiento de Cumaná por Cruz María, lo vamos a expresar en una página conmovedora, la entrevista que le hizo el poeta Acisclo Gómez, cuatro años antes de su muerte, que fue publicada en el bisemanario SUCRE el 16 de diciembre de 1925, Que titula: “SALMERÓN ACOSTA”

“Leía con voluptuosa impaciencia y nerviosa fruición intelectual aquellas partículas de emoción y sentimentalidad de “EL CANCIONERO” donde Heine el maravilloso teutón vierte, como en sonoros moldes, todo el encanto artístico de su genio, la dulzura de su alma enferma y el rutilante oro de su estética tan discutida y tan envidiada en el alba del decadentismo, cuando una evocación afín me asaltó de súbito, y de aquella exquisita función de belleza en que mi alma parecía suspensa como sobre  la corola abierta el perfume, hubo cual una misteriosa trasmisión a cuya acción mi pensamiento fundió dos concepciones; y mis ojos se volvieron hacia la playa lejana, donde otro poeta, dulce y mártir, como su obra y su vida, el héroe de un insondable dolor, cultiva sus rosales   y enreda en encantadoras melodías el tesoro musical de su alma –toda poesía y luz- para suprema delectación de los que tenemos la dicha de leerlo y comprenderlo.

Es Salmerón Acosta, el poeta enfermo que ha hecho de todos sus dolores el más excelso florilegio de lirismo en una perenne, religiosa elevación hacia lo ideal. Lo conocí en una mañana azul –como debía serlo para tal hallazgo- en que atado a un amor peregrino llegue a su noble retiro buscando paz a mi inquietud. Me mostró sus dolores y me
enseñó como, sobre cada uno de ellos había hecho brotar, a manera de milagroso bálsamo una rosa. Hablome largo de su vida solitaria y conforme: conforme con el destino, conforme con Dios, conforme con la pena. Fraternizamos un poco y me comunicó luego sus sensaciones.

El poeta está dotado de una gran voluntad artística que mueve todo su ser a una excelsa consagración. Sus desmayos vitales han sido tocados con un apasionado estímulo en extraordinarias energías emotivas. Cincela florentinamente el albo marfil de sus quimeras y practica con virtuosa desesperación la gloriosa doctrina de triunfar. Cuando ahondo en su conciencia quedo maravillado de tanto valor. Este es el verdadero poeta –me dije- Martirizado, se aventura a dar alientos a quienes le sobra, y casi alejado de la vida por una funesta elección de la suerte, aconseja vivir, con una fuerza optimista de filósofo franciscano. Laudable templanza de su espíritu.

Esto es Salmerón Acosta. Su personalidad estudiada, cuando esto tenga lugar, legará  a la posteridad un glorioso dechado. En cuanto al poeta, sus versos han proclamado ya, bien sonoramente, que posee el instinto del Genio, la gracia ática y la diestra pulcritud del Artista”.







ANTECEDENTES


José María era un joven de largos silencios, de caminar pausado, alto, delgado, blanco traslúcido, de pelo negro, mirada triste pero altiva, trabajador incansable, escritor a tiempo completo, sabio, elocuente y rebelde. Su rebeldía era innata, angustiosa, con un sentido alto de la dignidad. Tenía conocimientos misteriosos de todas las cosas y de todo lo que se movía en derredor.

Mi padre decía que José María Milá de La Roca Díaz, era como un hermano para él, cuando cayó enfermo se encerró en su casa, hablaba con sus familiares cercanos y con algunos amigos a mi padre  le entregaba semanalmente, por debajo de la puerta de su casa,  sus poesías y  las cuartillas de su novela “LALITA” para que las publicara en sus periódicos o en aquellos con los cuales trabajaba.

Yo también aprendí a querer al poeta a través de la parte de su obra que se publicó en el periódico ‘La Constitución’ de don Federico Madriz Otero, en el cual el Dr. Badaracco y papá eran redactores, y luego, tengo el Libro de la Familia Milá de La Roca, donde está su obra completa.

