martes, 18 de octubre de 2016

LA BATALLA DE PICHINCHA


RAMÓN BADARACCO



GRAN CRONICA DE LA BATALLA DE PICHINCHA.


CUMANÁ 2015



Autor: Tulio Ramón Badaracco Rivero
Que firma Ramón Badaracco
Título de la obra:
LA GRAN CRCÓNICA DE PICHINCHA
Diseño de la cubierta R. B.
Ilustración de la cubierta R. B.
Depósito legal
Impreso en Cumaná

cronista40@hotmail .com
academia.sucre@gmail.com
Cel. 0416-8114374





















A MANERA DE PRÓLOGO.

LA VISPERA DE PICHINCHA.

Es media noche. Los rayos de una hermosa luna de mayo, quebrándose entre la mica y la nieve del majestuoso Cotopaxi, dan a su empinada cima un aspecto misteriosamente poético.

 El Cóndor fatigado de atravesar la inmensidad, arropa a sus polluelos en la oculta grieta que le sirve de nido; el reptil duerme entre las frías cenias; y en el seno el volcán, trabaja el genio plutónico que le da vida, fabricando mortíferas lavas, que habrán de salir en su oportunidad, a destruir pueblos y ciudades con la misma furia infernal con que en el año de 1698, devoraron a la bella ciudad de Tecuca, soberbia residencia de los Incas.

Los helados manantiales filtran por entre las musgosas rocas las linfas cristalinas que, despeñándose en torrentes, van a alimentar el Napi y al Gailabamba, y los que a su vez irían a dar animación y lozanía a los pintorescos valles ecuatorianos.

Cosa extraña en aquellas cumbres siempre solitarias y tan raramente visitadas por la planta humana, cotemplábanse en aquella noche, hogueras de trecho en trecho y se escuchaban relinchos de caballos.

¿Qué novedad ocurría, quien se atrevía a pernoctar en aquel lugar alfombrado de escarchas, en donde constantemente sopla el mortífero páramo?

Aquellas hogueras móviles son, sin duda, vivacs del campamento de Sucre, el titán de los Andes, que duerme en la colosal montaña con sus ejércitos; y los relinchos, son sus corceles, impacientes por oler la pólvora de la próxima jornada en el Pichincha, ansiosos de llevarse con sus pechos en Añico, a los fugitivos jinetes de Tolrá.

El cumanés tomaba aliento de largas horas, de ruda faena, de marchas y contramarchas, por los cerros, valles y cordilleras, con que preparaba su estrategia para la gran batalla que se avecinaba.

El héroe dormitaba envuelto en su cobija, pues con tanto frío era inútil el chichorro, se había recostado en una grieta de la montaña, cobijado con su capa, completamente vestido y armado, como era su costumbre. Sus párpados empezaban a cerrarse cuando observó un suceso raro, los copos de nieve que estaban a su lado se movían lentamente. e iban tomando forma. Aguzó el sentido, le pareció extraño y sobrenatural; y más todavía, cuando un ser o visión blanca con figura de mujer, se aproximó a él muy quedo. 

¿Quién eres? – preguntó Sucre, asombrado. 

Una voz muy dulce, le respondió.

Soy uno de los espíritus tutelares de este volcán, soy la sobrina de Viracocha e hija del gran Manco-Capac.

¿Pero…A que vienes y qué quieres de mí?

Un día - prosiguió la mujer de nieve – mi gran tío avisó al príncipe Inca Ripac, la venida de los castellanos a ésta patria de mis ilustres mayores, la señal fue la aparición de los humos y llamas en este sagrado sitio. Y como tú, lo mismo que aquel príncipe, estás destinado a mandar esta tierra del Sol, y te has atrevido a producir fuego y humo, haciendo aparecer este cráter como erupción, he tenido que salir de mi seno y tomar forma para darte un anuncio, ¡Oh valeroso hijo del Manzanares! 

-      Sucre escuchaba atónito cada palabra de la mujer de nieve, y dijo con ronca voz:
-       
-      ¡Habla, te escucho!…
-       
-       En su acento se notaba la estupefacción. La mujer se acercó más a él y en un largo susurro, le dijo:

¨Vengo a avisarte, que en breve abandonarán para siempre los españoles el continente americano. Ha sonado ya la última hora en el reloj del destino, y al cabo de cuatro siglos de dominación en esta tierra, que arrebataron a fuego y sangre a mis augustos progenitores, se van sin dejar adelantos ni bienes de ningún género. Solo dejan huellas de ruinas y desolación por todas partes. Han acabado con el brillo y magnificencia del Imperio del Sol. Tú darás en breve una ruidosa batalla en que saldrás vencedor, luego tú librarás otra de mayor importancia aún, y así, recogiendo laureles recorrerás comarcas y ciudades, hasta lanzar allende los mares a los que un día vinieran por la iniciativa de Colón.

            Después, ¡Oh, qué horror! y ¡Que crimen! Cuídate mucho de los tuyos, porque miro en lontananza tu noble cuerpo cubierto de heridas causadas por las manos infames de los mismos que vas a libertar. Cuídate, gallardo guerrero, de las intrigas y ambiciones de tus hermanos; porque los españoles se irán en breve, pero dejarán en estas comarcas, antes tan puras y sanas, sembrado el germen de la traición y de la maldad, y habrá un partido entre vosotros que cosechará tan infame herencia…

Al pronunciar estas últimas palabras desapareció la visión entre la blanca nieve, y reinó profundo silencio en el campamento.

Las hogueras se habían extinguido, la luna continuaba bellísima alumbrando el cielo azul, el tranquilo y pintoresco panorama de la tierra alrededor de la montaña. Todos dormían, apenas se escuchaba por intervalos, el ruido de las trompetillas de los centinelas en los puestos avanzados. Sucre se puso en pie sobresaltado, frotándose los ojos como si despertara de un profundo sueño, sin entender nada, pero recordando cada palabra y buscando en su mente, una explicación lógica, estaba aturdido.

     Al siguiente día atravesó Sucre con sus columnas, el valle de Chillo. El 21 de mayo acampó en Yumbaga, a la vista del ejercito realista, que, a pesar de sus ventajas, no quiso atacar a los patriotas, por más que estos los provocasen con gritos y disparos.

Los patriotas avanzaban repartidos en batallones y partidas, siguiendo las instrucciones de Sucre, practicado innumerables maniobras de ascensos y descensos, por aquella desnuda y empinada cordillera, que de lejos más parecían rebaños de chivos que marchas militares.

Amaneció, y el futuro Mariscal, en la mañana del día 24, tocando diana en las faldas del Pichincha, con asombro de los quiteños, que salieron a las calles y a las ventanas y balcones a contemplar la formidable hazaña.

Los españoles no pudieron soportar tan atrevido reto, que era como escupirles la cara desde arriba. Furiosos, se lanzaron al pasitrote en busca de Sucre, imaginando que lo encontrarían mal acomodado y envuelto en aquellas estrechas crestas que le servían de camino.

Funesto engaño; allí en presencia de la vieja ciudad conquistada por Benalcázar, se produjo la gran batalla de Pichincha, en donde quedó evidenciado que el cóndor andino, sabía combatir como los buenos, y que fue locura mayúscula y temeridad del león de Iberia, ocurrírsele atacarlo en aquellas alturas, para quedar completamente vencido y humillado.       

