lunes, 12 de diciembre de 2016

ALEJANDRO DE HUMBOLDT.

Ramón Badaracco.


ALEJANDRO DE HUMBOLDT
 PERFIL BIOGRAFICO  




Cumaná en 1622.







Autor: Ramón Badaracco
LIBRO: ALEJANDRO DE HUMBOLDT.
PERFIL BIOGRAFICO  
Copyright Ramón Badaracco- 2013
Diseño de la cubierta R. B.
Ilustración de la cubierta  R. B.
tlf. 0416-811-4374 







ALEJANDRO DE HUMBOLDT.
Perfil biográfico.

Federico Guillermo Enrique Alejandro de Humboldt, nació en el castillo de Tegel, de los Barones de Humboldt, en Berlín (Alemania) el 14 de setiembre de 1769, fueron sus padres el Barón Alejandro Guillermo de Humboldt y Doña María Isabel de Colombo, probablemente de la misma familia del genial marino Cristóbal Colón, descubridor del Nuevo Mundo; con lo cual se unieron por la vía sanguínea, el descubridor científico con el descubridor geográfico, según advierte el propio Libertador.
Nos interesa el sabio Alejandro de Humboldt, por el amor que refleja en sus escritos y en su vida, por el pueblo y la ciudad de Cumaná, única ciudad a la que dedica una obra en particular, y porque la tuvo en su corazón hasta los últimos días de su vida.
Vamos a ser repetitivos en estas cuartillas, escritas con el único propósito de incentivar el estudio y lectura de su obra, por ser testigo de excepción de toda una época de la historia de Cumaná.
Alejando al igual que su único hermano Guillermo de Humboldt, recibió una educación esmerada a cargo de profesores privados. Desde niño fue muy dedicado al estudio, en su escolaridad recibió clases de latín, griego, francés, inglés, física, álgebra, geometría, agrimensura, filosofía, cosmografía, retórica y otras materias complementarias a las que él dedicó después mucho entusiasmo para perfeccionarse en ellas, como en efecto lo logró; y además para complacer los deseos de su madre, estudió también Administración.
Poco más tarde tiene como guía al naturalista Blumenbach y estudia Botánica con Willdenow. En esa misma época conoce a Jorge Foster, quien le transmite las ideas liberales de su tiempo. Puede decirse que fue un adelantado en latín y filosofía, que pretendía alcanzar el conocimiento universal de su tiempo.
En 1793, es designado Superintendente de Minas, después de haber asistido durante dos años a la Academia de Minería de Freiberg.
En 1795, siguiendo las experiencias de Lineo, y una vez terminado su trabajo, se dedica con verdadero entusiasmo al estudio y colección de plantas medicinales en los Alpes, y después de analizar sus virtudes, publica su primera obra científica sobre la flora subterránea.
Un año más tarde, 1796, muere su madre, y al recibir una cuantiosa herencia, se retira de la Administración prusiana para dedicarse a sus propios proyectos.
El año de 1797, se dedica principalmente a la Astronomía unido a los experimentados en esa ciencia, Von Zach y Kohler, pero deseando ampliar y perfeccionar sus conocimientos, se traslada a París, donde adquiere la sabiduría que buscaba.  Sabio y rico, deseoso de emplear su herencia en viajes de investigación y publicaciones, se relaciona con los intelectuales más importantes de su tiempo. En París, conoce a los notables científicos Cuvier, Laplace, Berthollet y Delambre; también hace amistad con un joven y talentoso botánico y cirujano francés: Amadeo Bonpland, con quien se asocia en sus planes de viaje: y conocen y tratan al futuro libertador  Simón Bolívar, con el cual a pesar de algunas diferencias, años después le escribe, de esa correspondencia se conservan dos cartas.
Humboldt y Bonpland, después de muchos paseos, viajes y ver frustrados varios proyectos, deciden buscar suerte en España, quiso el destino que conocieran al barón Forell, embajador de Sajonia, el cual los convenció de visitar las colonias españolas en América, y les aconsejó visitar a los reyes de España en Aranjuez. 
Así fue que en marzo de 1799, con este objetivo,  de pedir permiso al Rey Carlos IV, para viajar a las colonias españolas en América, para lo que aprovecharon la ocasión del traslado de  La Corte a la ciudad de Aranjuez, donde fue más propicia la oportunidad para suplicar a sus majestades, la complacencia de sus intenciones, y se les concede el plácet, a Humboldt y Bompland, con beneplácito de sus majestades, manifestado con cartas y un amplio pasaporte; y, por fin el 5 de junio de 1799, zarpan del puerto de la Coruña (España) en la corbeta “Pizarro” hacia el deseado destino en el Nuevo Continente..
La travesía por el Atlántico se prolongó durante 40 días, incluyendo una escala en las Islas Canarias, que aprovecharon los viajeros para realizar una excursión al Pico del Teide y efectuar otros estudios locales.
La primera etapa del viaje tenía como destino la Isla de Cuba, pero una epidemia a bordo obliga al Capitán de la nave a dirigirse a Cumaná, puerto más cercano en la Tierra Firme, adonde llegan el 16 de julio de 1799.
Él mismo nos lo cuenta graciosamente:

Habíamos llegado al fondeadero, frente a la embocadura del río Manzanares, 16 de julio de 1799, al despuntar el día; mas no pudimos desembarcar sino muy tarde de la mañana, porque estábamos obligados a aguardar la vista de los oficiales del puerto. Se fijaban nuestras miradas en los grupos de cocoteros que ribeteaban la costa, cuyos troncos de más de sesenta pies de altura dominaban el paisaje. La planicie estaba cubierta de conjuntos de Casias, Cápparis, y de esas Mimosas arborescentes que, semejantes al pino de Italia, extienden sus brazos en forma de quitasol. Las hojas pinadas de las palmeras se destacan sobre el azul del cielo cuya pureza ningún vestigio de vapores enturbiaba”.

El Barón de Humboldt acompañado de Amadeo Bompland, surgen pues en Cumaná ese 16 de julio. Fue muy duro el caminos que anduvieron los viajeros para llegar a Cumaná, atravesando la sabana del Salado, sin embargo él lo cuenta científica y poéticamente.

De este viaje deja escrito este extraordinario testimonio, un libro,  una experiencia científica y poética,  su obra “Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente”, y en sus muchas cartas, en las cuales vierte el caudal de su imaginación y su sabiduría. 

Se residenció y no se quería marchar hasta que se “terminaran las maravillas” que observó y describió como solo él podía hacer.  Vivió en la provincia de Cumaná cuatro meses.

Fascinados por las bellezas de las costas de Venezuela, deciden adentrarse en el país y casi cuatro meses después de permanecer en la provincia de Cumaná o Nueva Andalucía, de cuya capital no se quería desprender, el 4 de septiembre de 1799, se internan en el Valle de Cumanacoa, y llegan a la antigua misión de San Fernando, donde pernoctan, y, al otro día atraviesan las faldas del Turimiquire, hasta llegar al exuberante y formidable Valle de Caripe.
Tuvieron que luchar contra una naturaleza hostil e hicieron el viaje por el Macizo Oriental en mulas o a pie, en condiciones muy  precarias, si se toma en cuenta que tenían que colectar y estudiar plantas, animales, rocas y otras muestras, además de transportar pesados y delicados instrumentos de medición.
En Caripe, se hospedan en el convento de los frailes aragoneses, que los recibieron amablemente y pusieron a su disposición cuanto necesitaban, tanto que convivieron con ellos  durante una semana, y el 28 de septiembre de 1799, exploran la famosa Cueva del Guácharo, penetrando en sus galerías,  una 2.800 varas  de profundidad, convirtiéndose así Humboldt en el precursor de la Espeleología científica de América Latina. También aporta para la Ornitología, una valiosa contribución, al descubrir para el mundo un nuevo género y especie de ave: “Steatornis caripensis”, conocida por el vulgo como “Guácharo”. Humboldt pintó y dejó al mundo científico  excelentes dibujos de este animal, -utilizando dos guácharos que al parecer había matado el mismo Amadeo Bonpland.
Humboldt le dedica todo un libro a este viaje, para el cual escribo este prólogo, por la Nueva Andalucía, donde desarrolla sus conocimientos sobre los terremotos y sus experiencias personales en la ciudad de Cumaná; libro que incluye en su obra “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente “del cual tengo un ejemplar en 5 tomos traducido por Eduardo Rohl.