         Los poetas Celso Medina y Ramón Ordaz, lo han dado a conocer en sus obras, Ramón Ordaz publicó su novela “Lalita” con una introducción crítica (tuvo la suerte de conseguir un ejemplar con Caupolicán Ovalles) , y Celso Medina sus poesías, con lo cual lo han dado a conocer a las nuevas generaciones, considero importante aportar a ustedes el trabajo de mi padre, amigo personal del poeta, veamos:  




JOSE MARIA MILÁ DE LA ROCA DÍAZ
CONOCIDO COMO
CESAR AUGUSTO CUMANÉS.


J.M. Milá de La Roca Díaz fue uno de nuestros admirados poetas. Bajo el seudónimo de César Augusto Cumanés, a fines del siglo pasado, comenzó a darse a conocer como cultivador de las letras, publicando sus producciones en periódicos de la localidad, y nosotros,  presuntos intelectuales,  recibíamos y recitábamos sus sentidas estrofas, en nuestros incipientes corrillos literarios, discutiendo la personalidad de este bardo que emergía como una prometedora luminaria tras el prolongado silencio que pareció asentar definitivamente su tiniebla infecunda en la vastedad del territorio provinciano.
  
Sabíamos de su reclusión, por el mal tremendo que torturó y destruyó su vida, y un sentimiento de piedad aunado a ese oro de admiración al poeta nos hacía asignarle una estatura inmensurable, cual si nadie más, ni Milton creando su ‘Paraíso Perdido’ en medio de nuestra ceguedad pudiera comparársele.. ¡Que de prodigios imaginábamos! Se nos antojaba cada verso suyo a manera de hebra sutil y luminosa que se filtraba al exterior por rendijas invisibles de su celda, para proyectar hacia el pueblo la claridad melodiosa de su talento.

En el Colegio Nacional de Cumaná, cuando él cursaba estudios secundaros y muchos de nosotros asistíamos al curso de latinidad bajo el rectorado del sabio maestro Don José Silverio González Varela, le veíamos casi a diario  y recordamos su perfil de adolescente, la expresión preocupada de su rostro como de quien presiente la pena letal que ha de atarlo, cual otro Prometeo a la columna inclemente del martirio      

Al pie de áridas colinas que bordean la extensión semejante y salobre, huérfana de árboles, que declina hacia el mar, ante un panorama de incambiable desolación al noreste de la ciudad, edificaron sus padres algo como rústico albergue, definitiva o anticipada mortaja de este hijo que poseyó dotes sobresalientes para elevar su nombre por sobre el tiempo en alas de cantos y rompió con el poder de su pensamiento el estrecho recinto que lo aprisionaba para divulgar y vivir con la perennidad de sus canciones más allá del dolor, más allá de la muerte.

En aquella rústica vivienda, en vida contemplativa y solitaria, se consagró al estudio, al trabajo intelectual, acogió quizá a la elocuente sentencia del Salmista ‘Suma dolor quien suma sabiduría’  Al conjuro de su musa, vibraron allí sus poemas, con resonancia armoniosa en la ciudad que los recibía como dones inefables, porque se le suponía hundido con el pesar, agotado por el sufrimiento, sin voluntad, añorante de cuanto a se redor adivinaba él transformándose, viviendo, la cambiante ilusión juvenil, el progreso naciente de la ciudad, el diuturno ajetreo de su pueblo y, antes de todo, la revolución literaria que se imponía tanto en la expresión como en la forma, con aquel movimiento que se llamó modernismo, surgido en Nicaragua con la paternidad de Rubén Darío trasponía las fronteras y era acogido con entusiasmo en todas las juveniles Peñas literarias del Continente renovando la lírica castellana.