                                                                         F. Tosta García.





El humanismo y el soldado

ABIGAIL y el MARISCAL.

Antes de la batalla fue apresado un desertor de las filas patriotas que marchaban hacia Pichincha, en la llanura de Tambo-Cangallo. El desertor era un joven solado, inexperto, casi un niño; pero se mantenía sereno, inmutable, ante sus jueces, como si todo estuviese en paz. Subió al cadalso con esa serenidad del que sabe que lo ha hecho mal y debe ser castigado. El capitán Piñares había sido su defensor.  Sus palabras hirieron a los veteranos soldados que veían al efebo de faz tan dulce y reposada, esperando el veredicto. El jurado mostraba signos de ansiedad. Al joven sentenciado se le pidió que dijera sus últimas palabras.
Solo dijo: “¡Soy culpable!”. 
Se arrodillo, rezó en silencio, como quien ofrenda su vida a la Patria... El jurado presidido por el general Arturo Santander, lo sentenció a muerte, se leyó la sentencia…
Dicen que el General Sucre, no quería firmar y lloró, pero confirmó la sentencia. No podía retroceder. Sus órdenes fueron muy precisas.

            Los cuerpos del ejercito principiaron a moverse para formar cuadro en el ameno valle de Tambo Cangallo, donde debía tener efecto la ejecución, la escolta fatal se puso en marcha, tocando el tambor a la sordina, y el padre Miguel García capellán mayor del ejército, desolado, corrió para donde Sucre, a hacerle revelación de que el reo, en artículo de muerte, acababa de confiarle su secreto. Sucre no podía dudar de la veracidad de aquel virtuoso levita.
¿Qué hacer?

Mandó que le trajeran su caballo, y con su Estado Mayor General, tiró para la llanura.

            Una vez en ella, y después de los honores de orden, se puso a la cabeza del ejército y mandó tocar “atención”; luego por divisiones: “doblar el fondo”, y los 5300 hombres de fuerza disponible, según la situación de aquel día, formaron una masa gruesa y compacta.
 
Teniente Olmedilla -dijo, y arrendó su caballo, hacia la cabeza de la División “Lamar”, en la cual formaban los cuerpos argentinos: - cuatro pasos al frente.

¡Señor oficial!, -continuó, con estentórea voz, dirigiéndose al reo condenado a muerte. Y dijo: “La deshonrada es una pobre niña seducida por usted. ¡Es preciso que la honre!

Y sobre el mismo sitio, donde debía tener efecto el fusilamiento, fray Miguel García, les dio la bendición de desposados...

Nuestro ejército, arma al hombro, mantúvose firme pero conmovido. Se sabe que los esposos fueron felices.

Abigail, acompañó a su marido hasta Ayacucho y el Alto Apure, en donde dio a luz un niño, a quien pusieron por nombre Antonio José.

La verdadera causa de la deserción del soldado se debió al embarazo de Abigail, fue el estado en que se hallaba. Temió la vergüenza para ella y el ridículo para su amante.



EL SOLDADO QUE ERA SUCRE.

He tomado para este Capítulo, de la obra de don Laureano Villanueva, ‘’VIDA DEL GRAN MARISCAL’’, la ubicación del reino de Quito, cuyo nombre ostenta ahora la capital de la República de Ecuador, y que, antes fue también la capital del Virreinato.

Al respecto dice: ‘’Designose en 1564, con el nombre de ‘’Reino de Quito’’, el territorio comprendido entre la ciudad de “Jaén”, limitando con el reino de Perú, al Sur; teniendo al Norte, las montañas de Pasto; al Este, las comarcas indígenas llamadas de ‘’Canelos’’ y ‘’Quijos’’, pueblos de misiones fundadas por los padres misioneros de Quito; y al Oeste, la costa del Pacífico desde Buenaventura hasta Patía.

 Esta demarcación fue establecida por la Ley 10º, Tít. 15, 2º tomo de la ‘’Recopilación de Indias’’; y dentro de dicha demarcación, se incluyen las regiones de ‘’Popayán, Cali, Buga, Chapandua y Guarchicona’’ que fueron integradas para constituir el reino’’.

Cuando se produjo el primer proceso revolucionario independentista en Ecuador, ‘’El 10 de agosto de 1809’’, los patriotas de Quito, destituyeron a su presidente, Don Manuel Urriez Conde Ruiz de Castilla, y nombraron, la Junta Suprema de Gobierno Conservadora de los Derechos de Fernando VII, ‘’El Deseado’’; acogiéndose al Decreto de la Junta Central de Sevilla, que declaró a las provincias de América, parte integrante de la Monarquía, con derecho a enviar Diputados a la Junta Central en España’’.

Este movimiento inicial, de independencia, en todo fue semejante a los que se efectuaron en el curso del año siguiente: en Caracas, Santa fe, Buenos Aires, Santiago de Chile, y las provincias del Alto Perú y del Paraguay.

Don Laureano, nos recuerda, que este intento ecuatoriano, no fue el primero en Suramérica como se afirma, ya que los primeros intentos revolucionarios, fueron: los de Gual, España y Rico, en 1779; y el segundo, fue el de Miranda 1806; pero si fue el más intenso y terrible, por la inmolación de los patriotas de Quito el 2 de agosto de 1810; y volvió a quedar el reino de Quito, bajo el tenebroso régimen colonial en 1814. 

El 10 de octubre de 1820, vuelven a sublevarse los patriotas en Guayaquil, y proclaman la independencia, bajo las órdenes de los capitanes: Gregorio Escobedo, Miguel Latamendi, Luis Urdaneta, León Febres Cordero etc.; y nombran presidente del Ayuntamiento, al excelso poeta, Joaquín de Olmedo, hombre sabio y patriota y de armas tomar. Todo lo que es hoy Ecuador, se sumó al movimiento revolucionario, pero el gobierno colonial no se dio por enterado. 

El General Aymerich, que se encontraba en la ciudad de ‘’Pasto’’, en vista del movimiento revolucionario, organiza el ejército, se pone rápidamente en marcha, ataca y derrota a los patriotas, en la batalla de ‘’Huachi’,’ a cuyo frente estaba el venezolano comandante Luis de Urdaneta. 

Aymerich, ocupa sin problemas, la ciudad de ‘’Cuenca’’, y continua victorioso, por todo el territorio del reino de Quito, restablece el poder imperial en todas las provincias, menos en Guayaquil, cuyos líderes, sin pedida de tiempo, organizan otro ejército.


 ENTRADA DE SUCRE EN LATACUNGA.

El 2 de mayo de 1821, el General Sucre, con el ejército Libertador, entra en la ciudad de Latacunga, donde lo esperaba el coronel Córdoba, con los refuerzos enviados por el Libertador. De inmediato, los españoles bajo el mando del general Aymerich, entraron en la ciudad de “Macachí”, desde donde pensaban defender los pasos de “Jalupana” y “la Viudita”, por donde el ejército Libertador tendría que pasar en su ruta hacia Quito, y como veremos, mediante la estrategia improvisada por el general Sucre, el ejército patriota los transitó libremente, moviéndose por pasajes insospechados, que ya había estudiado, el hábil guerrero, como siempre hizo.

