domingo, 9 de octubre de 2016

LOS PRIMEROS VIAJEROS


RAMÓN BADARACCO.










LOS PRIMEROS VIAJEROS 







´CUMANA 2016.




















Autor: Tulio Ramón Badaracco Rivero
o RAMÓN BADARACCO
Copyright Ramón Badaracco 2014
Título: LOS PRIMEROS VIAJEROS
Ilustración de la cubierta R. B.
Depósito legal
Impreso en Cumaná
Telf. 0293-514-5753 – cel. 0416-811-4374













INTRODUCCIÓN


Bartolomé de Las Casas, en La Historia de Las Indias, trae una historia sobre un nauta que llegó al Nuevo Mundo antes que Cristóbal Colón, historia que repite Juan Manzano Manzano, en su obra “Colón descubrió América del Sur en 1494, y es en verdad el puerto de que hablan Ángelo Trevisan, López de Gómara, y Garcilaso de la Vega, que cuenta con lujo de detalles esa expedición, nunca bien investigada, de Alonso Sánchez de Huelva, que era un marino bien conocido, dueño de un navío con el cual navegaba entre las Islas Canarias, la isla “Madera” y “España, cargado de mercancías. Una gran tormenta lo arrastró hasta las costas del Nuevo Mundo probablemente el año de 1484. De los 17 hombres que lo acompañaban no regresaron más de cinco (5) que se refugiaron en la casa de Cristóbal Colón, conocido como sabio marino, en la misma isla de Madera, al cual le contaron los pormenores de la travesía; después de ellos, todos los cronistas de indias y expedicionarios que siguen la ruta de Colón, arriban a Cumaná, por eso Manzano Manzano, concluye, que fue al puerto de Cumaná y no a Santo Domingo, donde llegaron esas expediciones, y ya no sabemos si es leyenda o historia. Cumaná, también es el lugar sagrado de los primeros mártires cristianos, y tal vez de la primera misa.
Yo quiero agregar a esta historia, porque nadie lo ha mencionado, que el hecho de que el cacique de Cumaná, haya escogido el nombre Alonso, en la pila del bautismo, no puede ser un hecho casual, sino que el cacique de Cumaná lo escogió como homenaje a su amigo, el capitán Alonso Sánchez de Huelva, el cual pasó mucho tiempo reparando su barco, ayudado indudablemente,  por el cacique y los pobladores del territorio del cacique, y es más, creo que muchos de sus marineros se quedaron en Cumaná y formaron familia; porque según Trevisán en Cumaná había indias blancas o más blancas que las otras, y esos marineros enseñaron muchas cosas de las cuales solo el pueblo de Cumaná, pudo disfrutar, como el arte de hacer vinos tintos y blancos, construir mejores barcos, como nos lo dice:  Ángelo Trevisán, y lo repiten historiadores de la talla de Bartolomé de Las Casas, López de Gómara, el Inca Garcilaso de la Vegas,  Juan Manzano Manzano, y muchos más.   

                                                                                            




Aunque repetitivo, he tomado este otro texto ampliado, que forma parte del discurso que pronuncié en el Teatro María Rodríguez el 26 de noviembre de 2015.  

Don Alonso Sánchez de Huelva fue el verdadero descubridor de América o Nuevo Mundo.

Don Juan Manzano, tiró la piedra, con su obra ¨Colón descubrió América del Sur en 1494¨, y ya, otros historiadores imparciales, como don Vicente Rubio, se van acercando a la verdad, a la cual yo les arrimo un tanto, sobre el nombre del cacique Cawaná, bautizado con el nombre de capitán don Alonso Sánchez de Huelva.  

Se trata nada más y nada menos que del descubrimiento del continente Es la historia del nauta que     cuenta Bartolomé de Las Casas, en La Historia de Las Indias y que repite Juan Manzano Manzano, en su obra “Colón descubrió América del Sur en 1494, y Cumaná es   verdad el puerto de que hablan Ángelo Trevisán, suscribe López de Gómara, y hasta el Inca Garcilaso de la Vega, que cuenta con lujo de detalles, la inexplicable expedición, nunca bien investigada, de Alonso Sánchez de Huelva, que andando el tiempo ha venido a ser de importancia capital, para los muy pocos verdaderos investigadores de aquella mítica expedición, que en verdad fue descubridora y misteriosa, la historia del marino, por cierto muy bien conocido en su tiempo, dueño de un navío con el cual navegaba entre las Islas Canarias, la isla “Madera” y “España, cargando de mercancías.