Los más renombrados representativos de esa lírica en la vasta extensión americana, dieron impulso a esa corriente renovadora: Lugones, Chocano, Nervo, Díaz, Valencia, Blanco Fombona, Juana de Ibarboroug y tantos consagrados por la fama, lumbreras que difundían su comprensiva diafanidad por el orbe castellano sustentadores de los nuevos símbolos.   

Con AZUL la obra inicial de Rubén Darío, que se editó en Chile, penetró en España la nueva escuela, r4ecibiendo allá las más extremas contrapuestas discusiones. Don Juan de Valera el castizo autor de Pepita Jiménez  de prosa acicalada y polifónica según con conceptúa Felipe Tejera, comentó el libro en una carta al autor, a manera de Prólogo con liberalidad, con alabanza, convirtiéndose al exótico credo que se propagaba por la Madre Patria, tocando a todos los cenáculos, adueñándose de la mente juvenil, dispuesta siempre a cuanto signifique renovación.

     Atónitos quedaban los viejos maestros, los consagrados en el arte de Apolo, sucesores y continuadores de los mejores clásicos de nuestro idioma: Núñez de Arce, el príncipe de la lírica creador del IDILIO a quien imitó nuestro Andrés Mata; Campoamor el de las Doloras y tantos insignes vates de universal renombre ya en la Península, ya en la América Hispana, quienes habían afirmado su opinión como dogma, esclavos de la métrica cadenciosa, sujetos a la retórica de Hermosilla, el gigante traductor de Homero en impecables versos castellanos, atentos a la crítica erudita de don Marcelino Meléndez Pelayo el polígrafo sin par, cortaban el vuelo a la fantasía, no atreviéndose a romper la línea trazada por los clásicos, dándole dutilidad y soltura al estilo, son que los definió Rubén Darío ‘‘eran defensores acérrimos de la conexión académica de letras y de modo lamido del arte, almas sublimes, pero amantes de la lija y de la ortografía…’’   

Milá de la Roca Díaz se aferró a la antigua escuela, encasillado en los antiguos moldes, no queriendo dar crédito al desquiciamiento de una tradición secular, sustentado hasta entonces por los más ilustres escritores, por el prestigio de nombres intocables y que él conceptuaba inamovibles. Estereotipó su estilo en la forma arcaica,
porque dentro de su dura vivienda, cultivando el verso, alejado de la incesante palpitación de la vida diaria, del tráfago urbano, de la policromía de la luz en cuanto tocan sus rayos, a la manera de Silvio Pellico, enamorado de su ‘‘Picciola’’, la única manifestación de vida nacida en la oscuridad de su húmedo calabozo, se apegó a su modo de expresión, para lanzar al mundo sus endechas, sus imprecaciones, la conmoción dolorosa de su fe…

         En la inflexibilidad de tales moldes supo, sin embargo, encontrar soltura a sus estrofas, exteriorizar su pensamiento, los anhelos de su corazón, convirtiendo su honda pena en imágenes, rimados mensajeros que lo hacían convivir con su pueblo, en el afecto de la comunidad. Su dinamismo fue íntimo, con Lalita, la heroína de su novela de ese nombre, recorrió nuestras calles, subió a nuestras colinas, visito nuestros campos, percibió la fragancia de nuestros montes, supo del amor que no llamó a sus puertas, lapiadas físicamente para el infantil dios alado.

         Al leerlo se creería que personalmente estuvo en los sitios que describe, ya es él encarnación de su fantástico héroe. Son gráficas descripciones que para los cumaneses sus contemporáneos constituyeron deleites, a la vez que el consuelo de figurárselo viviendo aquellos episodios románticos creados por su pluma para darle libertad a su espíritu y elevado ágil y jubiloso a espacios distanciados de su lento martirio.