Esta vez, pasando entre las heladas cumbres del Cotopaxi, por caminos inhóspitos; y que, luego bajó por el camino de “Limpio-Ponga”, tras cuatro días de pasar desfiladeros y barrancales; ladeando precipicios y ríos crecidos, con rumbo hacia el valle de “Chillo”, desde donde ya, podría observar a Quito; todo ello para posesionar su ejército, cortando al enemigo, al ubicarse entre ellos y la ciudad de Quito.

Los españoles, se dieron cuenta demasiado tarde, de la afortunada maniobra; por eso, apresurada y desordenadamente, el día 16, atravesaron la ciudad de Quito, y cubrieron la colina de Puegasi, que separa a Quito del Valle de Chillo, donde esperaban el ataque de Sucre; pero este, con más conocimiento del terreno, el día 20, se apareció con su ejército dividido, una parte por ‘’El Calzado’’; y otra por ‘’Lomas’’, como puede observarse en los mapas, con las ventajas que eso suponía.

Al conocer esta estrategia, el Libertador dijo: ‘’En esta campaña superó Sucre dificultades que parecían invencibles. La naturaleza le ofrecía obstáculos, privaciones y penas durísimas. Mas a todo sabía remediar su genio fecundo’’.    

            Sucre había intentado presentar batalla en dos oportunidades: la primera, fue en ‘’Turubamba’’; pero el enemigo no aceptó el reto; y la segunda vez. fue en ‘’Chillogallo’’; pero tampoco aceptaron los españoles.

            Sucre sacó provecho de estas maniobras del General Aymerich, me refiero a todas las veces que enseñaba el puño; pero no presentaba batalla. Sucre hizo lo que siempre hacia; se fue por tres días, solo, a investigar al enemigo, trepó los montes infinitos y observó detenidamente al enemigo: lo ubico, lo cuantificó y entendió toda su estrategia; y cuando volvió a su campamento, ya tenía resuelto el dilema, y los burlaría. Los españoles lo esperaban, lógicamente, por el Sur de Quito; pues él, el genio de la guerra, los atacaría por el Sur, aunque para ello tendría que rodear al inmenso volcán “Pichincha” inmenso cerro, pero un poco más bajo que el Pico Bolívar de Venezuela. 

            Sucre, después de estos tres días perdidos entre volcanes y montañas, encontró a su ejército satisfecho del descanso; y entonces, levantó sigilosamente el campamento, en la noche del 23, y con un magnifico movimiento. amparado en la oscuridad, marchando entre caminos intransitables y precipicios, guiados por aquellos capitanes incomparables, ubicó sus fuerzas al Sur de Quito.

 Entonces, Sucre, al frente de “La Guardia”: apoyado por el coronel Córdoba, comandante del batallón ‘’Magdalena’’; el general Santa Cruz, comandante de los bravos peruanos; y también el valeroso ‘Albión’’, del inglés John Mackinstosch, se sentía invencible.

Antes de entrar de lleno en la batalla escuchemos las cavilaciones de Sucre en Guayaquil,  él dedujo que la mejor estrategia  para liberar Quito, sería evitar cualquier intento de avanzar directamente hacia Quito, vía Guaranda, en favor de un avance indirecto, marchando primero hasta Cuenca, antes de redirigirse hacia el Norte, a través de los Andes, en dirección a Quito.
Este plan ofrecía numerosas ventajas: al recapturar Cuenca se podría impedir las comunicaciones entre Quito y Lima, y le permitiría a Sucre esperar por los refuerzos, que el general San Martín, había prometido enviar desde Perú. Además, un progresivo avance desde la costa y ascensión a través de las montañas, le permitiría a su ejército, una gradual adaptación a los efectos fisiológicos del cambio altitud; pero fundamentalmente, era la única forma de evitar un combate directo, en condiciones desfavorables, con las fuerzas Realistas que salían de Quito.
Para enero de 1822, Sucre, ya había organizado la nueva campaña. Su ejército constaba de 1.700 hombres, entre veteranos, de sus campañas anteriores, y nuevos reclutas. Había hombres de las tierras llanas de la Provincia de Guayaquil, voluntarios que provenían de la Sierra, como el héroe cuencano Abdón Calderón, cuyo padre había muerto heroicamente en 1812, defendiendo al Estado de Quito.
Los dos contingentes recibidos fueron organizados por Sucre, con el nombre de “Batallón Yaguachi”; la gran batalla en la que derrotó al General Aymerich; también había soldados neogranadinos y venezolanos, enviados por Bolívar; y también había unos cuantos oficiales y soldados españoles, que habían cambiado de bando, Otro  batallón entero, de voluntarios británicos: el Albión, e incluso unos cuantos voluntarios irlandeses y franceses.
El 18 de enero el ejército Patriota se dirigió al sitio de “Machala”, en un pintoresco llano. El 9 de febrero, tras haber cruzado los Andes, Sucre entró con todo su ejército en el pueblo de Saraguro, donde se juntó con los 1.200 hombres de la División peruana, el contingente que San Martín le había prometido.
Esta fuerza estaba conformada en su mayor parte por reclutas peruanos, chilenos, argentinos y bolivianos, bajo el mando del general Andrés de Santa Cruz;  venían  también oficiales argentinos, entre los que se destacaban: Félix OlazábalFrancisco Villa, ambos de Infantería y Antonio Sánchez de Caballería y un escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes, al mando de Juan Lavalle.
Al enfrentar esta fuerza multinacional de alrededor de 3.000 hombres, el destacamento Realista de caballería, de unos 900 hombres, que defendía Cuenca, se retiró hacia el Norte, siendo perseguido a la distancia por la caballería Patriota. Cuenca fue entonces recapturada el 21 de febrero de 1822, sin que se disparara un solo tiro.
Durante marzo y abril, los Realistas continuaron marchando hacia el Norte, logrando con éxito evitar enfrentarse con la caballería Patriota. Sin embargo, el 21 de abril se produjo un feroz encuentro entre las fuerzas de caballería en Tapi, cerca de Riobamba. Al final del día los Realistas nuevamente se retiraron, mientras que el ejército principal de Sucre procedió a capturar Riobamba, quedándose ahí hasta el 28, antes de reanudar su viaje hacia Quito.


Veamos la batalla cómo la cuenta Don Vicente Lecuna, porque Sucre la cuenta como soldado y este como historiador. Dice:

            ‘’La colina de Puegasi que divide el valle de Chillo de la capital, es de difícil acceso por el lado del sureste por donde avanzaban los independientes. Dejando a un lado los puestos de los enemigos, Sucre lo atravesó el 20. El 21 bajó al llano de Turubamba cubierto de praderas y ganados en abundancia, ejidos de Quito y ofreció batalla a los españoles, creyendo que la aceptarían por la ventaja de favorecerles el terreno, pero aquellos situados en posiciones impenetrables no se movieron.

Después de varias maniobras por atraerlos, por un movimiento de flanco, Sucre rodeo la derecha de los enemigos y fue a situarse en el pueblo de Chillogallo. El 22 y el 23, le provocó nuevamente al combate, y desesperado de conseguirlo, resolvió marchar, atrevidamente por la noche, a colocarse en el ejido del norte de la ciudad, de mejor terreno; y a interponerse entre Quito y Pasto.