 Esa es la historia y la experiencia, contada desde un principio por el propio Colón, y todo hace creíble, que una gran tormenta arrastró el navío de Alonso hasta las costas del Nuevo Mundo, probablemente el año de 1484. Había partido de la isla de Madera y, como acostumbraba, se dirigía a España, cargado de mercancías, cual era so oficio; cuando lo sorprendió el terrible huracán, que arrastró su nave por rumbo desconocido, pero tomando el formidable capitán, buen cuidado, marino excelente cual era, de todos los detalles astronómicos por los cuales se guiaba, anotados cuidadosamente en su carta de marear.   

Algún tiempo después, tal vez años, los investigadores del hecho, dicen que de 17 hombres que lo acompañaban, no regresaron a la Isla de Madera, más de cinco; que se refugiaron en la casa de Cristóbal Colón, por entonces, muy conocido y respetado como sabio marino, al cual pusieron al tanto de su descubrimiento de unas tierras ricas en perlas allende los mares; propi Colón y Bartolomé de Las Casas. tierras, islas y mares, riquísimas en perlas, allende los mares, y le contaron, con las cartas de marear y su bitácora, los pormenores de la travesía; invitándolo a partir con ellos; después el mismo Colón relató y escribió todos los detalles de este misterioso viaje, por eso Bartolomé de Las Casas, se hizo eco de este acontecimiento, y lo contó a manera de leyenda. Pero a medida que se ha ido estudiando e investigando, este viaje, y se ha descubierto todo lo que se refiere a don Alonso Sánchez de Huelva, aparece más claro que fue este marino y no Colón, el que descubrió al Nuevo Continente.
Después todos los cronistas que se respetan, me refiero a los cronistas de indias y expedicionarios que siguen la ruta de Colón, reconocen que fue al puerto de Cumaná, donde llegó Don Alonso Sánchez de Huelva, y fue en ese lugar, donde se reparó su nave,  y, tanto el capitán como los marineros,  convivieron mucho tiempo con nuestro pueblo, tanto que creo, por lo que dice Trevisán,  que muchos de sus marineros formaron familia en Cumaná, y sirve como prueba de ello, las indias blancas de que habla, que le sirvieron en el banquete que les dio nuestro cacique, y con cuyo nombre, Alonso,  fue bautizado. Por eso Manzano, concluye, que fue al puerto de Cumaná y no a Santo Domingo, donde llegaron esas expediciones.

Quiero agregar  esta presunción mía,  a esta historia,  porque nadie lo ha mencionado, porque el hecho de que el cacique de Cumaná haya escogido el nombre ¨Alonso¨ en la pila del bautismo, no puede ser un hecho casual, sino que el cacique de Cumaná lo escogió como homenaje a su amigo, el capitán Alonso Sánchez de Huelva, el cual pasó mucho tiempo reparando su barco, ayudado por el cacique; que era, como dice Las Casas,  el mayor constructor de barcos de su pueblo, y en el territorio del cacique; no me cabe dudas, muchos de sus marineros se quedaron en Cumaná y formaron familia; y enseñaron muchas cosas de las cuales solo el pueblo de Cumaná pudo disfrutar, como hacer vinos tintos y blancos y construir, mejores barcos como nos lo cuentan:  Ángelo Trevisán, Bartolomé de Las Casas, López de Gómara y Juan Manzano


Que esto acaeciese así, podemos apreciarlo  en algunos argumentos antiguos, como lo cuenta Las Casas,   veamos: se sabe  que en aquellos tiempos cuando la personalidad de Colón se hizo pública, era del común conocimiento  tratarlo como cosa cierta, lo cual creo que se derivaría de alguno o de algunos que lo supiesen, o por ventura quien de boca del mismo Almirante, y de los mismos los indios vecinos de aquellas tierras,  tuvieron o tenían conocimiento de haber llegado a estas tierras  otros hombres blancos y barbados como nosotros, antes que nosotros no muchos años.