         Nacido en 1878, acaeció su muerte en 1911 y a su vida atormentada, pese a su reclusión de años, dejo editadas ‘’LALITA’’, novelas y dos tomos de poesías ‘’ARISTAS Y FCACETAS’’  y  ‘’ALJABA´´, con otras producciones que se conservan inéditas y que él tenía recopiladas para darlas a publicidad bajo el título de ‘’NOCTURNOS’’. Noble y encomiable esfuerzo el de este apasionado de la poesía, cuyo nombre se alarga con la vibrante estela de sus canciones hasta aquellas generaciones que sepan gustar la música del verso, el sabor inefable de una bella estrofa.

Sobre su tumba se deshojaron inmarchitables rosas, aquellas de perenne fragancia que inspirados bardos de claro estilo dedicáronle en manojo de rimas. También nosotros hemos querido depositar sobre la losa sepulcral de este preclaro hijo de Cumaná, esta breve semblanza, como tributo de sincera admiración.

                                                   Marco Tulio Badaracco Bermúdez




Para que aprecien su divino estro bastara un  ramo de rosas de su esmerad  jardín, veamos:







DEL DESIERTO

No creas que á mis años juveniles
Engaña el esplendor de tus palabras,
Yo no acepto ni dogmas ni maestros
Sin que primero los tamice el alma.
Tú cantas el tropel de los combates,
Tú admiras el fragor de las batallas,
Tú ensalzas el valor de los guerreros,
Tú aplaudes las victorias de las armas,
Yo canto a Cristo, el redentor judío,
Yo admiro a Buda, el redentor del Asia,
Yo ensalzo a Franklin, domador del rayo,
Yo aplaudo a Fulton, vencedor del agua,
Y en tanto gritas tú:  ¡ Despierta hierro!
Yo digo: basta ya; hierro, descansa.

Yo sé muy bien que ante el criterio humano
Es grande el hombre cuando en grande mata;
César fué un héroe por que dijo  ¡guerra!
Jesús un loco porque dijo !ama!
Yo no extraño el aplauso de las turbas
Ni los loores que la historia canta,
Porque hay vergüenzas que parecen glorias,
Porque hay reptiles que pareen águilas,
Más yo no admiro triunfos ni laureles
Que vierten sangre y que provocan lágrimas
Yo no admiro heroísmo ni grandezas
Que en pedestal de huesos se levantan,
Yo admiro a los cóndores ¡cuando suben!
Yo nunca los admiro cuando matan.

De soldados y grandes capitanes
Que subyugaron mundos á sus plantas
No salieron jamás los redentores
Que la ignorante humanidad reclama.
Bajo los cascos del corcel de Atila
La yerba de los campos se agostaba
Bajo los pies del vencedor de mundos
Solo crece un derecho, el de la espada;
Encuentra libre, pero deja siervos,
Encuentra hombres, pero deja parias
Y cuando el aparato y el bullicio,
De sus estruendos militares pasan,
En la honda roja silenciosa y triste
No ven flotar las libertades náufragas.

¡Tiene que ser…!  La fuerza se repele
Con la fuerza, las armas con las armas;
El fuerte por ser fuerte no es justicia,
Y la vida del débil es sagrada;
Mas sé también que mientras haya fuerzas
Que repeler con armas en batalla,
Mientras que exista un fuerte en un tirano,
Mientras exista un ciervo en una infamia
Mientras que de la heroica Judit sea
La vengadora mano necesaria,
Mientras que pueblos eslavicen pueblos,
Mientras que yugos y cadenas haya,
Mientras la humanidad cante la guerra
No es hombre el hombre sino fiera humana.