Al efecto, puso en marcha la división precedida por el Coronel Córdova, con el batallón Magdalena, por las laderas del Volcán de Pichincha, enorme macizo coronado de cuatro picos de nieve. El camino pendiente y escabroso retardó la marcha, pero a las 8 de la mañana del día siguiente 24, las tropas llegaron a la parte alta de las faldas del Pichincha, dominando a Quito. El batallón de los ingleses: ‘’Albión’’, seguía detrás, cubriendo el parque. La caballería quedó al pie de la falda.

La compañía de Cazadores de Paya, fue destinada a reconocer las avenidas, mientras las tropas reposaban; y luego, fue seguida por el batallón Trujillo del Perú, dirigido por el coronel Santa Cruz. A las nueve y media, dio la “Compañía de Cazadores”, con la vanguardia de la división española, en ese momento en marcha. a la derecha de los independientes, hacia la posición ocupada por estos. Roto el fuego, la compañía lo sostuvo solo un momento, esperando al batallón Trujillo; y al llegar este, se comprometió el combate. Inmediatamente después, el batallón Yaguachi, conducido por el Jefe de Estado Mayor, coronel Morales, que entró en línea, a reforzar a los que combatían. El coronel Córdova, con el Magdalena, subió a la izquierda, a situarse a espaldas del enemigo; pero encontrando obstáculos invencibles, retrocedió. El terreno no permitía, a todos los cuerpos, entrar en el combate. El batallón Piura, al recibir orden de avanzar, a sostener el “Trujillo” desertó del campo de batalla, y se dispersó por entre las rocas del Pichincha, con su comandante a la cabeza. En ese momento, el Trujillo, agotadas sus municiones; y abandonado por su comandante, refugiado en una quebrada, retrocedió en desorden y los enemigos ganaron terreno. Para contenerlos, Sucre mandó cargar a la bayoneta, al batallón “Paya”; y este cuerpo, el más numeroso y aguerrido de la división, apoyado por Yaguachi, cumplió la orden, con tanta bizarría, que, en un momento, arrebató a los enemigos el terreno ganado por ellos. Generalizado de nuevo el fuego, por estos cuerpos, la maleza del lugar, permitió a los españoles sostenerse. Muchos dragones colombianos, pie en tierra y lanza en mano, habían subido a la falda del cerro, a tomar parte en la lucha. Algunos de ellos se ocupaban en reunir a los dispersos del batallón Trujillo.

Por el lado realista, López envió tres compañías del batallón Aragón, el más disciplinado de los suyos, por entre el bosque, a flanquear a los patriotas; pero Sucre, que estaba en todas partes, le opuso tres compañías de “Albión”, y los batió completamente; y aprovechando el desconcierto de los enemigos, lanzó a Córdova por el centro con el batallón Magdalena. Este denodado Jefe, cargó con su admirable intrepidez, y los realistas se desordenaron; y poco después de mediodía se declaró la derrota.

Córdova, esforzado con los Cazadores de Paya, y una compañía del Yaguachi, y tres de Albión, persiguió vigorosamente a los españoles hasta la ciudad de Quito. 

Los jefes enemigos, sintiéndose derrotados, se retiraron del campo de batalla, y se encerraron en el fuerte de “Panecillo”. El coronel Ibarra, jefe de la caballería, había acompañado a la infantería en la batalla, cuando se inclinó la victoria a favor de los independientes. Sucre le dio la orden de correr a donde estaba la caballería y perseguir con ella, a la caballería enemiga en fuga por el camino de Pasto; pero Ibarra no encontró a los peruanos de Santa Cruz en su lugar; porque al saber la dispersión de los batallones peruanos, dando la batalla por perdida, el comandante Lavalle, se había retirado con los Granaderos y Cazadores, a larga distancia. Por este motivo, la persecución la hizo el coronel Cestaris, con sus dragones, clocado con anticipación en el camino de Pasto. Cuando el coronel Ibarra pudo ponerse en marcha con los jinetes argentinos y los dispersos peruanos, no logró alcanzar a los fugitivos.

Los resultados de la batalla de Pichincha son: la ocupación de la ciudad de Quito y sus fortificaciones, entregada Sucre, la tarde del 25, y la tranquilizacion de todo el departamento. La captura de 1.100 soldados, 160 oficiales y 14 piezas de artillería.


OTRA VISIÓN AFORTUNADA DE LA BATALLA

Es de Don Laureano Villanueva, el mejor biógrafo de Sucre, dice: ‘’Al amanecer, todo el ejército patriota se podía admirara desde Quito, ocupando posiciones en el inmenso escenario del ‘’Pichincha’’, para sorpresa de todo mundo, y el ejército de Aymerich se sintió como prisionero’’.

Esa madrugada del 24, en una maniobra arriesgadísima el ejército patriota apareció por el Norte de Quito y se dejaron ver los estandartes patriotas desfilando en las majestuosas faldas del volcán Pichincha, todo el pueblo pudo ver aquel desfile victorioso de sus libertadores cuando avanzaban a tomar la ciudad y ubicarse estratégicamente para enfrentar impertérritos esperando la carga de los fusileros españoles. 

El ejército español esperaba a Sucre lógicamente por el Sur, porque siempre estuvo detrás del ejército real, y ahora el Virrey tendría que atravesar la ciudad de Quito, cuando fue informado que el ejército patriota estaba al Norte de la ciudad y pretendía ocuparla.

 Aymerich,  no estaba preparado para esta eventualidad;  y entonces, tuvo que inventar estrategias, que no se acomodaban, para nada, al enfrentamiento que esperaba; y en el cual, él resultaría victorioso indudablemente; porque tenía todas las ventajas, era dueño de la ciudad, tenía todas las armas y recursos que podía desear:  numerosas tropas y los auxilios necesarios y oportunos, y ahora, ante esta realidad,   había que actuar improvisamente;  lo que al Virrey no le agradaba, sobretodo, que los jefes de batallones ya estaban frente a sus fuerzas, esperando la orden de batalla;  y muchos de ellos, a bastante distancia, lo que suponía un tremendo caos. Ya llegaban las ordenanzas a los jefes de batallones, con mensajes del Virrey, cambiando tácticas, y, lo único que entendían, era que había que atravesar la ciudad de Quito; porque la batalla se desarrollaría al Norte. Lo menos que pensaban estos jefes, era que el Virrey estaba loco.

     El Virrey tuvo que empezar a gritar órdenes y contraórdenes, atropelladamente, los generales que lo asistían no atinaban, no entendían nada no sabían lo que pasaba. 

Los entendidos, en esta clase de encuentros y en vista de la actuación del ejército realista, afirman unos que todo fue efecto de la desesperación, y otros, sus partidarios, dicen que fue el valor, lo que los alentó, al arrojarse al encuentro de los patriotas, buscando la muerte, en la defensa de su territorio.