En este perfil del genio no puedo olvidar su amistad con Simón Bolívar el Libertador de América, desarrollada cuando ambos frecuentaban la casa de Fanny Duvillars.

De esa amistad, comentada por el propio Libertador resaltando los pensamientos de Humboldt, acerca de la independencia de América, cuando no podía sospechar siquiera, que aquel joven soñador de 21, podría ser el líder de esa gloriosa epopeya.

Veamos cómo nos cuanta Eduardo Rohl, en el prefacio de su trabajo introductorio de la obra de Humboldt: “Cordial fue la amistad que unió a Humboldt y Bolívar; éste era un asiduo concurrente de aquellas selectas reuniones. El caraqueño deseaba vivamente conocer la opinión de Humboldt relativas a sus titánicas ideas sobre la emancipación de las Colonias de la América española. Humboldt, con avanzadas ideas liberales, simpatizaba con la idea de dar libertad a estos países, pero el sabio viajero no consideraba a Bolívar, que para la época solo contaba veintiún años, capaz de realizar sus ardorosos proyectos; no obstante, Humboldt se expresó así: “Creo que la fruta está ya madura, más no veo el hombre que sea capaz de resolver tal problema”.
Tan enorme le parecía tal empresa, que dudaba, dada la potencia y los medios que disponía España, que surgiera el superhombre capaz de ejecutar tan magna obra”.       

El Libertador Simón Bolívar le demostró su error.

FICHA TÉCNICA. ALEJANDRO DE HUMBOLDT

Berlín 1769-1859. Naturalista y explorador alemán. Recibió excelente educación en el castillo de Tegel y se formó intelectualmente en Berlín, Frankfurt del Oder y en la universidad de Gotinga. Apasionado por la botánica, la geología y la mineralogía, tras estudiar en la escuela de Minas de Freiberg y trabajar en un departamento minero del gobierno prusiano, en 1799 recibió permiso para embarcarse rumbo a las colonias españolas de América del Sur y Centroamérica. 
Acompañado por el botánico francés Aimé Bonpland, con quien ya había realizado un viaje a España, recorrió casi diez mil kilómetros en tres grandes etapas continentales. Las dos primeras en Sudamérica, desde Cumaná hasta las fuentes del Orinoco y desde Bogotá a Quito por la región Andina, y la tercera por las colonias españoles en México.
Como resultado de su esfuerzo, logró acopiar cantidades ingentes de datos sobre el clima, la flora y la fauna de la zona, así como determinar longitudes y latitudes, medidas del campo magnético terrestre y unas completas estadísticas de las condiciones sociales y económicas que se daban en las colonias mexicanas de España. Entre 1804 y 1827 se estableció en París, donde se dedicó a la recopilación, ordenación y publicación del material recogido en su expedición, contenido todo él en treinta volúmenes que llevan por título “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente”.
De entre los hallazgos científicos derivados de sus expediciones cabe citar el estudio de la corriente oceánica de la costa oeste de Sudamérica que durante mucho tiempo llevó su nombre, un novedoso sistema de representación climatológica en forma de isobaras e isotermas, los estudios comparativos entre condiciones climáticas y ecológicas y, sobre todo, sus conclusiones sobre el vulcanismo y su relación con la evolución de la corteza terrestre. En 1827 regresó a Berlín, donde desempeñó un destacado papel en la recuperación de la comunidad académica y científica alemana, maltratada tras décadas de conflicto bélico. Fue nombrado chambelán del rey y se convirtió en uno de sus principales consejeros, por lo que realizó numerosas misiones diplomáticas. En 1829, por encargo del zar, efectuó un viaje por la Rusia asiática, en el curso del cual visitó Dzhungaria y el Altai.
Durante los últimos veinticinco años de su vida, se concentró principalmente en la redacción de Cosmos, monumental visión global de la estructura del universo, de la que en vida vio publicados cuatro volúmenes. Humboldt está considerado como uno de los últimos grandes ilustrados, con una vasta cultura enciclopédica, cuya obra abarcaba campos tan dispares como los de las ciencias naturales, la geografía, la geología y la física.


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