El sable de Alejandro el macedonio
Mutila y diezma sin piedad el Asia;
Aníbal con sus áfricas legiones
En rojo surtidor al mundo baña;
El águila triunfal de Julio César
Desangra el orbe con furiosa garra;
Bonaparte abonando en sangre á Europa
Barre naciones y despuebla á Francia…
Inmarcesibles triunfos de acero,
Esplendorosa gloria de las armas,
Llena la historia está con tantos triunfos,
Rojas con tanta gloria están sus páginas
Pasan los héroes, se desangra el mundo,
La muchedumbre aplaude y tiembla el alma…

Oh, turbas que os miráis bajo las ruedas
Del carro de los césares diezmadas,
Y viendo el rojo funerario surco
Cantáis vitorias y batís las palmas;
Oh, turbas que ciñendo al César lauros
Laméis sus manos y besáis sus plantas,
Sus plantas que os humillan y envilecen,
Sus manos que os mutilan y desangran…

¿En donde el astro redentor que arroje
Calor y luz  entre tinieblas tantas?
¿Dónde el Jesús que ha de dar vista al ciego,
Que así ve sierpes donde vuelan águilas,
Que así ve llanos donde se alzan cumbres
Como en donde hay abismos ve montañas…?

Por sobre la hecatombe de la guerra
El tiempo rueda y silencioso pasa,
Se suceden los pueblos y naciones,
Se transforman los hombres y las razas;
Y por sobre el fragor de los combates,
Y por sobre el estruendo de las armas,
Por sobre el rojo surco del pasado
Tiende un manto piadoso mi esperanza…
¡Oh!  Me paree que en el alma escucho
Rumor de voces que en concierto cantan:
--Soñador! Ya la aurora se avecina,
Velada Temis impasible aguarda…
Canta la alondra y su canción anuncia
Que huye la noche ante la luz que avanza.


                                                        DE PSIQUIS

Yo quisiera…
¡Tantas cosas de la vida…!
Vagos sueños, cuyas brumas transparentan la quimera…
Tal vez ansias imposibles, que, en contarlas no se cuida
La gran loca, la esperanza lisonjera…!
Yo quisiera…
Un país, el de mis sueños, donde el alma se extasiara.
Contemplando realidades los mirajes que he soñado…
La sin par belleza rara…
Del país de los querubes, del que el alma guarda avara
Un dulcísimo concento por el alma adivinado…
Fugacísimos aromas de inefable primavera…
Yo quisiera…
Un amor belleza todo, un amor todo ternura,
Para el alma vibraciones de exquisitas armonías…
Un amor divino… humano…pasión loca…pasión pura…
Y es aquel que soné un día con la hermosa criatura
Flor de mi alma, flor de amores de mis hermosos días…
Flor de ensueños, flor de dichas en la fe que ama y espera…
Yo quisiera…
¡Tantas cosas en la vida…!
Vagos sueños, cuyas brumas transparentan la quimera…
Tal vez ansias imposibles que en contarlas no se cuida
La gran loca, la esperanza lisonjera…
Yo quisiera…
Ver los hombres, no rivales ni enemigos, sino hermanos,
Ver al hombre amar al hombre, ver al hombre odiar la guerra,
Ver al hombre odiar la sangre que hoy gotea de sus manos…
No ver siervos ni señores ni oprimidos ni tiranos…
Yb una patria…una tan solo… la gran patria ,,,! nuestra tierra!
Con un pueblo…solo uno: ¡la familia humana entera!
Yo quisiera…
Ver a Dios, y frente a frente, y mirar por fin un día
Si es verdad que Dios existe… si es que es justo…si es que es bueno…
“Rey excelso de los  reyes y del orbe –le diría-
Señor Santo; tiende al hombre tu paterna mano pía
Si es verdad tu providencia… ¡Ve ese mundo todo cieno…!
Si eres padre, Señor Santo, purifica… regenera…!
Yo quisiera…
Ver la síntesis sagrada
De lo hermoso, de lo puro, de lo bello, de lo santo,
De lo justo, de lo bueno… en el hombre humanizado
¡¿Quien responde…?!  Nadie… nada…
Es la noche… y la tiniebla infunde espanto…
Todo mundo… y el silencio desespera…
¡Dios del hombre! Que esta alma me arrancas yo quisiera…!