PARTE DE LA BATALLA DE PICHINCHA DIRIGIDO POR EL GENERAL SUCRE AL MINISTRO DE LA GUERRA Y MARINA DEL GOBIERNO EN BOGOTÁ

En su parte de la batalla, terso y preciso, fechado en Quito el 28 de mayo de 1824, el general Sucre, describe la campaña libertadora, desde fines de abril, hasta la batalla librada el 24 de mayo, en las laderas del cerro “Pichincha”, que domina la ciudad de Quito, dice:

“Señor Ministro, después de la pequeña victoria de nuestros granaderos y dragones, sobre toda la caballería enemiga en Riobamba, ninguna cosa había ocurrido particular.  Los cuerpos de la División se movieron el 28 de abril y llegaron a “Latacunga” el día 2, los españoles estaban situados en el pueblo de “Macachí”, y cubrían los inaccesibles pasos de “Jalupana” y “La Viudita”, fue necesario expulsarlos, haciendo una marcha sobre su flanco izquierdo; y moviéndonos el 13, llegamos el 17 a los valles de “Chillo” (a cuatro leguas de la capital), habiendo dormido y pasado los helados del “Cotopaxi”. El enemigo pudo penetrar nuestra operación; y ocupó a “Quito” el mismo 16 en la noche.

La Colina de “Puegasi”, que divide el valle de “Chillo”, de esta ciudad, es un difícil acceso. Pero, pudimos burlar los puntos del enemigo, y pasarla el 20.  El 21 bajamos al llano de “Turubamba”, que es ejido de la Capital, y presentamos batalla, que creíamos aceptarían los españoles, por la ventaja del terreno en su favor, pero ellos ocupaban posiciones impenetrables y, después de algunas maniobras fue preciso, situar la División, en el pueblo de “Chillogallo” una milla distante del enemigo. El 22 y 23, los provocamos nuevamente a un combate; y desesperado de conseguirlo, resolví marchar por la noche, y colocarnos en el ejido del Norte de la ciudad, que es el mejor terreno, y que nos ponía entre Quito y Pasto, adelantando, al efecto, al señor coronel Córdoba, con las compañías del batallón “Magdalena”.  Un escabroso camino, retardó mucho la marcha; pero a las 8 de la mañana, llegamos a las alturas del Pichincha, que domina a Quito; dejando muy atrás nuestro parque, cubierto con el batallón “Albión”. La compañía de cazadores de “Paya”, fue destinada a reconocer las avenidas, mientras que las tropas reposaban” y luego, fue seguida por el batallón de “Trujillo” (del Perú), dirigido por el Señor Coronel Santa Cruz, Comandante General de la División del Perú.  A Las nueve y media, dio la Compañía de Cazadores con toda la División Española, que marchaba por nuestra derecha hacia la posición que teníamos; y, roto el fuego, se sostuvo mientras conservó municiones; pero en oportunidad, llego el batallón Trujillo; y se comprometió el combate muy inmediatamente: las dos compañías de Yaguachi, reforzado este batallón, conducido por el señor coronel Morales, en persona. El resto de la infantería, a las órdenes del señor General Mires, seguía el movimiento, excepto las dos compañías del “Magdalena” con el señor coronel Córdova, que marchó a situarse por la espalda del enemigo, pero encontrados obstáculos invencibles, tuvo que revolverse. El batallón Paya, pudo estar formado cuando consumimos los cartuchos de estos dos cuerpos y tuvieron que retirarse. No obstante, su brillante comportamiento, el enemigo se adelantó; por consiguiente, algún poco; y como el terreno, apenas permitiese entrar más de un batallón al combate, se dio orden a “Paya”, que marchase a bayoneta; y lo ejecutó con un brío, que hizo perder al enemigo en el acto, la ventaja que había obtenido. Comprometido nuevamente el fuego, solo la maleza del terreno permitió que los españoles aún se sostuviesen. El enemigo destacó tres compañías de “Aragón” a flanquearnos por la izquierda, y a favor de la espesura del bosque, conseguía estar ya sobre la sima, cuando llegaron las tres compañías de “Albión” (que se había atrasado con el parque).  Hasta aquí el parte del general Sucre.





           
OTRA FORMA DE VER LA BATALLA DE PICHINCHA  
DESPUÉS DE ESTUDIAR TODOS LOS DOCUMENTOS PLANOS Y OPINIONES LO ENCONTRAMOS EN INTERNET


VEAMOS SUS RESULTADOS

En la batalla por la independencia de la Provincia de Quito se enfrentan los ejércitos de la Gran Colombia contra el Imperio Español el 24 de mayo de 1822. Concurren a formar el ejercito de la Gran Colombia, además de las fuerzas del departamento libre de Guayaquil, las fuerzas combinadas de los ejércitos de Colombia, Perú, Argentina y Chile, bajo el mando del general Antonio José de Sucre.

El Ejercito del Imperio Español bajo el mando del General y Virrey encargado, Melchor de Aymerich. Creemos que ambos ejércitos contaban con igual número de tropas, cerca de 3000 hombres cada uno.  

LA LIBERACIÓN DE QUITO 

La Batalla se desarrolló en las faldas del volcán Pichincha, el 24 de mayo  de 1822 a 3000 metros sobre el nivel del mar.
 La derrota de las fuerzas españolas condujo a la liberación de Quito y aseguró la independencia de las provincias que pertenecían a la Real, también conocida como la Presidencia de Quito, la jurisdicción administrativa colonial española de la que finalmente emergió la República del Ecuador.

Antecedentes.

Podría afirmarse que la campaña militar por la independencia de Quito se inició el 9 de octubre de 1820, cuando la ciudad costanera de Guayaquil proclamó su independencia de España, después de una rápida y casi incruenta revuelta contra la guarnición local.
La primera campaña se llevó a cabo en 1820 en la guerra de independencia de Guayaquil.
El gobierno independiente de Guayaquil formó un ejército de hombres locales, de tal vez 1.800 soldados, y en noviembre lo envió hacia la región de la sierra, con el propósito de sumar adeptos a la causa independentista. Tras algunos éxitos iniciales, como la declaración de independencia de Cuenca, en noviembre de 1820, los independentistas sufrieron una grave derrota ante el ejército realista en la Batalla de Huachi, cerca de Ambato, que los obligó regresar a las regiones costaneras.
En febrero de 1821 Guayaquil, ya había recibido refuerzos, armas y provisiones de parte de Bolívar, quien para entonces era Presidente de la República de Colombia, coadyuvado desde Santafé por el Vicepresidente Francisco de Paula Santander.
En mayo del mismo año, el general de brigada Antonio José de Sucre, Comandante en jefe de la División Sur del ejército colombiano, y el subordinado de mayor confianza de Bolívar, arribó a Guayaquil. Él debía asumir la dirección del ejército Patriota, y empezar las operaciones con miras a la liberación de la ciudad de Quito y todo el territorio de la Real Audiencia de Quito. El objetivo político de Bolívar era incorporar todas las provincias de la Real Audiencia, incluyendo Guayaquil, a Colombia. Guayaquil, por su parte, no había decidido si incorporarse a Perú o Colombia, y muchos de sus ciudadanos querían establecer su propia República. El avance de Sucre a través de los Andes empezó en julio de 1821. Al igual que en la primera campaña, tras tener algunos éxitos iniciales, Sucre fue vencido por el ejército Realista el 12 de septiembre, coincidentemente en el mismo lugar donde ocurrió la anterior Batalla de Huachi. Esta segunda campaña terminó con un armisticio entre los independentistas y los realistas el 18 de noviembre de 1821.
Orden de batalla patriota                              

Ejército Libertador de Colombia   

Teniente coronel Daniel Florencio O'Learyedecán de Estado Mayor

División de Colombia            

Estado Mayor General José Mieres y Correa.  Comandante de Infantería Batallón Paya, Teniente Coronel José Leal. Batallón Alto Magdalena, al mando del Coronel José María Córdova. Batallón Yaguachi, al mando del Coronel Carlos María Ortega. Batallón Albión, al mando del teniente coronel John Mackinstosch. Batallón de Caballería, al mando del coronel Diego Ibarra. Escuadrón Lanceros, al mando del Teniente Coronel Friedrich Rach. Escuadrón Dragones, al mando del Teniente Coronel Cayetano Cestaris.   