Que el dicho navío pudiese con tormenta deshecha (como la llaman los marineros y las suele hacer por estos mares) llegar a estas tierras sin tardar mucho tiempo, y sin faltarles las viandas y sin otra dificultad, fuera del peligro que llevaban de perderse finalmente, nadie se maraville, porque un navío con grande tormenta corre 100 leguas, por pocas y bajas velas que lleve entre día y noche, y a árbol seco, como dicen los marineros, que es sin velas, con solo el viento que cogen las jarcias y másteles y cuerpo de la nao, acaece andar en veinticuatro horas 30 y 40 y 50 leguas, mayormente habiendo grandes corrientes, como las hay por estas partes; y el mismo Almirante dice, que en el viaje que descubrió a la tierra firme hacia Paria, anduvo con poco viento,  desde la hora de misa hasta completar 65 leguas, por las grandes corrientes que lo llevaban: así que no fue maravilla que, en diez o quince días y quizá en más, aquellos corriesen 1000  leguas, mayormente si el ímpetu del viento Boreal o Norte, les tomó cerca o en paraje de Bretaña o de Inglaterra o de Flandes.

Tampoco es de maravillar que ansí arrebatasen los vientos impetuosos aquel navío y lo llevasen por fuerza tantas leguas… y los otros navíos que salieron de Cádiz y arrebatados de la tormenta anduvieron tanto forzados por el mar Océano hasta que vieron las hierbas de que abajo se hará, placiendo a Dios, larga mención; desa misma manera se descubrió la isla de Puerto Sancta, como abajo diremos.
Así que habiendo descubierto aquellos por estas tierras, si así fue tornándose para España vinieron, a parar destrozados a la isla de Madera; sacados los que, por los grandes trabajos y hambre y enfermedades, tal vez murieron en el camino de regreso o se quedaron en algún puerto, los que restaron, que fueron pocos y enfermos, diz que vinieron a la isla de Madera, donde también fenecieron.

El piloto del dicho navío, don Alonso Sánchez de Huelva, que se alojó en la casa,  o por amistad que antes tuviese con Cristóbal Colón, lo acogió,  porqué como andaba solícito y curioso sobre este negocio, quiso inquirir de la causa y el lugar de donde venía, porque algo se le debía traslucir por secreto, que quisiesen los que venían tenerlo, mayormente viniendo todos tan maltratados, o porque por piedad de verlos tan necesitados, recoger y abrigarlos  y curado y abrigado en su casa, donde al cabo diz que murió; el cual, en reconocimiento de la amistad vieja o aquellas buenas y caritativas obras, viendo que iba a morir,  descubrió a Cristóbal Colón todo lo que les había acontecido, y díjole los rumbos y caminos que habían llevado y traído, por la carta de marear y por las alturas, y el paraje donde está la isla de las perlas , dejaba o había hallado, lo cual todo traía por escrito.

Esto es lo que se dijo y tuvo por opinión, y lo que, entre nosotros, los de aquel tiempo y en aquellos días comúnmente, como ya dije, se platicaba y tenía por cierto, y lo que, diz que, eficazmente movió como a cosa no dudosa a Cristóbal Colón.


Pero en la verdad, como tantos y tales argumentos y testimonios y razones naturales hubiese, como arriba hemos referido, que le pudieron con eficacia mover, y muchos menos de los dichos fuesen bastantes, bien podemos pasar por esto y creerlo o dejarlo de creer, puesto que pudo ser que Nuestro Señor lo uno y lo otro les trajese a las manos, como para efectuar obra tan soberana que por medio del, con la rectísima y eficacísima voluntad de su beneplácito, determinaba ser. Esto, al menos, me parece que sin alguna duda podemos creer: que, o por esta ocasión, o por las otras, o por parte de ellas, o por todas juntas, cuando él se determinó, tan cierto iba de descubrir lo que descubrió, y hallar lo que halló, como si dentro de una cámara, con su propia llave, lo tuviera. 

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