LUIS BELTRÁN MAGO





Hablar de Luis Beltrán Mago en Cumaná, es francamente coloquial. No diré nada de su Curriculum, sus ejecutorias, sus triunfos en el campo de Agramante, porque está dicho entre ese manojo de cayenas cumanesas de distintos colores y perfumes, que tienen ustedes en las manos, que lo convierten en el producto más acabado de la Escuela poética de Cumaná de los últimos tiempos. Y esto no lo digo como una retrechería de un Cumanés, sino que esta avalado por un jurado de la madre de la lengua, jurado  igual al que alertó al mundo hispánico en 1923, cuando puso la corona de laureles en la frente del incomparable Andrés Eloy Blanco, el poeta de Giraluna y el Canto a los Hijos. 

Más bien voy a recordar lo que dice mi padre, cuando le tocó hablar en Cumaná de  aquel poeta que embriago el Olimpo de la poesía:   Marco Tulio,  dijo entonces de la poesía y los poetas… y… tal vez alguna sonrisa indiscreta me castigue por repetitivo, porque algo de eso dije en mi discurso en el  acto de presentación, por la ilustre carupanera Dra. Hildegard Rondón, del libro antológico del poeta José Manuel Rondón Sotillo, su padre; otro cumanés que llevó triunfal el producto refinado de la  “Escuela de Cumaná” a una cumbre lírica en la patria de San Martín y Jorge Luis Borges, y que es lo mismo que decir:  la cantera más nutrida de la poesía castellana, para comprobar su calidad a la luz de los grandes maestros de la lengua.

Marco Tulio dice “La poesía es la máxima construcción de la palabra, en ella adquiere su armonía y resonancia. David, el lírico por excelencia, se dirige en salmos al Creador; el Corán que es la palabra revelada por Dios a Mahoma, se escribió en versos, y como decía el profeta del Islam: “Yo no soy poeta, el Corán no es obra mía, son las palabras de Alá, que resuenan por mi boca”... “Salomón el hijo de David, dueño de la sabiduría infinita, también fue un inspirado divino, y el Cantar de los Cantares, el idilio sagrado, con la inextinguible fragancia de sus versos, traspasa el tiempo y nos entrega, la perfección de la palabra que en San Juan de La Cruz, es la imagen y encarnación de Dios”.

En este Canto de Amor por Cumaná, premiado, por supuesto, porque es una alta manifestación del amor por un pueblo, tal vez desconocido por los jurados de allende el mar; escrito con la sencillez del amante, por el escriba, que  fulminado por el rayo divino, el mismo que tocó a Salomón, cuando  se declara a la novia  en  el “Cantar de los Cantares”; pero en este caso, ésta dulce novia no es Dios,  es su ciudad que a la vez es su doncella que se mira sobre “el espejo y la luna”…

Desde hace 500 años esta novia ha sido cantada, ensalzada por hombres y mujeres  de razas bravías, tenaces en el hacer del barro los diamantes del idioma, aquí, nuestros maestros dominicos y franciscanos, nos trajeron las oraciones, canticos, música y poesía y germinó la simiente encontrando buena tierra para sus raíces.  La fragua de la imaginación inició la creación de las formas, puliéndola en el buril de su paisaje, de su aprendizaje donde anidó la metáfora y alcanzó la perfección de la que habló el Príncipe de los Poetas.

Vino un fraile, Pedro de Córdoba, poeta del amor, clavó una cruz en sitio insólito, Playa de Ostia, un médano a la orilla del mar y el rio… Chiribichií… como si hubiese prendido un faro de luz inextinguible. Desde ese instante una nueva voz penetró en el corazón de nuestro pueblo… y aquellos hombres que recibieron la palabra, como Adán, recibieron también el beso de Dios.

Vinieron entonces muchos maestros, que además de sabiduría regaron la nuestra con su sangre; trajeron la lengua y la religión; trajeron libros, música, cantos, y el espíritu del crucificado, para enseñarnos otra forma de amar… y otra forma de entender la realidad, diferenciar el bien y el mal. Construyeron templos para la cátedra de Cristo, y su palabra fue la fuente primaria de la poesía.    