División del Perú    
Jefe de Estado Mayor de la División General Andrés de Santa Cruz.  Comandante en Jefe de las Unidades y Comandantes de Infantería del Batallón Nº 2 de Trujillo,  Comandante Félix Olazábal.  Batallón Nº 4 de ‘’Piura’’, Coronel Luis Urdaneta.  Batallón de Caballería ‘’Escuadrón Cazadores a Caballo de Trujillo’’, Coronel Antonio Sánchez.  Escuadrón de Cazadores a Caballo ‘’Paita’’, Coronel Antonio Sánchez.   Escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes de 96 jinetes, al mando del coronel Juan Lavalle.  
Según Carlos Lasso Cuevas, cuando Sucre tomó Guayaquil el 9 de octubre de 1820 lo hizo con 700 hombres y pese a que  la clase privilegiada se opuso y  le negó su apoyo, logró con la juventud patriótica  juntar en la ciudad unos 2.000 reclutas a los cuales entrenó y preparó para el asombros triunfo.  
El 9 de febrero de 1821 llegaron 1.200  soldados veteranos, los refuerzos enviados por San Martín al mando de Santa Cruz. Posteriormente se les unieron batallones de colombianos y de otras naciones. Si esto es cierto pasarían de 4000 pero sabemos que en el curso de la campana hubo muertos, heridos y enfermos Entre unos otros podemos deducir 500 y establecer el total, alrededor de 3500 hombres que pelearon por el bando patriota en la batalla de Pichincha
Cifra muy discutida pero sumados unos deducidos otros y las incorporaciones a la campaña la consideramos la más cercana a la verdad

Planificación.                   


De vuelta en Guayaquil, el General Sucre concluyó que la mejor estrategia para la próxima campaña sería evitar cualquier intento de avanzar directamente hacia Quito vía Guaranda, en favor de un avance indirecto, marchando primero hasta Cuenca antes de redirigirse hacia el Norte, a través de los Andes, en dirección a Quito.

Este plan ofrecía numerosas ventajas: al recapturar Cuenca se podría impedir las comunicaciones entre Quito y Lima, además, un progresivo avance desde la costa y ascensión a través de las montañas le permitiría a su ejército una gradual adaptación a los efectos fisiológicos del cambio climático por la altitud. Pero fundamentalmente, era la única forma de evitar un combate directo en condiciones desfavorables con las fuerzas Realistas que bajarían de Quito.

La Campaña

Para enero de 1822 Sucre ya había organizado la nueva campaña. Su ejército constaba de aproximadamente 1.700 hombres, entre veteranos de sus campañas anteriores y nuevos reclutas. Había hombres de las tierras llanas de la Provincia de Guayaquil y voluntarios que provenían de la Sierra, como el héroe cuencano Abdón Calderón, cuyo padre había muerto heroicamente en 1812, defendiendo al Estado de Quito. Los dos contingentes pronto fueron organizados como el Batallón Yaguachi; también había soldados neogranadinos y venezolanos enviados por Bolívar, unos cuantos oficiales y soldados españoles que habían cambiado de bando, un batallón entero de voluntarios británicos (el Albión) e incluso unos cuantos irlandeses y franceses. El 18 de enero el ejército Patriota se dirigió a Machala, en el llano.
El 9 de febrero, tras haber cruzado los Andes, Sucre entró en el pueblo de Saraguro, donde su ejército se juntó con los 1.200 hombres de la División peruana, el contingente que San Martín había prometido.
Esta fuerza (Expedición Auxiliar de Santa Cruz a Quito) estaba conformada en su mayoría por reclutas peruanos, existían también chilenos, argentinos y alto-peruanos (bolivianos), el propio Andrés de Santa Cruz nació en el Alto Perú (actual Bolivia); tenía también oficiales argentinos, entre los que destacaban Félix OlazábalFrancisco Villa, ambos de Infantería y Antonio Sánchez de Caballería y un escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes (argentino) al mando de Juan Lavalle.
Al enfrentar esta fuerza multinacional de alrededor de 3.000 hombres, el destacamento Realista de caballería, de unos 900 hombres, que defendía Cuenca se retiró hacia el Norte, siendo perseguido a la distancia por la caballería Patriota.

BATALLA DE TAPI O RIOBAMBA

Cuenca fue entonces recapturada el 21 de febrero de 1822, sin que se disparara un solo tiro. Durante marzo y abril, los Realistas continuaron marchando hacia el Norte, logrando con éxito evitar enfrentarse con la caballería Patriota. Sin embargo, el 21 de abril se produjo un feroz encuentro entre las fuerzas de caballería en Tapi, cerca de Riobamba. Al final del día los Realistas nuevamente se retiraron, mientras que el ejército principal de Sucre procedió a capturar Riobamba, quedándose ahí hasta el 28 antes de reanudar su viaje hacia Quito.

Acercamiento a Quito

El 2 de mayo de 1822, la fuerza principal de Sucre había alcanzado la ciudad de Latacunga, 90 km al Sur de Quito. Ahí Sucre procedió a reorganizar sus tropas, sumando voluntarios de los pueblos cercanos, mientras esperaba refuerzos, en especial el Batallón Alto Magdalena (de Colombia) y nuevos informes de inteligencia sobre el paradero del ejército Realista.

Mientras tanto, Aymerich alistó los puntos de resistencia y posiciones de artillería en los principales pasos montañosos que dirigían a Quito. Sucre, empeñado en evitar un enfrentamiento frontal en terreno desfavorable, decidió avanzar paralelamente a los flancos de las posiciones Realistas, marchando por las laderas del volcán Cotopaxi para así poder llegar al Valle de los Chillos, en la retaguardia de las posiciones defensivas Realistas. El 14 de mayo el ejército Realista, intuyendo las intenciones de Sucre, comenzó a replegarse, llegando a Quito el 16.
Dos días después, y tras una muy difícil marcha, el ejército de Sucre ocupó Sangolquí.

Maniobras finales.