         Cristóbal de Quesada, el maestro, su tiempo en Cumaná corresponde a la edad del perfeccionamiento y de la genialidad cumanesa; el arte de esa época tiene ya una proyección universal, se que a muchos no les va a gustar que se diga esto, pero resulta que no soy yo el que lo dice, es Andrés Bello, el producto de aquella circunstancia, Cumaná tenía los mejores maestros. Y no es por casualidad que sea la misma época de Fr. Antonio Patricio de Alcalá, Maria Alcalá de la Guerra, Gómez Cardiel,  Blas de Rivera, Bartolomé Bello, Andrés Level Allen y su hijo Andrés Level de Goda, de Carlos del Pozo Sucre, Pitor Löfling y Alejandro de Humboldt… y… no podía faltar el epígono, Antonio José de Sucre, el producto, la esencia,  acero templado como hoja toledana.  Es también  la época prerrevolucionaria y la Cumaná guerrera, era capital de una importante provincia del imperio español, cuyos capitanes generales se distinguían por su cultura y rango, quien podía imaginar que esa espada redentora derrotaría al imperio más poderoso de la tierra: ¡Quién pude disminuir ese prodigio…! Aun no lo tienen muy claro.

Desde 1733, en que arriba el marqués de Preux, don Carlos Francisco de Sucre y Pardo, y su formidable familia, vive la comunidad cumanesa una verdadera revolución cultural: se inician las clases superiores de filosofía,  llegan viajeros como Pitor Löfling, que se aloja en la casa de un humilde sabio cumanés don José Sánchez y Alcalá, y pasa 10 años de estudios y experiencias y logros que en otra parte no se hubiesen podido obtener;  para acercarse a  aquel mundo que se abría ante sus ojos se necesitaban los mejores maestros, y 10 años de estudios bajo su tutoría, y el sabio no quería irse; pero el embrujo de Guayana se lo llevó, y en esa casa quedó toda su sabiduría, que luego le serviría a Humboldt y a Vargas; porque es el tiempo del Dr.. José María Vargas, de Bartolomé Bello, del coronel don Juan de Pineda, que abre las puertas de la escuela superior  de matemáticas; de Blas de Rivera, que inicia los estudios superiores de filosofía; Maria Alcalá de la Guerra, que se ocupa de los niños pobres; Antonio Patricio de Alcalá que se ocupa de los enfermos y Don Vicente Sucre y García que se ocupa de la libertad.   Nuestro pueblo se empinaba para tocar las puertas alzadas de la sabiduría y del producto podemos dar fe.       

Podríamos hacer en estén plan toda la historia de la poesía Cumanesa, como lo intentó Marco Tulio, con la ayuda del poeta Armas Alfonso, y publicaron “Fuego de Blanca Luz”, una antología con 74 poetas de la Escuela de Cumaná; pero lo vamos a abreviar, con solo mencionar algunos nombres de poetas glorificados: Andrés Eloy, Ramos Sucre, Cruz Maria Salmerón, Humberto Guevara, Rondón Sotillo, Tin Fernández y Luis Beltrán Mago. Entonces llamaría al son de trompetas, a Andrés Eloy, el magno de la metáfora; a  Ramos Sucre, el genio de la poesía, que nos lleva como  Hermes a descubrir la sabiduría en  22 arcanos; a Cruz María, que nos enseño a llorar; a Humberto Guevara, el magno de la ironía, que nos enseñó a reír;  a Tin Fernández, que nos mostró lo bello de ser pobre,  Rondón Sotillo, modelo de nuestra escuela,  que nos mostró como la poesía puede unir a nuestros pueblos;  y Luis Beltrán Mago, la síntesis de la sabiduría y la poesía de la Escuela de Cumaná. Su poesía es una declaración de amor a su ciudad,  a su pueblo…



POEMAS DE LUIS BELTRAN  MAGO

LA CIUDAD Y EL AMOR

La ciudad está allí.  
Cerca del mar sus ojos
Para mirarse sobre el espejo
Y la luna.   
Sencillamente dormida
A la falda del cerro
Colorado.
Partida en dos por el látigo gris
del agua dulce que el Manzanares
vierte hacia el Caribe.
La ciudad es un símbolo.
Alguna vez el hombre, la simiente,    
La luz,     
Lo eterno y lo infinito
hubo de defenderla.
Hace de esto más de mil quinientos anos
y aún no habíamos nacido
en el alma del indio.   
La ciudad alisaba sus crenchas de azabache
y el río que es una cinta
blanca
donde como en requiebros
van navegando
cantas,    
muchas veces de noche se desviste
de sombras
y al percibir de la luna
el silencio,    
sueña sueños sin tiempo.
Se alimenta de siglos y recorre
el espacio
de la canta y el canto.
Sueña por sus orillas la ciudad
marinera.
La ciudad Mariscala se olvidó
Se olvidó de la sombgra
y una orquesta de cielos, de nubes
y recuerdos
toca un vals
que estremece la sangre,    
Sublimiza hasta el yo  
y prende en los oídos del abuelo
y el niño.   
(El indio alzó sus arcos  para enflechar
su nombre
Y dijo Cumaná que es una vieja linda
que no se muere nunca.)
La ciudad se recuesta de su mar
y sus olas,    
corre a tientas por playas, por lagunas
y arenas. 
Conversa con el pez, con la lumbre
y el pan,        
riega huertas y escribe, sobre
su Pan de Azúcar
un canto a la memoria,   
a su antigua nobleza,   
a su héroe y sus poetas. 
Talla en la madrugada de la sabana
abierta
estatuas que recuerdan su linaje
y su luz.
Entonces llega el tiempo de la brisa
y el canto
a escuchar los nombres
de la inmortalidad. 
Andrés Eloy sereno,   
vivo,  
sediento hasta beberse toda
la inmensidad
que va de su palabra hasta
la libertad.
Cruz Salmerón dolido sentado
Frente al mar
hurgando en las entrañas
de su propia piedad. 
Humberto que es la chispa
Y el humor
Julio Zerpa vital
Rafael José dormido
En su propia bondad. 
Dionisio comulgando en la noche
Del vino
Junto a la poesía más allá
De las horas. 
Juan Miguel Alarcón bondad serena
La bohemia y el vino consagrado
A la serenidad comprometida.
A José Agustín la paz.
Todos están cantándole
A la Madre ahora. 
Todos besan sus manos y las cubre
De estrellas
Y no hay temblor que hiera
Ni terremoto infame.
No hay tempestad que pueda derribar
Sus estatuas
Y esta la catedral de sus bellas
mujeres 
Tiernas como brisa como el amor
Amantes
Y está el Mariscal con su Berrueco
al hombro
y su bondad haciéndole cosquillas
al costado
Yo nací entre sus predios
Por sus espacios
Acaricié a la luna dormida en los faldones   
Del aljibe casero donde estaba
mi Madre

Yo sentí los arpegios de su voz
Como un trino.
Averigüe en sus manos
La presencia del día y supe
De lo hermoso que era mirar
Su llanto
Allí estuvo su amor cantándole
A la tierra
Allí está su llanto satisfaciendo
Su alma
Y fueron tres los llantos Mi madre
Tierra
Con su voz de siglos
Mi Madre hermosa con su voz
De armino
Y yo el poeta dialogando de amor
Con mis dos madres
Sentí el hechizo de los tres
Recuerdos
Recuerda en el tiempo la ciudad
es un símbolo




Hoy es domingo y va mi corazón
a conversar
con la ciudad que en mi respira, la Cumaná
de mis afectos  y a quien amo
Con voz de playa y mar  y oleaje.

La ciudad está allí
levantada
sobre el pedestal de los
tiempos
diciéndole a los siglos
que está viva.




   

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