En la madrugada del 24 de mayo de 1822, el ejército patriota, conformado por 2.971 hombres, empezó a ascender por las laderas del volcán Pichincha.
En la vanguardia estaba el coronel Córdova al frente de 200 colombianos del Alto Magdalena, seguidos por el ejército principal de Sucre; en la retaguardia estaban los británicos del ‘’Albión’’, protegiendo el tren de municiones.
A pesar del enorme esfuerzo de las tropas, el avance por las laderas del volcán fue más lento de lo que se esperaba, y la llovizna que cayó durante la noche convirtió los senderos en ciénagas.
Cuando amaneció, para consternación de Sucre, el ejército no había logrado un avance significativo, hallándose literalmente a mitad del camino, a 3500 metros sobre el nivel del mar y a la vista de los centinelas Realistas en Quito.
A las ocho de la mañana, ansioso por el lento avance del Albión, y con sus tropas exhaustas y afectadas por la altitud, Sucre ordenó a su ejército detener el avance para descansar, pidiendo a sus oficiales ocultar sus batallones como mejor pudieran.
Envió parte del batallón Cazadores del Paya (peruano) en una labor de reconocimiento, seguidos por el Trujillo, y otro batallón peruano. Una hora y media después, repentinamente, los hombres del Paya fueron golpeados por una descarga, bien apuntada, de mosquetes. Esta acción dio inicio a la batalla.
Desarrollo de la batalla de Pichincha
          
El sacrificio del Capitán Abdón Calderón.        
La Carta de Sucre para El Libertador.
Quito 15 de junio de 1822.
La heroica comparación del teniente Abdón Calderón en la acción de Pichincha,  su brillante conducta militar en toda la campaña, los relevantes méritos de su padre en la revolución de Quito en que murió,  el estado de pobreza en que está sumergida su familia, que siendo guayaquileña trabaja allí cuanto puede por nuestro servicio, y en fin muchos motivos de política hacia Guayaquil, a todo el País, y el ejército, me aconsejaron  dictar el día de la muerte de Calderón el decreto que tengo el honor de acompañar a V. E.; continuándole a su madre el goce del sueldo que correspondía a este oficial.  El Decreto queda por el último artículo sujeto a la aprobación o reforma de V. E.; y yo me atrevo a recomendarlo a su consideración porque lo creo debido y razonable, y porque la pensión es solo por la vida de la madre, y una corta cantidad, y porque creo que la política y la justicia lo reclaman. V. E.; sin embargo, resolverá lo que sea de su superior agrado
Dios guarde a V. E. muchos años  
                                                                              Antonio José de Sucre

Y veamos ahora el texto publicado que estamos analizando 

La Batalla de Pichincha fue el escenario del sacrificio por la patria de uno de los más destacados héroes ecuatorianos, el cuencano de 18 años Abdón Calderón. Calderón, quien fue hijo del coronel cubano Francisco Calderón, defensor del Estado de Quito de 1812, vivía en Guayaquil y se enlistó en las tropas de origen ecuatoriano que combatieron en la Batalla.

Calderón, a pesar de haber recibido 4 heridas de bala, prefirió permanecer inamovible en la línea de fuego, alentando a todo su batallón y levantando incansablemente la que es ahora la bandera celeste y blanco de la ciudad de Guayaquil. Al terminar el feroz combate fue trasladado a la ciudad de Quito, donde murió al cabo de catorce días, el 7 de junio de 1822. Antonio José de Sucre en su escueto parte de la Batalla de Pichincha, fechado el 28 de mayo del aquel año dice:
" [...] hago una particular memoria de la conducta del Teniente Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá compensar a la familia los servicios de este oficial heroico"

Cuando Simón Bolívar llegó a la ciudad de Quito y se enteró de estos hechos, ascendió póstumamente a Calderón al grado de capitán y decretó que su sueldo fuera entregado a su madre. La compañía del Batallón Yaguachi a la que perteneció Calderón no tendría capitán y en las revistas, al mencionarse su nombre, la tropa habría de contestar: "Murió gloriosamente en Pichincha, pero vive en nuestros corazones". La tradición se mantiene hasta la actualidad en el Ejército ecuatoriano, pues al pasar lista a los batallones de caballería se lo nombra como dispuso Bolívar.

En la obra "Leyendas del Tiempo Heroico" del escritor Manuel J. Calle se narra la muerte de Calderón con una serie de hipérboles, destacando que, a pesar de sus graves heridas en las cuatro extremidades, se negó a abandonar el campo de batalla.

La Capitulación de Pichincha     

A las doce del día bajo un sol resplandeciente, los soldados de la libertad en la cima del Pichincha a más de 3000 metros de altura dieron el grito de victoria. La victoria fue de Sucre, la cual fue completada con la capitulación que el jefe patriota concedió al Mariscal Aymerich el 25 de mayo del mismo año.
El fortín de  El Panecillo  sirvió de puesto de comando de los españoles, quienes inclusive hicieron fuego de artillería contra los patriotas, que habían ascendido la falda del cercano volcán Pichincha.
Al ser derrotados, los españoles se refugiaron en el fortín.26 Sucre, para evitar el sangriento asalto al emblemático cerro, envió un emisario a Aymerich para que capitulara, cosa que el capitán general español aceptó.
Según el acta de Capitulación del 25 de mayo de 1822, los españoles, a las 14:00 de ese día, arriaron su bandera y entregaron sus armas al Ejército de la Gran Colombia, en una ceremonia especial que tuvo lugar en un puente del fortín colonial. De esta manera, en la cima del Panecillo tuvo lugar el acto final del Imperio español en Ecuador.
La fortaleza permitía vigilar el norte y el sur, por lo que estaba provista de cañones. Al caer el fuerte en manos del Ejército libertador de la Gran Colombia, en 1822, se tomaron a los españoles catorce piezas de artillería.28
Con las operaciones cuyas acciones finales se produjeron en las faldas del Pichincha y en la ciudad de Quito, Sucre decidió a su favor la vacilante y delicada situación de Guayaquil; dio libertad al territorio que conforma hoy la República de Ecuador, y facilitó su incorporación a la Gran Colombia.
El 18 de junio de ese año, Bolívar le asciende a general de división y lo nombra intendente del departamento de Quito. Ese día, durante la entrada triunfal del Libertador a la Plaza de la Independencia de Quito, una mujer le arroja desde su balcón una corona de laurel al rostro, lo que llama vivamente la atención de Bolívar. Esta mujer fue Manuela Sáenz, quien se convertiría en amante del héroe y sería llamada por él "La Libertadora del Libertador".
Al frente de los destinos de Ecuador desarrolla una positiva obra de progreso: funda la Corte de Justicia de Cuenca y en Quito el primer periódico republicano de la época: El Monitor. Instala en esa ciudad la Sociedad Económica. De su actividad personal es buena prueba que, el 6 de septiembre de 1822 expidió y firmó en Quito 52 comunicaciones. Interesado por la educación se puede afirmar que halló en Cuenca 7 escuelas y dejó 20.

RESULTADO

El 24 de mayo de 1822. Sucre entró con su ejército en la ciudad de Quito, donde aceptó la rendición de todas las tropas españolas establecidas en el territorio que el gobierno de Colombia llamaba "Departamento de Quito", al considerarlo como parte integral de la República de Colombia desde su creación el17 de diciembre de 1819.
Asimismo, cuando Sucre recapturó Cuenca el 21 de febrero, obtuvo de su Consejo local un decreto en el cual se proclamaba la integración de su ciudad y provincia a la República de Colombia. Entonces, con la rendición de Quito, que a su vez puso fin a la resistencia Realista en la provincia norteña de Pasto, Bolívar pudo entrar en la ciudad, como finalmente lo hizo el 16 de junio de 1822.
Entre el entusiasmo general de la población, la antigua Provincia de Quito fue incorporada a la República de Colombia.  
Guayaquil, que aún no decidía su futuro, con la presencia tanto de Bolívar como del victorioso ejército Gran colombiano en su territorio, proclamó forzosamente bajo presión la incorporación de Guayaquil a la Gran Colombia el 13 de julio de 1822.29

En la ladera del monte Pichincha en donde tuvo lugar el combate, se levantó en 1922 un obelisco conmemorativo del primer centenario de la Batalla. El Obelisco, ubicado en un paraje andino a 3000 metros de altura, recuerda los nombres de los comandantes patriotas y también tiene una placa dedicada al valor del soldado español.
En los años 70 del siglo XX, la dictadura militar que gobernaba Ecuador decidió construir en el lugar un monumento de mayores proporciones que el modesto obelisco original.
En el sitio se levantó el llamado "Templo de la Patria" una estructura de hormigón armado con varios salones cavados en la montaña. El Templo de la Patria, visible desde varias partes de la ciudad de Quito, está decorado en el exterior con una torre y con un mural en mosaico de Eduardo Quingnam, que evoca los distintos episodios de la lucha por la independencia del Ecuador, desde los tiempos de Eugenio Espejo, pasando por el Diez de Agosto.
El Templo tiene varios salones en los que se pueden apreciar algunas armas antiguas, que, si bien no son en su mayoría de 1822, son de mediados y finales del siglo XIX. Otro salón muestra los trajes de época de todas las guardias presidenciales y de honor de Sudamérica, y un diorama que permite seguir las incidencias de la Batalla del Pichincha.
En sendos salones se encuentran estatuas en bronce del Libertador Simón Bolívar y del Mariscal Antonio José de Sucre, así como un homenaje simbólico a la heroína ecuatoriana Manuela Sáenz, amante de Bolívar que, aunque no participó en el combate, está enterrada simbólicamente en el lugar. Otra sala contiene los restos de un soldado desconocido.
El Templo de la Patria integra en su conjunto el antiguo obelisco de 1922 y permite una vista panorámica del Centro Histórico de Quito.
En el Centro Histórico, se levanta el Monumento a los Héroes Ignotos del Pichincha, una columna con un cóndor de bronce, en el paseo "24 de mayo" construido también al pie de la montaña con ocasión del primer centenario del combate.

Abdón Calderón Garay coa héroe de la guerra de independencia del Ecuador, nació en Cuenca, Ecuador el 30 julio de 1804, y murió el 7 de junio de 1822 en la ciudad de Quito, como consecuencia de las heridas recibidas en la Batalla de Pichincha. Fue bautizado en Cuenca el 31 de julio de 1804. Fue hijo del matrimonio de Francisco Calderón, nacido en Cuba, quien era Contador de las Cajas Reales, funcionario del gobierno colonial en Cuenca; y de Manuela de Jesús de Garay coa y Alaguno, guayaquileña, quien pertenecía a una de las más destacadas familias del puerto.
El Coronel Don Francisco Calderón, apoyó el golpe patriota del 10 de agosto de 1809, por lo que fue apresado y enviado a Guayaquil y luego a Cuenca y Machala. Liberado al establecerse la Junta Superior de Gobierno de 1810, se incorporó al ejército patriota del Quito con el grado de coronel. Como tal participó en toda la campaña de 1811 a 1812, militando en el bando de las sanchitas o radicales.
Tras la derrota final del ejército patriota, luego del Combate de El Panecillo fue fusilado en Ibarra el primero de diciembre de 1812. Su último deseo fue que se le quitara la venda de los ojos y le fuera entregado a su hijo Abdón su escapulario que fue propiedad del gran prócer quiteño Eugenio Espejo. Toda esta experiencia que tuvo su padre marcaría profundamente la vida y muerte de Abdón.
Como los bienes del coronel Calderón fue confiscados por el gobierno colonial español, su viuda murió en Guayaquil en 1813 en la pobreza. Allí Abdón continuó sus estudios, contando entre sus maestros a Vicente Rocafuerte, su pariente lejano, futuro presidente del Ecuador, quien en 1842 habría de contraer matrimonio con Baltazar Calderón, hermana menor de Abdón, nacida en Cuenca en 1806.
Abdón tenía apenas 18 años cuando estalló en Guayaquil la revolución del 9 de octubre de 1820. Después de la Independencia de Guayaquil, el 9 de octubre de 1820, el ilustre José Joaquín de Olmedo crea un ejército llamado División Protectora de Quito con la finalidad de independizar también al resto de la Audiencia. Ese mismo día, Abdón se alistó en la división donde alcanzó el grado de Subteniente en el Batallón Voluntarios de la Patria bajo órdenes de don Ignacio Salazar. Se destacó de inmediato por su "valor heroico", según palabras del coronel patriota Luis Urdaneta, quien pidió para Abdón el grado de teniente después del triunfo de Camino Real (9 de noviembre de 1820). Con ese grado militar tomó parte en las diversas acciones de la campaña libertadora de 1820-1822: la primera derrota de Huachi, la de Paniagua, la victoria de Cine, la segunda derrota de Huachi, el avance de Guayaquil a Cuenca y de Cuenca a Quito. Para cuando peleó en la Batalla del Pichincha, Abdón Calderón, pese a su juventud, era todo un veterano de la guerra.

La Batalla de Pichincha y su muerte heroica.

 

Batalla de Pichincha fue el escenario del acontecimiento que lo convertiría en una leyenda, su propia muerte. Sus hechos en aquel memorable 24 de mayo de 1822 han sido narrados innumerables veces con toda suerte de adjetivos para mí que amo la vida y amo a mi patria muy justificables recreando a un héroe mitológico que pasó a la voz anónima del pueblo para su consagración y veneración.

La historia y la leyenda cuentan que Abdón Calderón, a pesar de haber recibido 4 herida de balas, prefirió permanecer en la línea de fuego, alentando a todo su batallón Yaguachi levantando en alto incansablemente la que es ahora la bandera de Guayaquil.

Al terminar el feroz combate fue trasladado a la ciudad de Quito, donde murió al cabo de catorce días el 7 de junio de 1822. 

Antonio José de Sucre en su escueto parte de la Batalla de Pichincha, fechado el 28 de mayo del aquel año:

hago una particular memoria de la conducta del Teniente Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá compensar a la familia los servicios de este oficial heroico". 

Cuando Simón Bolívar llegó a la ciudad de Quito y se enteró de estos hechos, ascendió póstumamente a Calderón al grado de capitán y decretó que su sueldo fuera entregado a su madre.

La compañía del Batallón Yaguachi a la que perteneció Calderón no tendría capitán y en las revistas, al mencionarse su nombre, la tropa habría de contestar: "Murió gloriosamente en Pichincha, pero vive en nuestros corazones".

En los cuerpos de caballería del Ejército ecuatoriano, siempre es recordado en los cambios de guardia semanales con el grito del oficial: "Capitán Abdón Calderón..."

Hay dos colegios militares con su nombre, en la ciudad de Quito2 y Cuenca.3

Así mismo, el histórico cañonero BAE Calderón fue nombrado en su honor. Recientemente a mediados de septiembre 2014, la Policía Militar de Venezuela adoptó el nombre de "Calderón 352" en honor al joven héroe

Solo los ecuatorianos que aman a su patria pueden decir cuánto fue importante heroica y noble la batalla que les dio su libertad.
                                                     

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